Definitivamente, Cuba vive la más compleja y dramática coyuntura de los tantos momentos en que este país se ha visto al borde de la catástrofe total y final. Vive ese momento llamado hora cero o de desenlace, entre otras acepciones, pues ese país no será como antes cualquiera que sea el desenlace del brutal e inhumano recrudecimiento del cerco al que la ha sometido la mayor potencia militar del mundo, EEUU. Con ello, se busca precipitar su total colapso en las esferas de lo económico, lo político y social. Esa acción merece la más decidida repulsa, pero hacerlo soslayando temas cruciales que configuran el contexto en el que ha discurrido el proceso revolucionario cubano y el cerco mismo, constituye un reduccionismo de la cuestión que impide ver su significado en toda su dimensión.

En efecto, el recrudecimiento del acoso se hace en el momento de mayor debilidad del gobierno cubano en todos los órdenes, a tal punto, que más que debilidad es de parálisis casi completa. En ese contexto, la política de asfixia a través del endurecimiento del cerco lo que hace es agudizar las penurias de una población exhausta, desesperada y sin esperanza alguna de mejoría es repulsiva, de una insania y desprecio al dolor humano comparable al holocausto que aún padece Gaza. Y es que después del 3 de enero, con la toma norteamericana del petróleo venezolano, Cuba pierde toda posibilidad de salir de una crisis energética, de agua potable, medicamentos, alimentos, de vivienda, de transporte de fragmentación división y disolución social/familiar que era casi total antes de la referida fecha.

Y esa circunstancia no es sólo por el embargo, independientemente de su innegable importancia, es por la persistencia una política económica sostenida artificialmente con el uso y reventa del petróleo que, subsidiado por décadas, le suministró la ex URSS primero, y el chavismo después. Tanto aquella potencia, como Cuba encontraron en el azúcar la principal fuente de financiamiento a la revolución. La ex URSS compraba el azúcar muy por encima de su valor de mercado, pero a precio fijo, con el dinero, Cuba recibía y revendía petróleo subsidiado. En 1982 comenzó a importar azúcar para cumplir sus compromisos de entrega del producto a su protectora. Con la reventa del petróleo, a Europa desde la URSS, sin llegar a Cuba, esta obtenía una inyección de divisa de inestable valor. También revendía el venezolano.

En ese sentido, sería interesante establecer cuánto ha sido el aporte global de la ayudad recibido por Cuba y el costo del bloqueo. Existen cifras al respecto, pero en este espacio no se puede entrar en esa discusión, lo importante es establecer que sin los subsidios soviéticos y venezolanos la sobrevivencia del régimen cubano no estaba garantizada. Los datos son tozudos y están ahí. Eso lo saben los organismos de seguridad estadounidenses, por lo cual saben perfectamente que ese país ha llegado al límite, que carece de recursos, de infraestructuras productivas y para el discurrir de la cotidianidad de la gente para ofrecer a su población las condiciones mínimas para vivir de acuerdo con los indicadores básicos de calidad de vida. Sin capacidad de producir, lo único que le ha quedado es vivir de la ayuda internacional.

El gobierno norteamericano dice que está negociando con el cubano, pero este dice que no es cierto, al tiempo de expresar su voluntad de hacerlo. Es posible que se llegue a algún acuerdo. Al primero no le conviene el caos ni la abrupta caída del gobierno cubano, por el impacto que esto pueda tener en términos migratorios y porque carece de interlocutores internos con cierta credibilidad y legitimidad, y el segundo sabe perfectamente que no tiene ninguna posibilidad de salir de la crisis sin negociar una salida. No obstante, los márgenes para un acuerdo entre ambos países son en extremo estrechos, aunque al final, lo más posible es que se llegue a un acuerdo. Ha de esperarse que, de lograrse, este no sea tan oneroso/vergonzoso como el impuesto al madurismo,

En ese sentido, hay que condenar las acciones violentas contra esos dos países, como la que se cometa contra cualquier otro país, incluso contra el agresor. Tanto la violencia que se ha hecho contra Venezuela, como la que de otra forma se comete contra Cuba, debe ser rechazada resueltamente, pero la expresión de apoyo pura y simple a sus gobiernos, sin plantear objetiva y honestamente la naturaleza de la forma de poder en que se sostienen no es una posición política, es una posición simplemente emotiva que, como de costumbre, no contribuye a que se tenga conocimiento objetivo sobre qué se defiende y ni a quien se defiende. En el caso de Venezuela, hasta ahora, este aserto tiene señales claras de estar verificándose.

Cuba vive su hora cero, la hora de las grandes decisiones, Venezuela también. Hay señales fehacientes de que los dirigentes de la segunda han decidió asumir el rol que le ha asignado el invasor. De su parte, la dirección cubana tiene dos caminos: resistir para cambiar, deseable pero difícil, o seguir el camino a la perdición, que es el objetivo del acorralamiento que padece.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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