Bosch, que no adivinaba el futuro, entendió en el diálogo con sus amigos en junio del 1943 que la dictadura trujillista había sembrado un cáncer terrible en la mentalidad del pueblo dominicano. Mentalidad que negaba radicalmente los mejores valores de la humanidad, el mensaje de los líderes religiosos más destacados de la humanidad (la evocación a Jesucristo es evidente) y el respeto de la dignidad humana. Él señala el mal con su nombre: Me refiero a la actitud mental y moral de Uds. —y por tanto de la mejor parte de mi pueblo— frente a un caso que a todos nos toca: el haitiano.
Con el antihaitianismo el trujillato y sus intelectuales (entre ellos sus tres amigos) no solo envenenaban la mentalidad del pueblo dominicano, sino que corrompían la moral necesaria que todo pueblo debe poseer para no convertirse en paria de la humanidad. Tal como dije en otras entregas, este texto es sumamente luminoso porque permite a Bosch exponer su visión antropológica esencial. Y por eso su primera apelación es a su obra narrativa.
Bosch tenía muy claro que al escribir cuentos estaba comunicando una manera de ver el mundo, unos valores medulares, una apuesta por construir una sociedad donde el reconocimiento de la dignidad humana, de todos los seres humanos, fuera el sustento moral.
Antes de seguir desearía recordar a Uds. que hay una obra mía, diseminada por todo nuestro ámbito, que ha sido escrita, forjada al solo estímulo de mi amor por el Pueblo dominicano. Me refiero a mis cuentos. Ni el deseo de ganar dinero ni el de obtener con ellos un renombre que me permitiera ganar algún día una posición política o económica ni propósito bastardo alguno dio origen a esos cuentos.
Uds. son escritores y saben que cuando uno empieza a escribir, cuando lo hace como nosotros, sincera, lealmente, no lleva otro fin que el de expresar una inquietud interior angustiosa y agobiadora. Así, ahí está mi obra para defenderme si alguien dice actualmente o en el porvenir que soy un mal dominicano. Hablo, pues, con derecho a reclamar que se me oiga como al menos malo de los hijos de mi tierra.
Don Juan sabía que, si dicha carta llegaba al tirano, por otras vías diferentes que no fuera de la mano de los tres amigos, era condena de muerte segura para ellos y sus familias. Y eso no lo deseaba él.
Bosch tenía su conciencia tranquila y sus cuentos eran su mejor defensa, ya que estaban hechos para develar lo más inhumano de nuestra sociedad (basta citar En un bohío o Los amos) y actuaban como crítica antropológica y social. La narrativa de Bosch siempre sensibilizaba (y lo sigue haciendo) la estética y moral de sus lectores, impulsando la construcción de una mejor sociedad, más humana, más digna.
En cambio, Trujillo y sus alabarderos inyectaban veneno a nuestra sociedad, estimulaban el autoritarismo, la delación, la pleitesía al poder y ahora, descubría Bosch, un nefasta expresión racista con el antihaitianismo. La moralidad del pueblo dominicano iba degenerando con cada año que seguía el sátrapa en el poder.
Bosch pasa a develar la naturaleza del mal en función de lo hablado ese mismo día. Lo hace muy afectado, muy dolido, por su patria y por sus amigos, que ellos sean capaces de llegar tan bajo en su capacidad de desconocer la dignidad humana.
Los he oído a Uds. expresarse, especialmente a Emilio y a Marrero, casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno, cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otro.
Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho a vivir…
Pocos textos de Bosch son tan hondos y hermosos como ese párrafo de esa carta. Él se apoya en lo más sagrado y digno de lo que nos hace humanos, en la tradición más cristiana, en que todos los seres humanos somos iguales y merecemos ser tratados con respeto y cuidado, comenzando por nuestro derecho a la vida y una vida digna, como él mismo lo formula …el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable.
Los obispos dominicanos llegaron a la misma conclusión, ¡pero 17 años después!
La referencia bíblica de cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno, cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, sólo porque son hijos de otro es muy evidente. Basta evocar al Evangelio de Mateo 7:11: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden?
Y en Lucas 11: 11-13 está de nuevo la imagen en torno a la que gira la reflexión de Bosch: ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos.
El humanismo boschista tiene una clara inspiración evangélica. La paternidad divina que cuida a todos y que apela al hecho de que todo padre, aún el peor de todos, cuida a sus hijos. Bosch cuestiona la moralidad dominicana que en lugar de basarse en los Evangelios lo hace en la ideología trujillista. ¡Todavía en el presente!
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