El cooperativismo es más que un modelo económico o una forma de organización empresarial. En realidad, ha estado vinculado a valores éticos y principios humanísticos que ponen al ser humano en el centro de la actividad económica desde el principio. Una de las escuelas de pensamiento que más ha contribuido a fortalecer estos fundamentos es la doctrina social cristiana, que ha moldeado el cooperativismo en todo el mundo y, más notablemente, en Europa y América Latina.
A medida que las ideas centrales del cooperativismo moderno se cristalizaron en la Inglaterra del siglo XIX y los Pioneros de Rochdale, muchas de las ideas que se han desarrollado junto con la doctrina social cristiana se encontraron en la misma fuente teórica.
La dignidad humana, la solidaridad, la justicia social, la ayuda mutua son conceptos centrales en el pensamiento cooperativo y en la reflexión social cristiana. La doctrina social cristiana comenzó a solidificarse como respuesta a los profundos cambios económicos y sociales traídos por la Revolución Industrial.
La industrialización de las fábricas, la rápida urbanización y crecimiento del capitalismo industrial en el siglo XIX pusieron de relieve el gran progreso económico y la pobreza, la explotación laboral y la exclusión social en muchos sectores de la sociedad.
En respuesta a esta realidad, muchos líderes religiosos, pensadores y movimientos sociales comenzaron a cuestionar la necesidad de crear un orden económico más justo y humano y alcanzaron una manifestación más fundamental en 1891 con la publicación de la encíclica Rerum Novarum por el Papa León XIII, que se conoce como la base misma de la filosofía social de la Iglesia hoy en día.
La encíclica reconocía que existe un derecho a la propiedad privada, pero también que los trabajadores deben ser tratados de manera justa, con salarios justos y que el sistema social debe ser más productivo. Rechazaba los excesos del capitalismo deshumanizado y abogaba por una visión que negaba completamente la propiedad privada y, en cambio, era un compromiso de libertad económica y responsabilidad social.
Entre los principios fundamentales establecidos en la doctrina social cristiana está la dignidad del ser humano. En esta visión, cada persona tiene un valor intrínseco y no es solo un producto de la economía. En este sentido, justamente las cooperativas están en el centro de cada organización y buscan satisfacer las necesidades humanas antes de ganar dinero para los inversores. Así, en este sentido, son un modelo económico en el que sirven como vehículo para el desarrollo de las personas por la economía.
El otro gran concepto es el bien común. La teoría social cristiana afirma que la sociedad debe estructurarse de tal manera que todos los miembros tengan oportunidades reales de desarrollarse personal y colectivamente. El bienestar no debe estar restringido a unas pocas personas, sino a toda la sociedad.
Las cooperativas encarnan este principio con sistemas democráticos en los que los beneficios se comparten y las decisiones se toman proporcionalmente al bien común. Y a diferencia de los modelos que se centran en el bienestar económico y social propio, las cooperativas trabajan para todos sus miembros.
La solidaridad es un punto de convergencia muy básico. Se trata de un concepto cristiano y reconoce que los seres humanos están conectados entre sí y su bienestar está ligado a otras vidas humanas. Y no es solo un sentimiento de afecto, sino un compromiso de forjar relaciones más justas y equitativas.
El cooperativismo convierte este principio en una práctica diaria. La comunidad de trabajo y la ayuda mutua, la responsabilidad mutua y la cooperación económica son ejemplos concretos de solidaridad organizada. Un aspecto crucial de la doctrina social cristiana es la subsidiariedad. Esto significa que las decisiones deben tomarse al nivel más bajo posible en relación con las personas afectadas y no demasiado del poder económico o político.
Las organizaciones comunitarias e intermedias deben tener la libertad de gestionar sus propios negocios. Las cooperativas son uno de los ejemplos más claros de este principio. Son grupos formados y dirigidos por sus propios miembros y están directamente involucrados en la toma de decisiones y la dirección de la organización.
Este tipo de estructura promueve la democracia económica y la participación del ciudadano en la actividad productiva. La justicia social también está muy involucrada en la relación entre el cooperativismo y la filosofía social cristiana. La justicia social busca proporcionar un conjunto de condiciones que permitan a las personas tener una oportunidad adecuada para desarrollarse en su entorno económico, educativo y social. Con este fin, las cooperativas son una necesidad estratégica.
A través de la inclusión financiera, la creación de empleo, el acceso a servicios y el desarrollo local, contribuyen a reducir las desigualdades y abrir oportunidades para los grupos económicamente marginados. En el siglo XX, muchos movimientos cooperativos fueron influenciados por la teología social cristiana en la teoría social cristiana para promover un desarrollo basado en la solidaridad, la participación y la comunidad en un modelo de desarrollo de solidaridad, participación y servicio comunitario que llevó al desarrollo de movimientos cooperativos.
Las cooperativas agrícolas, de ahorro y crédito, de vivienda y de servicios se convirtieron en herramientas para mejorar las condiciones de vida de miles de familias. En la República Dominicana, por ejemplo, el movimiento cooperativo también ha sido moldeado por la solidaridad, la ayuda mutua y el servicio comunitario.
La relación entre el cooperativismo y la enseñanza social cristiana en el siglo XXI sigue siendo profunda. El mundo está luchando con la desigualdad, la pobreza, el desempleo, la fragilidad de los lazos comunitarios y el crecimiento de la riqueza.
Es en el contexto de estos desafíos que las preguntas básicas sobre el significado de la economía y la necesidad de crear modelos más inclusivos y sostenibles son una prioridad. Y la doctrina social cristiana y el cooperativismo están de acuerdo en el punto de que la economía es la base de las personas y las comunidades y que la cooperación es uno de los principios fundamentales del sistema social de desarrollo humano: solidaridad, ayuda, reciprocidad, responsabilidad, igualdad, equidad, democracia participativa, libertad, honestidad, justicia, respeto y compromiso.
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