Estados Unidos e Irán nueva vez sopesan un posible acuerdo, mientras sigue la presión a Donald Trump para que termine la guerra. Muchos se preguntan si la presión es mayor desde los mercados o desde el partido republicano. Para no pocos, la máxima presión a Trump le viene desde los republicanos, por las elecciones de medio término que se acercan y que tendrán lugar en noviembre próximo.
Ahora mismo la aceptación de Trump ha bajado a un 36% según The Economist, algo que es muy problemático, si consideramos que en su momento, Trump tuvo una aceptación por encima del 50%. Entonces, su bajo índice de aceptación ahora mismo pone en peligro a los republicanos tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
Irán también está bajo presión, porque si bien está bombeando petróleo de sus pozos, no puede seguir exportándolo y sus estructuras de almacenamiento ya están casi llenas, lo que le ha llevado a recurrir a viejos petroleros de su "flota fantasma" para almacenar crudo.
Sin embargo, hay un riesgo mayor. La cuestión es que si un país productor no puede comercializar su petróleo, lo normal pensaría usted, es que dejara de extraer petróleo, que detuviera el funcionamiento de esos pozos, pero no funciona así, porque es un riesgo muy alto. Si Irán detuviera sus pozos, entonces, la falta de flujo de hidrocarburo, combinado con el agua salada y el sulfuro de hidrógeno reaccionarían intensamente, creando un ambiente altamente agresivo y corrosivo para las tuberías y equipos.
Además, la disminución de temperatura y la caída de presión permitirían que componentes pesados como la parafina y el asfalto se precipiten, formando depósitos sólidos que pueden obstruir el flujo, causando fallas en las bombas de subsuelo, válvulas y tuberías. Sumados los riesgos de explosiones, lo que deja claro que Irán también está muy presionado para llegar a un acuerdo.
No obstante, de lograrse la paz, los mercados no lo tendrán fácil tampoco, porque hay que tener en cuenta que parte de la infraestructura energética del Golfo ha sido dañada y tomará tiempo (meses o tal vez años) su reconstrucción. Es el caso de Qatar, que comparte con Irán el campo del Norte, conocido internacionalmente en su conjunto como South Pars-North Dome, el yacimiento de gas natural más grande del mundo, bombardeado por Israel y de donde suministra gas natural a Emiratos Árabes Unidos, a través del gasoducto Dolphin, gran parte para la generación de electricidad en este país.
Pero además, del campo del Norte sale el gas con que en la planta de la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar, se produce aproximadamente el 30% del suministro mundial de helio, que es un derivado de la extracción y procesamiento del gas natural.
Más allá de su uso común para inflar globos, el helio es un recurso crítico en la fabricación de los semiconductores y chips que alimentan los centros de datos, servidores e inteligencia artificial. También para los discos duros de alta velocidad y en la computación cuántica y criogenia, donde los procesadores necesitan operar a temperaturas cercanas a -273 grados Celsius y el helio líquido es el agente refrigerante principal para lograr estas condiciones extremas de funcionamiento.
Como podemos ver, no solamente está afectada, en el caso del petróleo, la situación por los combustibles esenciales y lubricantes, sino por todos sus derivados, que se estiman en alrededor de trescientos mil productos diferentes, abarcando plásticos, químicos, fertilizantes y materiales de construcción. En el caso del gas natural, se extraen productos como el helio, etano, propano, azufre y amoniaco, entre otros.
De cómo reaccionen los mercados y los inversores a estas realidades es que está el detalle, pues cuando se anuncian negociaciones de paz, el petróleo parece bajar; luego que estas descarrilan, vuelve a subir, una y otra vez, y a esas variaciones se les llama volatilidad, que no es más que una caracterización de las variaciones de precios a lo largo de un periodo de tiempo. Según los especialistas, actualmente la volatilidad del petróleo ronda el 60%.
Los principales organismos económicos internacionales —el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)— advierten para 2027 una etapa de crecimiento débil, resiliencia frágil y riesgos significativos de recesión si persisten los conflictos geopolíticos.
Estamos en un momento de grandes incertidumbres, por lo que lograr un memorándum de entendimiento entre las partes es fundamental, sobre todo para la apertura del estrecho de Ormuz y, en los siguientes 30 días, negociar —¿en Islamabad?— una paz definitiva que incluya: directrices para el programa nuclear con fines civiles, la disposición final del uranio enriquecido, el papel del Organismo Internacional de Energía Atómica, la liberación de recursos en miles de millones de dólares congelados, la nueva realidad del estrecho de Ormuz, garantías de no agresión por parte de Estados Unidos e Israel, implicación mayor en la solución de China y Rusia, etc.
Todo esto suena muy bonito y esperanzador, pero hasta hoy solo tenemos interrogantes ante un escenario incierto. Mientras tanto, debemos apretarnos el cinturón.
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