El cooperativismo está muy asociado con la necesidad de soluciones para los más vulnerables. Desde sus primeros días, el movimiento cooperativo buscó abordar las necesidades de las personas que el mercado y el sistema público no podían satisfacer de tal manera. La otra figura en este movimiento es Friedrich Wilhelm Raiffeisen, quien fue vanguardista del cooperativismo financiero para millones de personas en Alemania y para el cual se fundó el cooperativismo financiero.
Raiffeisen demostró que la cooperación puede ser un vehículo para superar la pobreza, la exclusión financiera y la marginación económica. En su época, la industrialización estaba ocurriendo rápidamente en las ciudades, pero todavía había áreas rurales donde la pobreza y la baja productividad eran la norma y la gente no podía permitirse escapar. Los pequeños agricultores, artesanos y productores rurales tenían muchas dificultades para obtener crédito en condiciones justas.
El dinero disponible entonces era para aquellos con más riqueza. Los pequeños agricultores y los agricultores a pequeña escala a menudo recibían préstamos de prestamistas privados que les imponían altas tasas de interés y, por lo tanto, mantenían la pobreza. La falta de crédito restringía las perspectivas de inversión y crecimiento e impedía que miles de familias mejoraran sus condiciones de vida.
Raiffeisen observó esta realidad en las comunidades rurales alemanas. El servidor público que se preocupaba por el bienestar de las personas sabía (y lo hizo) que la pobreza no podía combatirse solo a través del bienestar social. La gente tenía que encontrar formas de acceder a la riqueza y crear su propio desarrollo económico.
Esa reflexión lo llevó a idear una gran idea para su tiempo. Los agricultores se unirían en instituciones financieras que se basarían en la cooperación, la confianza y la responsabilidad. Todos ellos, que no tenían crédito, desarrollarían sus propias capacidades financieras al mismo tiempo. En 1864 abogó por la formación de una de las primeras cooperativas de crédito rural exitosas.
Su modelo se basaba en varios principios fundamentales. Los miembros donaban recursos y asumían responsabilidad compartida para obtener acceso a financiamiento para todos los miembros. El segundo era la confianza basada en el conocimiento directo entre las personas que pertenecían a la misma comunidad. El tercero era la responsabilidad compartida, que también mejoraba la disciplina financiera y reducía el riesgo de incumplimiento.
La innovación de Raiffeisen fue que el crédito no solo podía verse como una transacción financiera, sino también como un medio de desarrollo humano y comunitario. Su objetivo no era solo prestar dinero, sino permitir que las familias rurales se desarrollaran económicamente a través de actividades productivas sostenibles. Los resultados fueron bastante notables.
Las cooperativas de crédito promovidas por Raiffeisen permitieron a muchos agricultores obtener financiamiento en mejores condiciones, mejorar la productividad de sus granjas, aumentar los ingresos y reducir la necesidad de prestamistas informales. También fortalecieron la solidaridad en las comunidades rurales y promovieron una cultura de ahorro y responsabilidad financiera. La experiencia se extendió a varias partes de Alemania y luego a otros países de Europa.
El modelo de Raiffeisen se convirtió en la inspiración para cooperativas de ahorro y crédito, bancos rurales y otros tipos de instituciones financieras cooperativas en todo el mundo. Su legado sigue siendo evidente hoy en día y en la actualidad millones de personas están involucradas en cooperativas financieras en el mundo basadas en los principios de Raiffeisen, ya sea directa o indirectamente.
Estas instituciones cooperativas son fundamentales en inclusión financiera y son claves en favor de seres humanos que tienen dificultades para acceder a los servicios bancarios tradicionales. En este sentido, las cooperativas de ahorro y crédito son una alternativa de gran valor social y económico.
Las cooperativas financieras también apoyan la democracia económica. Este modelo aumenta la participación ciudadana en la economía y favorece una distribución más equitativa de los beneficios generados.
La influencia de Raiffeisen también se puede ver en la relación entre el cooperativismo y la justicia social. El acceso al crédito es uno de los factores más importantes que conducen a la movilidad económica y las oportunidades de desarrollo. Sin suficiente apoyo financiero, las personas no pueden realizar actividades productivas que puedan mejorar su bienestar y el de sus familias. De esta manera, la inclusión financiera, en su mayor parte, ahora se considera un elemento central del desarrollo sostenible.
Las cooperativas de ahorro y crédito en América Latina han podido proporcionar consistentemente acceso a servicios financieros en comunidades rurales y urbanas. Su presencia fue un catalizador para la movilización de recursos, la promoción del ahorro, el financiamiento de empresas y el apoyo a actividades productivas que crean empleo local y riqueza económica.
La República Dominicana es uno de los mejores ejemplos de esto en la práctica. El sector cooperativo ha crecido considerablemente en los últimos 40 años, siendo ahora uno de los instrumentos más importantes para la inclusión financiera en el país. Millones de dominicanos estamos involucrados en cooperativas que brindan servicios de ahorro, crédito, educación financiera y apoyo al desarrollo comunitario.
Pero los desafíos del presente exigen nuevas capacidades. La transformación digital, los riesgos cibernéticos, el cumplimiento normativo, la prevención del fraude y el lavado de dinero son desafíos que requieren fortalecer la gobernanza y la gestión de riesgos en las cooperativas financieras.
En consecuencia, es necesario aceptar que los principios de Raiffeisen siguen siendo válidos hoy en día: la solidaridad, la ayuda mutua, la responsabilidad compartida y la cooperación en el desarrollo de la sociedad son la base del cooperativismo financiero moderno, a los cuales debemos fortalecer su sostenibilidad y profundización. Los programas de gestión de estos riesgos son fundamentales en este propósito.
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