Las instituciones también tienen techos de cristal. A veces no se ven porque están construidos con costumbres, tradiciones y silencios que terminan convirtiéndose en barreras. Durante 56 años, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Recinto Barahona, fue dirigida exclusivamente por hombres. Hasta hoy.

La elección de la doctora Ana Lucía Beltré como directora general del Recinto UASD Barahona no es simplemente un relevo de autoridades. Es un acontecimiento histórico para la educación superior dominicana, para la Región Enriquillo y para las mujeres que durante décadas han contribuido al desarrollo académico, científico y comunitario sin que ese liderazgo se reflejara plenamente en los espacios de mayor poder y toma de decisiones.

Por primera vez desde la fundación de la primera extensión universitaria de la UASD, una mujer ocupará la máxima posición de dirección. No es un detalle anecdótico. Es la ruptura de una barrera que permaneció intacta por más de medio siglo. Es la confirmación de que los liderazgos femeninos continúan conquistando espacios que durante demasiado tiempo les fueron negados.

Y no es cualquier mujer.

Es una mujer barahonera.

Una hija de una tierra que ha regalado al país algunas de sus figuras femeninas más emblemáticas. La misma tierra que vio nacer a María Montez, estrella universal del cine y símbolo del talento dominicano ante el mundo; a Casandra Damirón, la gran soberana del arte popular y embajadora de nuestra identidad cultural; y a Sagrario Ercira Díaz, destacada dirigente estudiantil y líder universitaria cuya voz quedó vinculada para siempre a las luchas democráticas de su generación.

Mujeres distintas, provenientes de épocas y escenarios diferentes, pero unidas por una característica común: se atrevieron a desafiar los límites que la sociedad intentó imponerles y demostraron que desde Barahona se puede dejar una huella profunda en la historia nacional.

Hoy, esa misma tierra vuelve a escribir una página trascendental con la elección de Ana Lucía Beltré como la primera mujer en dirigir el Recinto UASD Barahona.

Su trayectoria ha estado marcada por el servicio, la educación y el compromiso con el desarrollo humano. Enfermera de profesión, maestra, psicóloga y emprendedora, ha dedicado gran parte de su vida a la formación de profesionales, la investigación y el fortalecimiento institucional de la academia. Su preparación académica incluye estudios de maestría y doctorado en Psicología Educativa y Desarrollo Humano, además de una amplia formación especializada en educación superior, salud comunitaria, discapacidad e innovación educativa.

Pero, más allá de los títulos y reconocimientos, su carrera ha estado profundamente vinculada a las necesidades de la gente y a los desafíos de la Región Enriquillo.

Ha sido docente universitaria, asesora de investigaciones, jurado de tesis, subdirectora clínica de los servicios de enfermería del Hospital Regional Universitario Jaime Mota, coordinadora de la Unidad de Violencia Familiar, subdirectora de los servicios terapéuticos del Centro de Atención Integral para la Discapacidad (CAID) y, durante los últimos ocho años, ha ocupado posiciones de dirección en la UASD Recinto Barahona, primero como subdirectora y luego como subdirectora académica.

Sin embargo, la dimensión de esta elección trasciende ampliamente su hoja de vida.

Para las niñas y jóvenes de Barahona, Bahoruco, Independencia y Pedernales, esta victoria tiene un profundo significado simbólico. Significa que es posible llegar. Que los espacios de liderazgo académico también les pertenecen. Que la excelencia, la preparación y la perseverancia pueden abrir caminos incluso allí donde durante décadas no existieron referentes femeninos.

Las mujeres han estado siempre presentes en la educación superior. Han enseñado, investigado, acompañado y formado generaciones completas de profesionales. Han sostenido universidades, escuelas y comunidades. Sin embargo, los espacios de dirección no siempre han reflejado esa realidad.

Por eso, cuando una mujer alcanza una posición de liderazgo de esta magnitud, no avanza sola.

Avanzan con ella las maestras que abrieron caminos cuando las oportunidades eran escasas. Avanzan las estudiantes que sueñan con transformar sus comunidades. Avanzan las madres que apostaron por la educación como herramienta de movilidad social. Avanzan las profesionales que cada día desafían prejuicios para demostrar que la capacidad no tiene género.

La UASD ha sido durante décadas una de las principales puertas de acceso al conocimiento para miles de familias de la Región Enriquillo. Desde sus aulas se han formado médicos, enfermeras, psicólogos, abogados, docentes, investigadores y servidores públicos que hoy sostienen buena parte del desarrollo humano, económico e institucional de Barahona, Bahoruco, Independencia y Pedernales.

Por eso, la llegada de Ana Lucía Beltré a la dirección del Recinto UASD Barahona representa mucho más que una victoria electoral. Representa la posibilidad de seguir fortaleciendo una institución fundamental para el desarrollo del sur dominicano y, al mismo tiempo, un poderoso mensaje de representación, equidad y justicia.

Vivimos tiempos difíciles para las mujeres. Tiempos en los que las estadísticas siguen hablando de violencia, discriminación, desigualdad y exclusión. Tiempos en los que demasiadas mujeres continúan encontrando obstáculos para ejercer plenamente sus derechos, desarrollar sus capacidades y ocupar los espacios que merecen.

Por eso, acontecimientos como este tienen un valor que trasciende la academia.

Son una luz en medio de la oscuridad. Son una señal de esperanza para las niñas que hoy observan el mundo preguntándose hasta dónde podrán llegar. Son una respuesta para quienes todavía creen que ciertos espacios tienen dueño. Son la demostración de que los cambios son posibles cuando el talento, la preparación y la perseverancia encuentran una oportunidad.

La historia recordará que Ana Lucía Beltré fue la primera mujer en dirigir el Recinto UASD Barahona en 56 años de existencia. La primera. No la segunda ni la tercera. La primera en romper una barrera que parecía inamovible.

Y eso importa.

Importa porque las pioneras cambian la historia. Porque allí donde una mujer llega por primera vez, otras descubren que también pueden llegar. Porque cada techo de cristal que se rompe amplía el horizonte de quienes vienen detrás.

Quizás el legado más importante de este momento no sea únicamente el hecho histórico que hoy celebramos, sino la esperanza que deja sembrada.

La esperanza de que las niñas de la Región Enriquillo crezcan sabiendo que no existen espacios vedados para ellas. La esperanza de que el liderazgo femenino siga ocupando el lugar que merece. La esperanza de que, en medio de tantas violencias que aún enfrentamos las mujeres, continúen surgiendo historias capaces de recordarnos que avanzar es posible.

Porque cuando una mujer abre una puerta que permaneció cerrada durante 56 años, no entra sola. Detrás de ella entran las próximas generaciones.

Anny Minerva Jáquez Reyes

Abogada y activista pro derechos

Anny Minerva Jaquez Reyes. Abogada, Magíster en Derecho constitucional y procesal constitucional, con especialidad en Políticas internacionales y empleo decente, Género, protección de NNA. Experta en diseño, monitoreo y evaluación de proyectos sociocomunitarios. Forma de vida/el moro/empleo. Consultora BID-Superate sobre temas de cuidado. Consultora Regional para la NNUU Atravez de la FAO (Organizacion de naciones unidas para la alimentación y la agricultura). Docente experta en Educación popular.(Política, políticas públicas, género, Derechos Humanos, derecho civil y derecho Constitucional). Educadora popular CEO: @negritu_rd @Elranchodelapatria Vida social y política: Comunista, activista Feminista, política, lideresa comunitaria, premio Provincial de la juventud en Superación y logros personales, Comunicadora. Familia: Madre de Patria Lilith. Compañera de Octavio Peña. Hija de Elizabeth y Frank Hija de Palmarito y adoptada por la Guazara. Negra, afrocaribeña. Necia y propulsora de que se debe vivir desde la felicidad, pues quien es feliz, respeta, ama y no jode a NADIE.

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