La solidaridad con Cuba es hoy más importante que nunca antes.
Hay que ampliarla y hacerla más intensa.
El imperialismo yanqui ha decidido una política para estrangularla. Quiere cortar la posibilidad mínima de que llegue petróleo a Cuba, y por esa vía crear una crisis humanitaria que desate tensiones sociales extraordinarias.
Cuba no se rendirá. La rendición nunca ha sido opción para el gobierno y pueblo cubanos.
El pueblo cubano en lucha, y la solidaridad internacional debemos derrotar esa política yanqui.
Porque los yanquis quieren derrotar la simbología que es la revolución cubana y con eso quitarle subjetividad a la lucha antiimperialista y revolucionaria en América Latina y otros países y pueblos que luchan por su liberación nacional.
Cuba es eslabón vital de la cadena de la lucha antiimperialista en América Latina y el Caribe.
La solidaridad debe ser amplia e ilimitada. Tarea de primer orden.
Cuba es, sin duda, un símbolo de la revolución antiimperialista, que lo gana del hecho de haberla realizado en 1959 a 90 millas del imperialismo yanqui, el más agresivo de todos los conocidos y enemigo externo principal del pueblo dominicano.
Pero también es símbolo por su capacidad para convertir su proceso revolucionario en un modelo de resistencia, dignidad y defensa de soberanía.
Por lo que se ha ganado la admiración y respeto de los pueblos del mundo, muy especialmente de los de América Latina y el Caribe..
De hecho, el imperialismo yanqui ha convertido en estrategia evitar que la revolución cubana se repita en otros países de la región.
Lo decidió para República Dominicana en 1962; cuando, según cuenta John Bartlow Martin en su libro El Destino Dominicano (1966); el presidente Kennedy estableció preferir "un gobierno como el de Trujillo aunque sin Trujillo", hasta que fuera seguro que "no habría un gobierno como el de Fidel Castro".
La revolución cubana ha resistido cualquier cantidad de embates del imperialismo norteamericano, entre estos un bloqueo económico por más de 60 años.
A pesar de todas las agresiones, la revolución cubana se ha mantenido, y es legado y símbolo.
Y esta es la cuestión.
Echar abajo esa simbología, lo que tiene de ejemplo para otros pueblos, y de paso también quitarle subjetividad a los esfuerzos de estos por su liberación nacional y social, es el propósito yanqui.
Por esto, la solidaridad con Cuba es hoy más apremiante que nunca antes; es tarea de primer orden así para revolucionarios como para demócratas y patriotas.
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