Como en mayo de 1968, un movimiento estudiantil nace en Paris, expandiéndose por toda Francia y de ahí a prácticamente toda Europa. El contenido de las demandas, los sujetos principales y la violencia del presente movimiento difieren del de aquel entonces. Esta vez la rabia, las frustraciones, el sentimiento de exclusión y la incertidumbre sobre el futuro constituyen el combustible fundamental que insufla las llamas que calcinan edificios públicos, tiendas, vehículos y negocios privados en las principales ciudades de la referida nación. Las demandas cambian según el país, pero en todos los temas de los servicios está presente. En España el de la vivienda es crucial en su presente coyuntura electoral.

Pero no sólo ese país está en la antesala de unas elecciones decisivas de cara a su futuro, sino en otros como, Alemania, Francia e Italia, cuyos resultados podrían cambiar drásticamente el destino del continente, pues junto a Inglaterra éstos constituyen el corazón de su economía. Otra particularidad del actual movimiento es que se desarrolla en el contexto del auge de la derecha reaccionaria a nivel mundial y de la extrema debilidad de los grandes partidos, gremios y sindicatos que anteriormente aglutinaban y protegían la clase trabajadora y que, además, tenían una significativa influencia en el mundo de la academia, el arte y la cultura. La juventud europea y del mundo vive la época de mayor dificultad para acceder a los servicios básicos. Vive una profunda incertidumbre sobre su futuro.

Por eso, no es casual que las demandas de mayor énfasis sean la de un discurrir de la educación pública en mejores condiciones materiales y laborales, mejores condiciones para estudiar, superando las dificultades materiales para su formación  en cualquier nivel, además del acceso a la vivienda. También, eliminar las limitaciones de un egresado universitario o de un centro de formación técnica para encontrar un puesto digno en el proceso productivo.  En ese sentido, constituye un dislate de algunos gobiernos multiplicar los gastos en armamentos y de pretender el anacronismo de restablecer el servicio militar obligatorio. Desatienden y tratan de recortan recursos a la educación y demás servicios para destinarlos al armamentismo, del cual agrandan sus fortunas los grandes emporios de la industria bélica.

En las últimas décadas, la pobreza y la desigualdad crecen sostenidamente en todas las ciudades del mundo, diferente a lo que ocurría antes en que básicamente solo crecían en los países del llamado tercer mundo. Luis Doncel, del periódico El país, reseña que el 15,4% de la población de la Francia metropolitana vivía debajo del umbral de pobreza en 2024, el porcentaje más alto desde 1996, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos. Además, crecen las desigualdades entre los tradicionales barrios ricos parisinos y sus periferias hiper degradas. En ese sentido, cobra consistencia la tesis de Mike Davis, cuando dijo hace unos años que: “la urbanización de la pobreza mundial”, ha “producido la urbanización de la insurgencia”. Por consiguiente, la ciudad se convierte en el escenario de incontrolables luchas políticas y sociales.

A ese propósito, la rabia que producen las exclusiones se convierte en llamas en importantes ciudades europeas, se manifestó en Chile hace ocho años, en Los Ángeles hace varias décadas, en el Argel de la guerra de liberación de Argelia y en el mismo Paris de La Comuna. A veces, una demanda se le suman varias que retratan la amplitud de los problemas, la profundidad de la negación de derechos y la incompetencia de los gobiernos de turno. Las protestas de alto contenido de violencia, esencialmente incontrolable, que tienen patas arriba a la Europa más rica en medio de la delicada coyuntura mundial, obligan a una reflexión sobre las causas que la originan y el impacto que tendrían en el desenlace de los procesos electorales en varios países y los gobiernos que de éstos eventualmente surjan.

Algunos piensan que el carácter violento en que discurren las actuales demandas, a excepción de la lucha por la vivienda en España, electoralmente podría favorecer la derecha reaccionaria. Pero, estas luchas evidencian una nueva y auspiciosa tendencia de la juventud a conectarse con los sectores progresistas que podría no ser coyuntural, sino expresarse contra actuales y eventuales gobiernos reaccionarios. La mayoría de los jóvenes franceses y españoles votarían por la izquierda, como lo hicieron en Chile contra el gobierno conservador de entonces. Estos estallidos sociales no desembocarán en revolución como tradicionalmente esta se piensa, pero son signos de que la llamada paz social no es posible si se mantienen la pobreza, la desigualdad, la incompetencia la intolerancia de los gobiernos.

Evidencian, finalmente, que sin grandes inversiones públicas para tener una educación de calidad difícilmente se tendría un proceso productivo tecnológicamente eficiente y socialmente eficaz, con capacidad de ofertar los servicios básicos para el discurrir de la cotidianidad de la gente. Que, sin esa inversión en las ciudades más allá de infraestructuras viales, estas desarrollarán sus espacios en la lógica de la especulación del capital inmobiliario y, por tanto, con la degradación de sus periferias. Serán escenarios de rabia, convertidas en espasmódicas violencias incendiarias, generalmente inconducentes, de las que no se salvará ninguna de sus zonas ni ningún gobierno sin importar su signo.

César Pérez

Sociólogo, urbanista y municipalista

Sociólogo, municipalista y profesor de sociología urbana. Autor de libros, ensayos y artículos en diversos medios nacionales y extranjeros sobre movimientos sociales, urbanismo, desarrollo y poder local. Miembro de varias instituciones nacionales y extranjeras, ex director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y ex dirigente del desaparecido Partido Comunista Dominicano, PCD.

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