La suspensión de las exportaciones de mango dominicano hacia los Estados Unidos, provocada por la detección de la mosca del Mediterráneo, no debe interpretarse únicamente como una crisis agrícola. Representa también una oportunidad histórica para corregir una debilidad estructural que el país arrastra desde hace décadas: la ausencia de una infraestructura fitosanitaria moderna, capaz de garantizar, de manera permanente, el acceso de nuestros productos a los mercados más exigentes del mundo.
Cada restricción fitosanitaria afecta mucho más que una fruta o un productor. Cierra mercados, genera excedentes locales, deprime los precios pagados al productor, reduce divisas, erosiona la confianza de los compradores internacionales y daña la reputación del país como proveedor confiable.
Por eso, la bioseguridad ha dejado de ser un simple requisito sanitario para convertirse en un activo estratégico de competitividad nacional. Debe entenderse como una verdadera infraestructura económica, tan importante para el desarrollo como un puerto, un aeropuerto o una autopista.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre administrar una crisis y aprovecharla para transformar el futuro. Las naciones que planifican convierten cada dificultad en una oportunidad para fortalecer sus capacidades productivas. Esa debe ser también la respuesta de la República Dominicana.
Desde la Secretaría de Estrategia Nacional de Desarrollo (SEND) proponemos impulsar la instalación de una planta nacional de irradiación fitosanitaria, también conocida como pasterización en frío. Esta tecnología aplica dosis controladas de energía ionizante para neutralizar insectos, huevos y larvas sin utilizar productos químicos ni elevar la temperatura del alimento, preservando sus características físicas, nutricionales y organolépticas.
Se trata de una tecnología ampliamente respaldada por la FAO, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), que durante décadas han promovido conjuntamente su uso para fortalecer la inocuidad alimentaria y facilitar el comercio internacional. Hoy es utilizada exitosamente por países como México, India, Sudáfrica y Vietnam para acceder a los mercados más exigentes, demostrando que la competitividad agrícola moderna depende tanto de la ciencia como de la calidad de la producción.
Sus beneficios van mucho más allá de atender la emergencia actual.
En primer lugar, prolonga la vida útil de los productos frescos al retardar su proceso natural de maduración. Esto permite sustituir, en muchos casos, el costoso transporte aéreo por transporte marítimo, reduciendo drásticamente los costos logísticos y mejorando la competitividad de nuestras exportaciones.
En segundo lugar, fortalece la inocuidad alimentaria al permitir que los productos sean tratados una vez empacados, disminuyendo los riesgos de recontaminación y manteniendo intacta la cadena de frío, condición indispensable para numerosos cultivos de alto valor.
En tercer lugar, amplía considerablemente la oferta exportable del país. Mientras algunos tratamientos tradicionales presentan limitaciones técnicas o solo pueden aplicarse a determinados productos, la irradiación fitosanitaria puede utilizarse en una amplia variedad de frutas, vegetales y productos agrícolas, incluyendo mango, aguacate, pitahaya, papaya, ajíes y otros cultivos con alto potencial exportador.
Pero el verdadero alcance de esta propuesta va mucho más allá de una sola planta.
Nuestra visión es desarrollar un auténtico Hub Fitosanitario del Caribe, sustentado en un ecosistema nacional de bioseguridad que integre laboratorios de diagnóstico rápido, centros de dosimetría, sistemas avanzados de trazabilidad digital, investigación aplicada, certificación internacional y facilidades de preclearance para las exportaciones.
La ubicación geográfica de la República Dominicana, su conectividad aérea y marítima, la fortaleza de su sector agroexportador y su creciente plataforma logística ofrecen condiciones excepcionales para convertir al país en el principal centro regional de servicios fitosanitarios del Caribe.
Este ecosistema permitiría que la República Dominicana no solo protegiera su propia producción agrícola, sino que también pudiera ofrecer servicios fitosanitarios especializados a otros países del Caribe y Centroamérica, convirtiéndose en un referente regional en materia de bioseguridad agroexportadora y generando nuevas oportunidades de inversión, empleo altamente calificado y exportación de servicios.
Aquí emerge un concepto que merece ocupar un lugar central en la planificación del desarrollo: la Infraestructura Invisible.
Con frecuencia asociamos la infraestructura exclusivamente con carreteras, puentes, presas o puertos. Sin embargo, en la economía del siglo XXI existen infraestructuras que no siempre se ven, pero que resultan igualmente determinantes para competir en los mercados internacionales: laboratorios, sistemas de certificación, plataformas de trazabilidad, centros de investigación, capacidades de vigilancia sanitaria y tecnologías de bioseguridad.
Sin esa infraestructura invisible, la infraestructura física pierde gran parte de su capacidad para generar riqueza, atraer inversiones y crear empleos de calidad.
Esta propuesta se encuentra plenamente alineada con la Estrategia Nacional de Desarrollo, establecida en la Ley 1-12, particularmente con los objetivos de incrementar la competitividad, diversificar las exportaciones, fortalecer la innovación y consolidar una economía basada en mayor productividad y valor agregado.
Asimismo, responde a la visión del Desarrollismo Democrático, que promueve un Estado capaz de planificar estratégicamente, impulsar inversiones transformadoras y construir ventajas competitivas permanentes mediante alianzas entre el sector público, el sector privado, las universidades y los organismos internacionales.
Su ejecución podría estructurarse mediante una Alianza Público-Privada (APP), movilizando inversión privada, cooperación técnica internacional y financiamiento para infraestructura estratégica.
No se trata solo de resolver la crisis del mango. Se trata de garantizar que ninguna futura plaga vuelva a amenazar nuestras exportaciones. Se trata de proteger miles de empleos rurales, preservar divisas, diversificar nuestra producción y fortalecer la confianza internacional en la calidad dominicana.
Las grandes naciones no se construyen resolviendo únicamente la emergencia del día. Se construyen transformando cada crisis en una capacidad permanente.
Hoy es la mosca del Mediterráneo. Mañana podría ser cualquier otra plaga cuarentenaria. La verdadera respuesta no es improvisar ni correr detrás de cada emergencia, sino planificar, invertir y construir una infraestructura fitosanitaria robusta, capaz de anticiparlas antes de que se conviertan en una crisis nacional.
Porque en el siglo XXI ya no basta con producir alimentos de calidad. También hay que producir confianza. Y los países que exportan confianza son los que terminan liderando los mercados internacionales.
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