Cuando se habla de desarrollo económico y social sostenido y con equidad, de forma tácita se refiere a bienestar colectivo y sostenibilidad ambiental, que en definitiva son dos aspectos que son parte indisoluble del interés público.

Cuando hablamos de esta relación queremos destacar de forma particular acciones que se pretenden desarrollar en una zona de San Francisco de Macorís, que se encuentra en la salida a Santo Domingo, específicamente en la comunidad de Mirabel, que se le ha dado el nombre de Corredor Ecológico Riberas de Jaya. Que está amparado por el Decreto 351-11, que crea el paisaje protegido parque económico Riberas del Jaya, que da mandato para la protección, rescatar sus valores ecosistémicos y garantizar su disfrute público.

A propósito del Día Mundial de la Tierra, que se celebró el pasado miércoles 22 de abril, en defensa de ese parque ecológico, propiedad no solo de los francomacorisanos sino de todos los dominicanos, varias organizaciones defensoras del medio ambiente y sociales, entre ellas Eco-guardianes de San Francisco, la Fundación Río Jaya Inc., el Club de Leones Cenoví Duarte, la Fundación Loma Quita Espuela y la Comisión de Medio Ambiente de la Diócesis de San Francisco de Macorís, se han manifestado con un llamado a la población a defender el cuidado y protección de ese espacio natural como deber ético y moral.

Lo cierto es que San Francisco de Macorís, en los últimos 45 años, ha crecido de forma acelerada y desorganizada, lo que ha implicado una expansión urbanística en la que en gran medida no se han respetado los mandatos de ordenamiento territorial que se diseñan y se regulan desde los organismos de planificación y rectores del medio ambiente, para que la ciudad crezca de forma armónica y se contribuya no solo al bienestar de las generaciones presentes, sino también de las generaciones futuras, que es lo que establecen los principios del desarrollo económico y ambiental sostenible.

Se han urbanizado zonas que son vulnerables, tanto a orillas de ríos y cañadas, como se han vulnerado zonas definidas como áreas verdes y boscosas, en nombre del desarrollo urbanístico, que más que beneficiar a la comunidad, solo enriquece a los desarrolladores de proyectos de urbanizaciones, que son una minoría de la población.

En el proyecto, con el que se quiere convencer a la población con la falsa idea de que contribuye al progreso de San Francisco de Macorís, no es más que la intención de darle mayor valor a un proyecto de desarrollo urbanístico privado que se está construyendo en las proximidades del corredor ecológico y que, no conforme con la tala de miles de árboles centenarios, también quiere desmontar esta reserva natural, propiedad legítima de la colectividad francomacorisana y uno de los pocos pulmones que le quedan a la ciudad luego de la depredación forzada y deliberada a la que ha sido sometida con el paso de los años.

Todos los francomacorisanos y dominicanos debemos levantar nuestra voz para que los espacios públicos naturales no sean vulnerados respondiendo a intereses mercuriales, tanto por parte de empresarios privados como de funcionarios públicos que, producto de su poder, se aprovechan para obtener beneficios de proyectos que son altamente rentables, pero que a la vez producen un daño ecológico en zonas que son irrecuperables.

Más aún cuando se trata de una zona próxima a la única reserva acuífera, patrimonio natural e identidad que tiene la ciudad de San Francisco de Macorís, que precisamente se identifica como ciudad del Jaya. Por lo que defender que se mantenga intacto el corredor ecológico en la ribera del río Jaya es anteponer el interés general a los intereses particulares e individuales.

Juan E. Taveras Vargas

Juan E. Taveras Vargas Economista y profesor universitario UASD. Masters en negocios y relaciones económicas internacionales, masters en políticas publicas y globalización, especialidad en docencia virtual Especialista en planificación estratégica y formulación de proyectos. Promotor cultural.

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