Para los que hemos vivido por varias décadas, nos resulta complejo y extrañísimo el proceso actual de la hermana República Bolivariana de Venezuela a partir del pasado día 3 de enero 2026 momento en que se produjo el insólito secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Pocos dudan de que hubo fallas en el sistema de seguridad presidencial, mal manejo de las armas dedicas a la protección del presidente, traición por parte de los responsables de garantizar la seguridad del entorno, entre muchas otras cuestiones alejadas de la necesaria lealtad y capacidad requeridas.
Al acto de humillación y vulgarización de las normas internacionales de convivencia se han agregado otros hechos no menos vergonzosos; tales son los casos de las visitas a la presidenta nncargada del director de la CIA, del secretario de Guerra; entre otros funcionarios que expresan el alto nivel de arrogancia y hasta de imprudencia por parte de un gobierno que días antes había secuestrado al jefe de Estado de un país soberano y llegan como si nada hubiese pasado.
A lo dicho en el párrafo anterior hay que agregarle, el anuncio del nuevo emperador, Donald Trump, de que visitará Venezuela. Es como si estuviéramos observando cosas que jamás pudimos imaginar, pues de concretarse esa visita lo correcto fuera que se produjera un canje de presidentes y quizás así se equilibrara un poco la ofensa cometida por el gobierno estadounidense contra Nicolás Maduro y Venezuela. A todo eso se suma también el conjunto de presiones para el no envío de petróleo a Cuba, la solicitud de rotura comercial con China, Irán y Rusia.
Hemos visto muchas acciones insolentes por parte de los estadounidenses, pero creemos han llegado a extremos no pensados y saber que tales actuaciones se hacen cuando atraviesan por una de sus peores situaciones en materia de institucionalidad interna y cuando sus aliados tienden a desconfiar de su administración por los niveles de irrespeto y falta de honorabilidad hacia los demás.
En líneas anteriores hemos señalado que no quisiera pensar que la situación de Venezuela tenga mucha semejanza con el caso de Noriega del 1989, pues allí la extracción del gobernante implicó el uso de miles de soldados; mientras que en Venezuela fue una acción tipo comando y al parecer con complicidades internas al más alto nivel o muy específicamente del responsable de la seguridad presidencial. Lo que más sorprendería en este caso es que se produzca la invasión a gran escala y no se presente una resistencia como se supone debe darse después de 26 años de preparación y agitación sobre la importancia de defender la soberanía y autodeterminación de ese pueblo.
Preocupa la muerte de los 32 cubanos que integraban el anillo número 1 y de los demás militares y civiles encargados de la custodia del presidente Maduro. También resultan preocupante el afán por elaborar una ley de amnistía cuando lo más apremiante debe ser la libertad del presidente Maduro y su esposa, la amnistía viene a constituirse en un elemento que tiende a justificar las supuestas faltas de garantías políticas bajo el gobierno chavista de Nicolás Maduro; además de que tiende a decir que el enemigo tenia razones y de que con su acción de secuestro ha logrado la libertad de aquellos supuestos presos políticos.
Son diversos los factores que constituyen la actual coyuntura política de Venezuela, hasta donde el imperio norteamericano tiene tanto poder para humillar a una nación, secuestrándole su principal líder y aparecer luego como salvadores de una desgracia que ellos mismos han creado.
La situación venezolana resulta extraña, pues en ningún momento había ocurrido cosa semejante, porque aunque se vea el caso panameño como muy semejante; en realidad tienen muchas aristas que lo diferencian. En ocasiones pienso que este desenlace guarda mucha relación con la naturaleza o características de los lideres venezolanos protagonistas del proceso que siguió al año 1999, perjudicados además con la muerte a destiempo del presidente Hugo Chávez Frías, sumado a la ausencia de una fuerte formación política e ideológica.
Con el envalentonamiento que tienen Trump, la ultraderecha latinoamericana y mundial se puede decir, que el pleito está casado y que en caso de que la dirección venezolana mantenga parte del criterio chavista en materia de defensa de su soberanía, en Venezuela están planteadas dos alternativas: 1) El ejercicio de la resistencia que pueda hacer esa alianza cívico-militar y popular contra la acción colonialista de los estadounidenses y 2) La sumisión ante los dictados de la Casa Blanca. Confío en que se impondrá la primera, pues en caso contrario, el revés no solo obrará contra los venezolanos; sino también contra todos nuestros pueblos. Aquí cabe nueva vez aquella frase de que, “Solo el pueblo salva al pueblo”.
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