Porque: Pecado mortal confundir la inteligencia con la información.

La inteligencia es un arte donde pocos logran aprenderse el libreto.

Por naturaleza, al igual que cualquier animal, el ser humano se acostumbra a todo tipo de prisión, presión o circunstancia; en ocasiones, con la sola intención de sobrevivir, pero, en otras tantas, se hace difícil comprender la causa, aunque no tanto.

Desde que tenemos uso de razón, nos han enseñado sobre el uso exclusivo del monopolio de la violencia por parte del Estado, incluyendo esta condición en constituciones, leyes y reglamentos, dado por correcto el uso de este para salvaguardar los intereses nacionales. Pero, como todo tiende al cambio, para bien o para mal, por igual ha ocurrido con este principio del uso de la fuerza y los organismos llamados a ejecutarlo.

Como la verdolaga, han aparecido organismos creados por políticos que ejercen estas funciones y que, al final, solo conducen al caos institucional. Esto lo vemos no solo aquí, sino en otros países que lo están padeciendo con organismos cuasimilitares o paramilitares que sustituyen a los órganos de represión del Estado.

Por igual sucede con la producción de la inteligencia necesaria para establecer la seguridad nacional, cosa que desde hace unas décadas hemos estado padeciendo y a la que nadie se refiere. Son muy variados los motivos, pero ninguno tiene que ver con los intereses nacionales de la nación; más bien, todo gira alrededor de los intereses particulares, sean políticos o económicos, haciéndose difícil distinguir el uno del otro.

Ha quedado más que demostrado que en estos tiempos llamados de modernidad y avances tecnológicos, el uso de la tecnología se ha hecho mucho más importante para sostener la seguridad de los Estados. Pero, quizás por ese hecho, hemos caído en lo que en realidad significa la inteligencia y el conocimiento pleno de las realidades o amenazas. Por eso podemos afirmar que desde hace décadas nuestros gobiernos se han decantado por aseverar lo que los ponchadores de teléfonos les han dado como verdades, obviando que solo el dinero y la manipulación del Estado es lo que los motiva.

Desde hace décadas hemos sido acosados por un grupo de intocables "expertos en inteligencia" que, desde temprano en las campañas políticas, unos las venden y otros ofrecen gratis "informaciones" muchas veces articuladas como si fuesen legos, todo con el fin de ganarse el favor del aspirante a lo que sea dentro del Estado. Y, claro, que una vez ganadas las posiciones, esos millones aparecen todos los meses.

Hoy vivimos copados por equipos de inteligencia que solo son vendidos a los gobiernos, pero estos bandoleros de la información convencen a quien dirige para que el Estado los adquiera, aunque por lo regular han sido dobles: uno para el gobierno y el otro para el "ponchador" profesional que continúa sirviéndole a su amo aun después de haber salido del poder político. Por eso hoy nos encontramos con que personal civil, apoyado en cualquier Pegaso, Promis o como quiera que se llame el equipo, brinda conversaciones grabadas, muchas veces editadas, todo con el fin de que el "jefe" escuche lo que desea escuchar en realidad.

Y algunos preguntarán qué hacen los servicios —o el servicio— de inteligencia ante esta situación. La razón es simple… ¡Nada! Ya que quienes dirigen le hacen más caso al ponchador que a ellos. Y no hablemos de que son invisibles o desconocidos, no señor, porque ese grupo selecto, en ninguna ocasión ha sido objeto de presión o acoso, ya que todo su accionar está basado en el chantaje, la difamación y la ilación asquerosa de cualquier conversación intervenida. Entonces: ¿por qué los gobiernos han adoptado la práctica de descansar en el hombro de la "inteligencia" producida por mafias civiles —y una que otra militar— y no desarrollar la inteligencia del Estado? ¿Cómo explicar que un grupo de delincuentes desarmados sean quienes manipulen la inteligencia del Estado?

Lo peor es que los dirigentes confían en que estos señores pertenecen al equipo o grupo y, quizás hasta cierto punto sea así, pero, por igual, siempre juegan con otro frente. Y les recordamos que esa lealtad siempre está sujeta, cual veleta, a los vaivenes del viento y, en este caso, al poder político y el dinero. ¡Sí señor!

Rafael R. Ramírez Ferreira

General retirado

Mayor General ® E. N. Nacido en Sto Dgo, D.N., Estado civil: Soltero Tres Hijos: Ramfis Rafael; Rissel y Ramsés Funciones desempeñadas: Director General de entrenamiento; Director del J-2, Inteligencia de las FF.AA; Rector del Instituto Especializado de estudios superiores; Presidencia de la Comisión Permanente de Reforma de las FF.AA. Presidente de la Junta de Retiro, FF.AA Vice-ministro de las FF.AA. Inspector General de las FF.A.A Presidente del Consejo Académico Superior de Educación Presidente de la Dirección Nacional de Drogas (DNCD) En la actualidad Asesor Sobre operaciones y estrategia.

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