Fausto Morrobel es un veterano periodista y profesor de Luperón a quien pregunté sobre la situación económica de ese municipio puertoplateño y las expectativas de la juventud. Me respondió que tradicionalmente esa zona se dedicaba a la agropecuaria, pero que el sector se estancó con el paso de los años. Posteriormente se abrió paso la esperanza turística, con el complejo Luperón Beach Resort. Sin embargo, el colapso en 2009 de su grupo matriz —la española Rumasa—, sumado a persistentes problemas de suministro de energía eléctrica y agua potable, llevó al cierre definitivo del centro en 2011. Desde entonces, el horizonte laboral local se ha mantenido limitado.

Fausto Morrobel afirma que los jóvenes que cuentan con mayores recursos deciden estudiar, y la mayoría opta por el Magisterio y el Derecho. Quienes no tienen esa posibilidad se dedican al motoconchismo o continúan en labores del campo, con escasas perspectivas de progreso. Esta elección masiva para los estudios profesionales no responde necesariamente a una vocación, sino que parece ser consecuencia de la falta de alternativas locales claras: ante un tejido productivo debilitado, las carreras de leyes y el magisterio se perciben como vías para conseguir ingresos rápidos, son respetables, seguras y con prestigio social, capaces de abrir puertas más allá de las fronteras municipales.

“Tenemos más abogados que Francia”, advirtió el próspero empresario turístico Frank Rainieri (Diario Libre, 3/9/26), en una llamada de atención sobre la concentración de profesionales en esa carrera, al ser consultado en el marco de la versión 38 de la exposición comercial de la Asociación de Hoteles y Turismo de República Dominicana (Asonahores), celebrada recientemente en el Este. Adujo que mientras existe una concentración de estudiantes en determinadas carreras, en los polos turísticos hay una oferta real de empleos, pues requieren urgentemente de personal formado en áreas técnicas y de servicios, como la gastronomía, recepción hotelera, idiomas, mantenimiento, instalaciones eléctricas y sanitarias, entre otras.

La voz de Fausto Morrobel, desde la pobreza, describe las carencias que empujan a los jóvenes hacia carreras por ausencia de alternativas; Frank Rainieri, desde la industria, señala que esas alternativas existen, pero no se están enseñando.

Parece una paradoja en el Norte y el Este de un país donde el turismo debería ser el motor que impulse las oportunidades: mientras se demanda personal capacitado en servicios, la juventud prefiere masivamente estudiar Magisterio y Derecho. Hay una gran desconexión.

Ante esta realidad, resulta pertinente preguntarse qué motiva las preferencias por las carreras de Magisterio y Derecho, cuando existen vías que facilitarían un acceso más rápido al empleo. Hay quienes afirman que pesa el “prestigio social”: en muchos hogares, ser profesor o abogado sigue siendo sinónimo de éxito, estabilidad y reconocimiento, en mayor medida que una carrera técnica. También se alude a la “percepción de seguridad”: al no haber en muchas zonas una industria turística consolidada, los jóvenes dudan en formarse para un sector que ven inestable o fuera de su entorno inmediato. Y otros expertos dicen que influye la “orientación vocacional insuficiente”: rara vez se informa a los estudiantes sobre las competencias y salidas reales de las carreras técnicas, ni se les muestra que estas también pueden ser bien remuneradas y progresivas.

La conclusión es que se sugiere ampliar el horizonte formativo para los jóvenes. El Magisterio y el Derecho son valiosos, pero también lo son las competencias técnicas que la industria demanda. Formarse en turismo, servicios o tecnologías afines significa aprovechar oportunidades que hoy tienen mayor demanda. El dominio del inglés y habilidades prácticas constituyen una ventaja competitiva inmediata.

Las autoridades, por su lado, deben generar las condiciones indispensables (garantizar infraestructura básica: agua, energía, conectividad) para despertar confianza y que los jóvenes crean en el porvenir de esa actividad. Además, deben colaborar con centros de estudios diseñando conjuntamente los planes de formación, ofreciendo pasantías y asegurando que lo enseñado responda a lo que realmente se necesita.

Las universitarias tienen que diversificar la oferta. Sin dejar de formar profesionales del Magisterio y el Derecho, es necesario ampliar programas cortos, técnicos y prácticos, cercanos a la realidad regional. Y los centros tecnológicos deben diseñar una oferta accesible, reconocida y valorada socialmente, que elimine la falsa idea de que la formación técnica es inferior a la universitaria. Carreras de dos años bien estructuradas pueden cambiar el destino de miles de familias en corto tiempo.

Urge orientar mejor a nuestros jóvenes, enseñar lo que el país necesita y ofrecer esperanza en el propio territorio. Así, se podrá elegir no solo por prestigio o falta de opciones, sino por conocer y confiar en el porvenir que se construye en nuestra tierra.

Sergio Cueto

Periodista

Lic. en Comunicación Social. Trabajó en diversos periódicos nacionales y en el área de prensa de canales de televisión. También ha dirigido departamentos de Relaciones Públicas y Comunicaciones de dependencias públicas y empresas privadas. Ha recibido premios y reconocimientos por su trabajo.

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