Una de las áreas en las que el gobierno ha hecho más publicidad es precisamente en la expansión del sector aeronáutico. Aumentarle los impuestos en un momento de crisis es luchar contra su propia política de expansión.
La guerra en Medio Oriente ha traído un enorme reto a todo el sector aeronáutico a nivel global, con el precio y el abastecimiento de combustible siendo su viento de frente para avanzar. En Europa, aerolíneas como Lufthansa han tenido que optar por cancelar decenas de miles de vuelos debido a esta crisis, mientras que los organismos europeos se preparan para un posible problema de abastecimiento a finales del verano, si el estrecho de Ormuz no termina de abrirse.
Dentro de todo este huracán de problemas, la República Dominicana se ha lanzado al desarrollo de su aviación nacional, con el apoyo incondicional del gobierno a aerolíneas locales como Arajet y Skyhigh, así como la apuesta a nuevos mercados con la firma del tratado de Cielos Abiertos con los EE. UU. y el empuje de un hub regional aéreo y marítimo en el país. Esto le ha costado al gobierno millones de dólares en subsidios de diferentes formas, tanto a aerolíneas como a aeropuertos, en búsqueda de atraer nuevas inversiones al país.
Pero todo esto peligra cuando el precio del galón de combustible de aviación (específicamente el jet fuel) se dispara al doble en comparación con el mismo período de 2025, debido a los problemas de abastecimiento por la guerra. Esto, al mismo tiempo que aerolíneas nacionales como Arajet se lanzan a competir con algunas de las aerolíneas más eficientes del mundo por el mercado de ultra bajo costo a lo largo del continente americano.
Y es en medio de esta enorme crisis de precios que el gobierno dominicano ha propuesto aumentar en 10 dólares el impuesto por concepto de boleto aéreo al sector aeronáutico dominicano. Algo que va totalmente en contra de las recomendaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), establecidas en su documento anexo al convenio del mismo nombre n.º 8632, en el cual se establece que el aumento de los impuestos aéreos tiene un notable efecto negativo en el desarrollo del transporte aéreo.
La OACI, además, establece como política que el impuesto recaudado por concepto de los boletos aéreos debe ser utilizado solo para mejoras del servicio aéreo de un país, no para otras responsabilidades del gobierno. Estudios de la OACI han concluido que, por cada dólar que se aumenta en impuestos a los boletos aéreos, la economía nacional pierde dos dólares por reducción de la demanda.
Pero la República Dominicana ya está sobrepasada en este concepto de la OACI, pues sus organismos de aviación civil se han convertido en algunas de las principales instituciones recaudadoras del Estado, en el que el Instituto Dominicano de Aviación Civil (IDAC) figura como el tercer o cuarto principal recaudador del Estado dominicano, algo que va totalmente en contra del espíritu del convenio de la OACI.
Y es que el alto nivel de impuestos aeronáuticos en la República Dominicana es tal que, cuando comparamos los precios de los pasajes aéreos con zonas donde el impuesto es inexistente (como Europa), la diferencia es abismal. Mientras un boleto aéreo entre Santo Domingo y Miami puede costarle a un viajero miles de dólares, principalmente debido al costo de los impuestos dominicanos, el mismo trayecto en el mismo tipo de avión puede costarle menos de cien dólares dentro de Europa.
Es por esto que asociaciones como la Asociación Dominicana de Líneas Aéreas (ADLA) han emitido comunicados de prensa en contra de este tipo de aumentos a los pasajes aéreos. Como han expresado en varias ocasiones, las aerolíneas dominicanas se encuentran en una enorme desventaja competitiva frente a las grandes aerolíneas norteamericanas y de otros países de la región.
El gobierno dominicano debe ser cuidadoso con su imposición de nuevos impuestos, pues en el caso del sector aeronáutico la competencia es regional, no local. Cuando un turista está evaluando qué país visitar, o cuando un dominicano de la diáspora está decidiendo si viaja o no a su país, el precio del boleto aéreo es la primera barrera económica que debe cruzar; el gobierno debe buscar reducir esa barrera, no aumentarla.
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