En la entrega anterior me acerqué al origen del choque entre Minerva Mirabal y el dictador Rafael Leónidas Trujillo. Esta vez identificaré algunas consecuencias que marcarían el principio del fin de la dictadura trujillista y el viacrucis de la familia Mirabal. Crisis que previó doña Mercedes Reyes Camilo, doña Chea, madre de las Mirabal, quien se opuso enérgicamente a que Minerva asistiera a aquella fatídica fiesta.
Desde esa noche comenzaron las represalias. A su padre, don Enrique Mirabal, lo apresaron; y su salud se le quebrantó de tal manera que murió años después. A Minerva le impidieron continuar sus estudios universitarios; le chequeaban sus correspondencias; la vigilaban dentro y fuera del hogar; hasta a sus visitas a la iglesia; a sus familiares les negaban servicios médicos y de transporte; les despojaron de tierras, animales y otros bienes, que pronto se apropiaban esbirros del régimen. Incluso Patria Mirabal y su esposo Pedro González fueron víctimas de represalias: les demolieron su casa y les confiscaron fincas. Por temor se les alejaron familiares, amigos, clientes y relacionados. En resumen, los negocios familiares terminaron en la quiebra —el tirano golpeaba duro en lo económico, donde tanto dolía— y la familia quedó prácticamente aislada, como si padeciera una terrible peste.
En medio de ese ambiente represivo, Minerva lanzó una propuesta temeraria de crear una organización o partido opositor; aun cuando el dictador, desde agosto de 1931, había fundado el Partido Dominicano, y no permitía otro partido político.
Esta propuesta tuvo dos importantes desafíos para el régimen. Lo primero, a la organización la llamaron Movimiento Revolucionario 14 de junio, en honor a las expediciones que arribaron a liberar al país de la tiranía; integradas por cerca de doscientos combatientes y apoyadas por varios países, las cuales le consumieron enormes recursos al régimen y lo debilitaron. El segundo, la naciente organización política asumió las reivindicaciones políticas, económicas y sociales de aquellos luchadores, quienes fracasaron en lo militar, pero no políticamente.
El asesinato de las Mirabal, llamado el crimen del siglo XX, resultó tan horrendo que el propio dictador intentó desligarse del mismo; y ordenó a los jefes del Servicio de Inteligencia Militar, Johnny Abbes García y Cándido Torres, que investigaran pronto dicho crimen para que no se lo achacaran al gobierno.
Dicho asesinato provocó tan profunda indignación nacional, que aceleró conspiraciones que ya se gestaban. Algunos de los que participaron en el ajusticiamiento del dictador, el 30 de mayo de 1961, proclamaron que habían actuado impulsados por el crimen de las Mirabal, como Juan Tomás Díaz, Salvador Estrella Sadhalá, Antonio Imbert Barrera y Pedro Livio Cedeño.
Es importante destacar que, con el paso del tiempo, la historia condena cada vez con mayor severidad al dictador, mientras la figura de Minerva crece y recibe más homenajes en su país y en el mundo.
Así lo testimonió la senadora mexicana Martha Lucía Mícher al hablar en el acto central celebrado con motivo del centenario del nacimiento de Minerva Mirabal, en Salcedo, República Dominicana, el pasado 12 de marzo de 2026, donde afirmó:
"El centenario de Minerva Mirabal no es solamente una fecha para recordar el pasado. Es una invitación a mirar hacia el futuro; a preguntarnos qué Latinoamérica queremos, qué país queremos y qué patria grande queremos. Es también un llamado a reafirmar nuestro compromiso con una democracia más profunda. Porque si algo nos enseñaron las Hermanas Mirabal es que la dignidad humana no se negocia; que la libertad siempre merece ser defendida y que, cuando la esperanza se organiza, incluso las estructuras de poder aparentemente invencibles pueden empezar a resquebrajarse".
Gloria eterna a la heroína Minerva Mirabal, en su centenario y siempre. ¡Que viva República Dominicana, libre, soberana y democrática!
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