Contrario a todos los pronósticos de algunos economistas del patio y las mediciones de los organismos nacionales, muchas agencias que analizan tendencias y valoran el comportamiento-país a nivel económico, de productividad y desempeño en sentido general, Centroamérica, está cediendo terreno respecto a la economía mundial, además que se rezaga en productividad. Parecerías contraproducente, por todo lo que se está escribiendo y diciendo en los mentideros políticos y de especialistas económicos. Pero los números no mienten y las estadísticas son frías como un tempano de hielo, y las agencias calificadoras son muy cuidadosas al decidir signar una tendencia.
“La baja productividad, la escasa diversificación económica y las debilidades institucionales continúan frenando el crecimiento de la región”, son las principales causas a este problema, según algunos entendidos e investigadores sociales y economistas. Pero la institución que más ha llamado la atención ante este profundo problema sistémico es la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, quien ha trabajado a profundidad las raíces que han dado origen a este freno del desarrollo de una región, que se dice está en su mejor momento, tanto en lo económico, educativo, el acceso a las nuevas tecnologías y en camino a dar el salto hacia el desarrollo sostenido.
“Centroamérica continúa perdiendo competitividad frente al resto del mundo”. Señala además que “la región mantiene un importante rezago en productividad, uno de los principales obstáculos para impulsar el crecimiento económico y generar empleos de mayor calidad”. Pienso en voz alta, que uno de los problemas que impiden su rebase, es quizás, la poca competitividad del capital humano, básico para que los países tengan el salto hacia adelante como ha sucedido con los países asiáticos, que han encontrado el camino hacia la productividad y competitividad global (Vietnan, Singapur, Taiwán, China, por solo mencionar estos).
La CEPAL explica que “uno de los principales desafíos es la limitada diversificación de las economías centroamericanas”. Y tiene lógica, pues hasta el día de hoy, la base de estas economías está en las zonas francas instaladas, la agricultura y el comercio, los call center, y una que otra empresa de tecnología, en específico en Costa Rica, aunque en los últimos años se nota una alta incidencia en la instalación de empresas de logísticas en la región, El Salvador, por ejemplo, que está apostando a este renglón productivo, producto de la gran cantidad de mercancías y productos del ramo de la construcción, bienes de consumo que se mueven en los puertos del Istmo.
El estudio sostiene que, “aunque República Dominicana, Costa Rica y Panamá registraron una recuperación parcial de la productividad durante 2024, el desempeño regional sigue siendo insuficiente para cerrar la brecha con las economías más desarrolladas. Desde 2017, la productividad laboral de la región permanece por debajo del promedio mundial”.
Sigue enunciando el estudio que, “gran parte del empleo continúa concentrándose en sectores de baja productividad, mientras que las actividades de mayor valor agregado aún tienen un peso reducido”. Estas brechas significan desigualdades en renglones como infraestructura, educación, innovación y oportunidades de desarrollo económicos entre territorios de la región, argumenta dicho estudio.
¿Cómo atacar la brecha mencionada? Impulsar el desarrollo económico, reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida en República Dominicana y Centroamérica. El informe también evidencia fuertes desigualdades dentro de la región. Panamá y Costa Rica presentan niveles de productividad superiores al promedio centroamericano, mientras que Honduras, El Salvador y Nicaragua muestran los rezagos más marcados, lo que amplía las diferencias en competitividad y capacidad de crecimiento.
Ante este panorama, la CEPAL considera que, “la región necesita fortalecer sus políticas de desarrollo productivo mediante mayores inversiones en infraestructura, educación, innovación y tecnología, además de mejorar la coordinación entre instituciones y gobiernos”.
Otro de los problemas señalados por el organismo “es la brecha entre empresas”. Las microempresas formales apenas alcanzan el 17.2 % de la productividad de sus equivalentes europeas, mientras que las grandes empresas llegan al 32.3 %, una diferencia que limita la integración de las cadenas productivas y reduce las oportunidades de generar empleos mejor remunerados.
El organismo, finalmente sostiene en su estudio que, “solo con estrategias de largo plazo Centroamérica y República Dominicana podrán revertir el rezago y recuperar competitividad frente al resto del mundo”.
Y es que hay más que se puede colegir en el referido estudio, por ejemplo, para muchos estudiosos, (C. Villalona), Centroamérica enfrenta una severa contradicción económica: aunque se proyecta un crecimiento económico cercano al 4.2% para 2026, superando el promedio de América Latina, su productividad laboral permanece estancada y por debajo del promedio mundial desde 2017. Y él lo que hace es refrendar los datos de la CEPAL, salidos de sus estudios. Los que confirman que, “la región está perdiendo terreno frente a la economía global debido a que su dinamismo actual está sostenido por factores volátiles como las remesas y el consumo interno, en lugar de una verdadera transformación industrial o tecnología”.
Las remesas, que, aunque se han convertido en el salvavidas de las familias más desposeídas de la región, también son un lastre, ya que la mayoría de esos recursos se destinan al consumo y no a la inversión productiva. “A lo que nada nos cuesta, hagámosle fiesta”. Aunque ese comportamiento, en parte ha sufrido algún cambio, debido a la embestida de la administración Trump con todos los migrantes (sean ilegales o no) y esto les está llevando a ver más allá del día a día, y los recursos, que han sido más este año en llegar a la región, país por país, las familias están viendo cómo destinan algún poco a inversión que le reditué en beneficios por si se ven montado en el avión de regreso, sin proponérselos.
Viéndolo desde un enfoque sistémico, para muchos especialistas e investigadores de la región: el estancamiento en la productividad de los países del Istmo se atribuye principalmente, a deficiencias estructurales acumuladas durante décadas, entre los que citan:
Estructura empresarial dual: según sus experiencias, existe una brecha enorme entre las pocas grandes empresas y las microempresas. Las microempresas formales en la región alcanzan apenas una fracción de la productividad de sus pares internacionales, afectando la integración de cadenas de valor.
Otro factor es: la baja inversión en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), donde apenas América Latina y la región de Centroamérica destina apenas un 0.56% de su PIB a la innovación, mientras que los países de la OCDE promedian un 3.0%. Esto limita la automatización y la adopción de Inteligencia Artificial para optimizar procesos.
Además, plantean que otro lastre radica en la desindustrialización y servicios informales: el empleo se ha trasladado desde el sector manufacturero hacia servicios informales o de bajo dinamismo (comercio básico, servicios locales), los cuales no generan innovación endógena ni beneficios a gran escala. Aunque las maquilas y los servicios de call center siguen siendo la alternativa a un empleo y a los que la mayoría de los jóvenes en edad productiva apuntan. En mi país, la República Dominicana, es peor: hoy ser motoconchista o Uber Moto, es haber llegado a la realización mayor de un joven, aunque esos servicios están cayendo ya en las manos de los ilegales inmigrantes haitianos.
Siguen enumerando los factores que no ayudan a que se salga del rezago que ha sumido al Istmo en no alcanzar una productividad óptima respecto al mundo que les rodea y ven que otro factor es: los costos ocultos de infraestructura y tráfico. Tanto es así, que un estudio de la Federación de Cámaras de Comercio del Istmo Centroamericano (Fecamco) demuestra que la congestión urbana masiva en capitales como San Salvador, Ciudad de Guatemala o San José, reduce drásticamente la eficiencia logística y la productividad diaria de los trabajadores.
Y podría ser cierto, pues hay empresas, salvadoreñas, por ejemplo, que es lo que más tengo al alcance por vivir aquí, que tienen trabajadores que viven en Ahuachapán, Occidente del país, a tres o más horas, dependiendo de la congestión en la hora pico de la mañana, y deben estar en su espacio de trabajo, por no decir, como tarde 7:30 de la mañana, y en los trabajos que se están realizando en la nueva apuesta gubernamental, el Viaducto Francisco Morazán, de Los Chorros, La Libertad, se les consume su tiempo.
Duran hasta dos horas varados por el tráfico. Saque usted la conclusión. Igual pasa de los que vienen del Oriente, “de las ciudades dormitorio”, que no quedan tan lejos como La Unión, de donde vienen trabajadores también (frontera con Honduras) y se encuentran con el monstruo del Boulevard del Ejercito día por día. ¿Quiénes pierden? Las empresas.
También hay que decir que, estas disparidades en la producción no afectan a todos los países por igual, pues el capital humano y las capacidades instaladas, tienen que ver con estos eventos que han venido afectando el desempeño de los países del Istmo y la República Dominicana. Veamos:
Panamá, República Dominicana y Costa Rica, registran recuperaciones parciales de productividad por hora trabajada. Esto hace que lideren el PIB per cápita regional, aunque afrontan retos severos de competitividad energética y costos locales. Y este es el hándicap, República Dominicana, en primer lugar, con los costos de energía cada vez más severos, ya que, por generaciones de gobiernos, no se hicieron las previsiones necesarias para que este crucial problema no fuera tan marcado. Con Panamá y Costa Rica, son otros los problemas; el problema de la energía instalada, pública y en las empresas, hace tiempo que fue subsanado, gracias a la planificación y la visión de país a largo plazo. Y el mercado energético que se instalo como mercado libre de venta spot, en todos los países del SICA, desde Belice hasta Panamá.
En caso de El Salvador, este reporta un fuerte repunte en su crecimiento del PIB (proyectado en 4.5% o superior mediante mejoras de facilitación comercial), pero históricamente arrastra una de las productividades laborales por hora más bajas del continente. Y es que, su modelo concentrado en maquilas y una economía de servicios básicamente en call center, hace que sea muy cuesta arriba que se logren objetivos de alta productividad, tanto de corto como de largo plazo. Lo otro, es que la mano de obra, en muchos casos, carece de la calificación adecuada para entrar al mercado de trabajo que se exige hoy día, específicamente, en un mercado concentrado en manejo de sistemas y mucha tecnología, aunque de un tiempo a esta parte el gobierno está apostando a la calificación del mercado joven de trabajo.
Por su lado, Guatemala, Honduras y Nicaragua mantienen estructuras económicas rígidas con un fuerte peso de la agricultura (un sector cuya productividad es de apenas el 44% del promedio regional), rezagándose sustancialmente en la escala global. Y eso hace que entrar a los rankings de productividad mundial sea muy cuesta arriba. Y aun lo de la agricultura, esta estructurada con manos de obras muy arcaica, sin que se pueda contar con tecnología que vaya acorde con la época en que estamos.
¿Cuáles son entonces las más urgentes recomendaciones de los organismos multilaterales y de cooperación para este tiempo? Tanto el Banco Mundial como la CEPAL, insisten en que para no caer en una "trampa de bajo crecimiento" permanente, Centroamérica debe ejecutar cambios urgentes en:
Profundizar la integración regional: El comercio intrarregional de Centroamérica representa apenas el 14% de sus exportaciones totales. Elevar este intercambio permitiría crear economías de escala eficientes. Y eso es precisamente los que los países del Istmo están tratando de realizar, ya sea con la integración aduanera (en El Triángulo Norte) como con elevar las exportaciones e importaciones entre países.
Hacer ya la transición energética y tecnológica: Aprovechar las ventajas en matrices renovables y digitalización de trámites estatales para reducir los costos operativos de las empresas locales. Hay una creciente ola de tramites con los organismos que regular el uso de las energías para la instalación de nuevas apuestas energéticas que van desde la eólica, solar, residuos de la basura, entre otras.
Rediseñar las políticas de desarrollo productivo locales: Coordinar esfuerzos entre gobiernos y el sector privado para capacitar el capital humano enfocado en sectores de alto valor agregado y exportable. Eso es una realidad ya, pues El Salvador, está liderando una carrera en la preparación de la nueva generación de servidores y trabajadores con la apuesta de institutos, escuelas de preparación en servicios, la agroindustria a nivel técnicos para que el capital humano, por fin tenga la suficiente preparación en camino a la eficiencia.
En su informe anual sobre este asunto, y al que nos hemos referido y tomado como modelo para estructurar esta nota, la CEPAL expresa que, Centroamérica y el Caribe “deben apostar por una nueva visión de políticas de desarrollo productivo (PDP) para salir de la trampa de baja capacidad para crecer en la que está sumida y poder enfrentar los desafíos que impone el nuevo contexto geopolítico global”.
Sigue profundizando dicho informe, el cual fue presentado por el Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs, titulado “Panorama de las Políticas de Desarrollo Productivo en América Latina y el Caribe 2025” y en donde se hace la pregunta del millón de dólares: ¿Cómo salir de la trampa de baja capacidad para crecer? Contestándose a seguidas que “la trampa de baja capacidad para crecer se explica, en buena medida, por una lenta transformación productiva y una correspondiente productividad estancada e incluso decayendo hace más de una década.” En 2017, por ejemplo, la productividad laboral promedio en el mundo superó a la de América Latina, Centroamérica y el Caribe. Aunque en el documento se destaca un incremento de 2,2% en la productividad laboral en la región entre 2023 y 2024, dicha alza no es suficiente para salir de la situación general de rezago, alerta el organismo regional de las Naciones Unidas.
Vamos a terminar estas notas con una sentencia severa y que remarca en dónde se encuentra ahora la subregión y cuál será la única alternativa, según dicta el referido estudio y su autor: “La disyuntiva que enfrenta Centroamérica y el Caribe es contundente: o iniciamos una nueva era de crecimiento alto, sostenido, inclusivo y sostenible o nos enfilamos hacia una tercera década perdida. Para evitar esto último, los países deben escalar y mejorar sus políticas de desarrollo productivo a partir de una nueva visión, que incluye, entre otras cosas, trabajar en agendas estratégicas en torno a sectores impulsores, esfuerzos colaborativos multinivel y multiactor, y la promoción de clústeres y otras iniciativas de articulación productiva. Elevemos el perfil político de estas políticas y profundicemos en los ‘cómo’, es decir, en cómo llevar a cabo en la práctica estas transformaciones”.
Y yo agrego, después no nos quejemos de tanto que nos han dicho, “ahí viene el tiguere”, y por fin llegó y nos comió a todos, dije a todos.
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