Las compras públicas están experimentando una transformación profunda a nivel mundial. Durante décadas, la contratación pública se ha centrado en verificar el cumplimiento de procedimientos, la entrega de bienes o la prestación de servicios conforme a especificaciones previamente definidas. Sin embargo, la pregunta que hoy cobra mayor relevancia es distinta: ¿están esas contrataciones resolviendo realmente los problemas públicos para los cuales fueron concebidas?

La respuesta a este desafío encuentra una alternativa innovadora en la contratación en atención al resultado, una modalidad incorporada en la Ley núm. 47-25 sobre Contrataciones Públicas, que representa un cambio de paradigma en la manera en que el Estado invierte los recursos públicos.

Esta modalidad parte de un principio sencillo pero transformador: radica en que el éxito de una contratación no se mida únicamente por la entrega de un producto o la ejecución de un servicio, sino por los resultados verificables que genera para la ciudadanía. En otras palabras, el Estado comenzará a contratar en función del impacto.

Bajo este esquema, los contratos establecen indicadores objetivos y medibles que permiten evaluar si el bien o servicio adquirido produjo los efectos esperados. El pago puede vincularse total o parcialmente al cumplimiento de esos resultados, alineando los incentivos entre la Administración pública y los proveedores para alcanzar un objetivo común: generar valor público.

Un ejemplo ilustra claramente este enfoque. En lugar de limitarse a adquirir medicamentos para el tratamiento de la hipertensión, una institución de salud podría acordar con el proveedor que una parte del pago dependerá de que un porcentaje determinado de los pacientes logre controlar efectivamente su presión arterial. Así, el interés deja de concentrarse únicamente en la entrega del medicamento y pasa a enfocarse en la mejora de la salud de las personas.

Este modelo ofrece múltiples beneficios para la gestión pública.

En primer lugar, fortalece la eficiencia del gasto al asegurar que los recursos públicos se destinen a soluciones que demuestren efectividad. Es decir, que cada peso invertido se traduzca en beneficios concretos para la sociedad.

En segundo lugar, impulsa la innovación. Al definir el problema que debe resolverse, en lugar de prescribir de manera rígida cómo hacerlo, el Estado abre espacio para que el sector privado proponga alternativas tecnológicas, metodológicas y organizacionales más eficientes.

Asimismo, incrementa la transparencia y la rendición de cuentas. Los indicadores de desempeño y los mecanismos de evaluación quedan establecidos desde el inicio del procedimiento y pudieran ser monitoreados durante toda la ejecución contractual a través del Sistema Electrónico de Contrataciones Públicas (SECP), permitiendo un seguimiento permanente de los compromisos asumidos.

Naturalmente, implementar esta modalidad exige importantes capacidades institucionales. Será necesario diseñar indicadores técnicamente sólidos, contar con mecanismos independientes de verificación, gestionar adecuadamente los riesgos y desarrollar una cultura orientada a la evaluación de resultados. También requerirá fortalecer las capacidades de las entidades contratantes y promover una mayor especialización tanto en el sector público como en el privado.

Sin embargo, los desafíos no deben verse como obstáculos, sino como oportunidades para modernizar la gestión pública. Países y organismos internacionales vienen impulsando desde hace varios años modelos de contratación basados en desempeño y resultados, especialmente en sectores como salud, infraestructura, tecnología, educación y servicios sociales, obteniendo importantes mejoras en eficiencia y calidad.

Con la incorporación de esta modalidad en la Ley 47-25, la República Dominicana se coloca entre los países que avanzan hacia una contratación pública más estratégica, donde el éxito no se mide únicamente por cumplir el procedimiento administrativo, sino por generar soluciones reales a las necesidades de la población.

La contratación pública representa una de las herramientas más poderosas con las que cuenta el Estado para promover el desarrollo económico y social. Cuando se orienta hacia resultados, deja de ser un simple mecanismo de adquisición para convertirse en una verdadera política pública capaz de transformar vidas.

La innovación en las compras públicas no consiste únicamente en digitalizar procesos o simplificar trámites. La verdadera transformación ocurre cuando cada contratación responde a una pregunta esencial: ¿qué impacto queremos generar para la ciudadanía?

La contratación en atención al resultado ofrece precisamente esa respuesta. Es el paso de una cultura centrada en los procedimientos hacia una gestión enfocada en el valor público, donde el objetivo final no es contratar más, sino contratar mejor para lograr resultados que mejoren la vida de las personas.

Carlos E. Pimentel Florenzán

Abogado

Carlos E. Pimentel Florenzán, abogado, con experiencia profesional en los ámbitos de la transparencia en la administración pública, Miembro Fundador / Oficina de Asesorías, Consultorías e Investigaciones, OACI. Es el actual Director General de la Dirección de Compras Contrataciones.

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