De todo lo que han podido hacer y deshacer los norteamericanos en sus 250 años de existencia nacional, es sin dudas el béisbol su más genial, perfecta y sofisticada creación. Un deporte de grandes exigencias atléticas, pero de mayor habilidad mental. No porque sí los peloteros activos suelen decir que atribuyen sus logros a la preparación física y mental; quizás el mayor cliché en sus respuestas.
Pero el béisbol es más que un juego norteamericano capaz de entretener y de excitar al más alto nivel las pasiones del fanático americano (todos los de este hemisferio). El béisbol también es mundial y ha sido un instrumento para el progreso de la humanidad, la superación del racismo y la promoción efectiva de la igualdad de todos los humanos. Hoy en día, el campeonato anual de las Grandes Ligas (MLB) es la plataforma de deportistas más heterogénea y de confraternidad interracial, intergeneracional y multicultural de la historia. El béisbol ha sido el deporte más democrático y humanista.
Por eso, no es de sorprender, aunque resulte fascinante, que el jugador más admirado y admirable en lo que lleva de existencia el béisbol, no es un norteamericano, sino un puertorriqueño; un caribeño, pero que también es de toda Latinoamérica, y claro está, me refiero a Roberto Clemente Walker.
En una serie de entrevistas disponibles en el canal de YouTube @TheBaseball-c3f, preguntaron a varios jugadores por separado, cuál habían sido los mejores peloteros que vieron jugar. Reggie Jackson, Willie Mays y Pete Rose, sin dudarlo, coincidieron en identificar de primero en la lista a Roberto Clemente. Con similar valoración Tony Oliva expresó: “nadie era como él”, y al mismo ritmo Sandy Koufax: “él era algo más… si solo hablas del bateador, te pierdes la mitad de la historia, había que verlo jugar todo el juego, eso es lo que recuerdo”. Quien tenga idea de la dimensión de esos nombres, sabrá la relevancia de sus opiniones.
Clemente fue el primer latinoamericano en llegar al Salón de la Fama, y también el primer latinoamericano en entrar al club de los 3,000 hits el 30 de septiembre de 1972, con apenas 38 años y 43 días de edad, convirtiéndose en el undécimo jugador en hacerlo, de casi 12 mil jugadores que a ese momento habían llegado a las Grandes Ligas. Pero esos logros y estadísticas no constituyen los detalles más determinantes de Clemente, pues Clemente, el pelotero, desde mucho antes de 1972, ya era más que un pelotero; era una leyenda viva, un prototipo único en su clase, y así lo ha seguido siendo hasta hoy, pues inigualable.
En la cultura deportiva mundial Clemente es único en su clase, y en múltiples aspectos de mayor reconocimiento que Pelé, Maradona, Messi, Jordan, Kobe, LeBron, Ruth, Mays, Aaron, Bonds, Brady, Woods, e incluso de Ali.
Clemente no fue el mega-atleta subversivo e irreverente ante el Tío Sam en defensa de su libertad y su dignidad, ejemplo muy valioso pero no la única manera de defender esos bienes humanos. Muy por el contrario, en 1958 Clemente se alista voluntariamente en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos, en tiempos de paz, y mucho antes de que existiera el dilema moral de Vietnam, ya siendo un jugador estelar de los Piratas de Pittsburgh. Primero hizo seis meses de servicio activo y, durante los siguientes seis años -hasta 1964- cumplió como reservista los meses de la temporada muerta de béisbol. No obstante, al mismo tiempo se convirtió en una gran estrella deportiva y representó la libertad y la dignidad de los jugadores latinos, a quienes enseñó a ser exitosos con orgullo, a valorarse y a hacerse respetar. Consagrado como uno de los mayores íconos humanitarios de su tiempo, trascendió al terreno de juego para convertirse en un modelo de excelencia humana desde el deporte.
Clemente se destacó extraordinariamente como filántropo a favor de personas necesitadas. Hoy, cuando tener una fundación parece más una pose o un estatus que viene de cajón con la condición de estrella, pocos saben que Clemente se convirtió en el referente humanitario más grande de su era dentro del mundo del deporte. En otras palabras, en la ética del atleta superstar y su función social, la impronta de Clemente redefinió su estándar y constituye su más claro antes y después.
Durante toda su vida Clemente fue identificado como ciudadano ejemplar, y qué decir como hombre de familia: se afirma sin reservas que fue un hijo, hermano, padre y esposo maravillosos, al punto de que su biografía está llena de capítulos admirables a propósito de su conducta en esas facetas. Y todo eso fue siempre valorado por su equipo, los Piratas de Pittsburgh, pero también por las marcas que lo patrocinaron, por la fanaticada, por la prensa, por sus compañeros de ligas mayores, e incluso por segmentos no relacionados al béisbol, otra muestra de su trascendencia humana.
A lo largo de los años se han dicho tantas cosas maravillosas con frases hermosísimas sobre Clemente. De todas las que ha podido apreciar, me quedo con una del artista Cody Sabol. La leí en dos afiches que se exponen como símbolos en el espectacular museo que lleva su nombre en la ciudad del equipo que retiró su número 21 el día 6 de abril de 1973, luego que ganara en sus filas 12 guantes de oro consecutivos, cuatro títulos de bateo de la Liga Nacional y dos títulos de campeonato (años 1960 y 1971), en la primera ocasión bateando .310, y en la segunda ganando el premio MVP, con un impresionante promedio de .414:
“Equilibró ser sobrehumano en el terreno con una humanidad suprema fuera de él. El béisbol y la generosidad lo consumieron. Hasta el momento que lo consumió el océano.”
¿Qué no daría cualquier franquicia actual por contar entre sus jugadores con uno del que se puedan decir esas hazañas, estadísticas y frases tan bellas? ¿Qué costaría hoy un jugador como Clemente? O bien, debo reformular: por tener al Clemente prime en su roster, pues como dije antes, Clemente nunca ha tenido un similar en MLB ni en ningún otro deporte, siendo la máxima representación de la excelencia humana en un atleta que la historia de los deportes haya conocido, al menos conforme al régimen de valores positivos comúnmente identificables en nuestra cultura occidental.
En gran medida todo lo anterior explica y justifica que Roberto Clemente sea el deportista cuyo nombre identifica oficialmente la mayor cantidad de calles, avenidas, estadios, museos, premios, institutos, edificios, escuelas y galardones a nivel mundial; que exista un importante movimiento patrocinado por fanáticos, exjugadores y miembros de la prensa que aboga para que su número de chaqueta, el 21, sea retirado de todos los equipos de grandes ligas, como se hizo en el año 1997 con el número 42 de Jackie Robinson, en honor a su hazaña de haber roto la barrera racial en ese deporte; y que además del día del citado Jackie Robinson, 15 abril, por el motivo indicado, Clemente tiene para sí el único otro día de conmemoración oficialmente declarado por la MLB, el Roberto Clemente Day: 15 de septiembre, una fecha que la comunidad del béisbol profesional estadounidense celebra de forma especial cada año. Y este artículo es mi forma de unirme a esa tan justa e inteligente celebración este 2026.
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