Ayer comenzó el año del Caballo de Fuego y hubo un eclipse solar en Acuario. Hoy inicia la temporada de Piscis, y en apenas dos días, el 20 de febrero, Saturno y Neptuno se encuentran.

Aquí confluyen dos energías acelerantes. Por un lado, el año del Caballo de Fuego, que ocurre cada 60 años. El Caballo habla de independencia, impulso, rebeldía y deseo de libertad; el Fuego trae pasión, creatividad y radicalización. Los años de Caballo de Fuego tienden a desestabilizar estructuras rígidas, acelerar la historia, exponer lo que ya no puede sostenerse y desplazar dinámicas de poder, empujándonos al movimiento.

Este es un año para hacer cuerpo el coraje, ese que solo se vuelve accesible cuando atravesamos lo incierto.

La otra fuerza acelerante es el eclipse, que, aunque no sea total ni visible en todo el planeta, tiene un efecto importante a nivel astrológico. Los eclipses funcionan como saltos temporales colectivos, oportunidades para que el cosmos reoriente la realidad, empujándonos a través de transformaciones necesarias a un ritmo muy rápido. Tienen un efecto dominó donde, de repente, lo que estaba esperando para moverse se mueve; lo que ya no funcionaba, se cae; y lo que llevaba tiempo gestándose, emerge. En Acuario, estamos saltando hacia una línea de tiempo de innovación y poder colectivo.

Este eclipse inaugura una nueva serie que se extenderá durante los próximos dos años en Acuario, el signo del colectivo, de la gente, del poder que reside en el nosotros. Nos recuerda algo sobre nuestro potencial como comunidad, sobre lo que somos capaces de hacer y de ser cuando nos unimos, cuando trabajamos juntos, y cuando reconocemos nuestra humanidad compartida más allá de nuestras diferencias.

Hoy entramos en Piscis, la temporada más porosa y sensible del año, un tiempo que nos invita a soltar la lógica, a sentir, a resonar y a conectar. Este clima encuentra un sostén especial en Venus y Júpiter —los dos planetas benéficos— ubicados en los signos donde su energía se exalta: Piscis y Cáncer. Esta configuración habla de mucha abundancia, dulzura, bondad y generosidad disponibles este mes, y nos recuerda que cuanto más practicamos la compasión (Piscis) y el cuidado (Cáncer) —hacia nosotros mismos, hacia nuestras comunidades e incluso hacia quienes piensan distinto—, más acceso tenemos a esta energía.

El 20 de febrero, Saturno y Neptuno —que han estado moviéndose muy cerquita el uno del otro durante los últimos diez meses, completando su largo tránsito por Piscis y abriéndose paso hacia Aries de manera definitiva— por fin se encuentran en conjunción exacta.

Estos dos planetas de movimiento lento se encuentran apenas una vez cada 30 a 40 años, y este encuentro es particularmente significativo y mágico porque se unen en el primer grado del zodíaco, a 0° de Aries —el punto donde la vida emerge. Esta conjunción habla de un nuevo comienzo, uno que venimos presenciando y hacia el cual nos hemos estado moviendo desde hace un tiempo, y que este momento marca como un umbral.

Cuando los planetas se unen, sus naturalezas se fusionan, y estos dos no podrían ser más diferentes entre sí. Saturno es estructura, límites, realidad; y Neptuno es lo que disuelve la estructura, los límites y la realidad. Nos estamos adentrando en tiempos muy complejos, llenos de paradoja, donde se hace importante aceptar la realidad (Saturno), no ignorar lo que está pasando, pero sin permitir que el abrumamiento nos quite la capacidad de soñar en grande y de imaginar (Neptuno) el tipo de futuro que deseamos ver.

Como esta conjunción ocurre en Aries, no se trata solo de soñar pasivamente, se trata de movilizarnos. Este nuevo comienzo nos pide canalizar nuestros sueños en acciones concretas —grandes o pequeñas— que construyan y sostengan comunidad. Saturno-Neptuno en Aries nos pide atravesar estos tiempos una acción valiente a la vez.

Aunque el panorama mundial pueda parecer catastrófico por momentos, es importante tener claro que la vida no termina. Tanto la astrología como lo que estamos viendo en el mundo señalan un final —o, más bien, una transformación— de los sistemas y estructuras a los que estamos acostumbrados y que por eso nos resultan familiares y seguros, aun y nos sirvan realmente o no. Pero la vida continúa, y conviene recordar que siempre estamos co-creando esta realidad. Nadie va a venir a salvarnos, nos salvamos nosotros —juntos.

Un aspecto muy hermoso y provechoso de este tránsito es su potencial para la manifestación. Neptuno es el planeta de los sueños y la imaginación, y en esta unión, Saturno actúa como embudo a través del cual nuestros sueños y nuestra imaginación más radical pueden tomar forma. Por eso es que este es un momento tan importante para soñar, y para trabajar hacia esos sueños con paciencia y constancia, porque Saturno logra lo que se propone, pero lo hace paso a paso, construyendo ladrillo a ladrillo.

Al mismo tiempo, es importante practicar la confianza radical. Neptuno puede nublar y confundir, y no siempre vamos a poder ver con claridad los resultados de lo que estamos construyendo. Pero si algo sabe hacer Neptuno es confiar en el proceso, y eso es justamente lo que se nos invita a cultivar para no frustrarnos ni rendirnos. Con este tránsito, los resultados pueden tardar, pero si estamos haciendo el trabajo, llegarán eventualmente.

Cuando Saturno y Neptuno se unen, pueden sentirse desestabilizadores —con Saturno en su caída en Aries, y Neptuno disolviendo lo que creemos saber—, por lo que se vuelve esencial enraizarnos. Ahora, más que nunca, sostener el cuerpo se vuelve un acto político y espiritual. Habrá mucho movimiento interno, y en lo personal, las cosas pueden sentirse lentas o confusas —especialmente con Mercurio retrógrado en el horizonte—, mientras que en el mundo externo los eventos podrían acelerarse más de la cuenta. Frente a tanta velocidad e intensidad, el cuerpo es nuestro ancla.

Es importante mantenernos conectados a nuestros cuerpos, a la tierra, a nuestros rituales y rutinas diarias, y a los demás. Respirar profundo, caminar descalzos, tener encuentros y conversaciones significativas, mantenernos hidratados y dormir y comer lo mejor que podamos. Cuidar la cantidad de noticias que consumimos, y asegurarnos también de nutrir los sentidos con belleza, arte, poesía y conversaciones que nos conecten e inspiren.

Todo esto nos va a ayudar a que nuestros cuerpos estén disponibles para disfrutar los momentos buenos, para atravesar las adversidades, y para mantenernos alertas y presentes ante las oportunidades que nos permitan impulsar los cambios necesarios, y a poder hacerlo juntos. Nuestras relaciones, nuestras comunidades, nuestro cuidado mutuo, estos son nuestros mayores recursos ahora mismo.

No busques demasiada lógica durante esta temporada —hay mucha energía en Piscis, y lo que conviene ahora es conectar, sentir y sentirnos. No evadir, anestesiarnos ni desconectarnos emocionalmente, por más que esa parezca la salida más fácil frente a todo lo que se nos está revelando.

Adela Dore

Artista visual y Astróloga

Artista visual y astróloga. Desde 2016 ofrece consultas, encuentros y espacios de formación en astrología como herramienta de autoconocimiento y reconexión interior. Forma parte del equipo de KnowTheZodiac como escritora y astróloga consultora.

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