Albania ha acaparado muchos titulares de la prensa mundial en los últimos meses. Gigantescas manifestaciones han estremecido al pequeño país balcánico. La revolución de los flamencos ha sido llamada. La razón es que la hija del presidente de los Estados Unidos, Ivanka Trump, y su marido, Jared Kushner, han puesto el ojo en la paradisíaca isla albanesa de Sazan, una isla deshabitada convertida en área protegida, para desarrollar un megadesarrollo turístico inmobiliario. También es llamada Sazanit en albanés. Es como si aquí los Kushner-Trump pusieran el ojo en la isla Saona para desarrollar un megaproyecto turístico inmobiliario, a pesar de su carácter de parte del Parque Nacional del Este.
Albania es un pequeño país de la península balcánica del sur de Europa, de 28 mil 750 kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de Haití, y dos millones trescientos mil habitantes, menos del 25 % de la población de la parte occidental de la isla de Quisqueya. Por eso tiene playas paradisíacas, áreas históricas magníficas, una gran historia como parte del Imperio otomano, y es el único país europeo mayoritariamente musulmán (65 %). El albanés es una lengua indoeuropea sin raíces eslavas.
Situado al norte de Grecia, bañado por las costas del mar Adriático y el Jónico dentro del mar Mediterráneo, que le separa de Italia, también tiene fronteras con entidades de la antigua Yugoslavia (Macedonia del Norte, Montenegro y Serbia —la provincia de Kosovo está ocupada ilegalmente por la OTAN—). Con una baja presión demográfica, también es el país europeo más pobre. Miembro de la OTAN desde 2009 y, desde hace más de 15 años, aspirante a miembro de la Unión Europea, todavía no concretado. Con un PIB total de 27 mil millones de dólares y un per cápita de 10 mil dólares, el PIB per cápita es más pequeño que el de nuestro país. La isla de Sazan fue una antigua base militar albanesa, del Pacto de Varsovia hasta la salida de Albania de esa alianza en 1968. Albania fue el más estalinista de los países socialistas de Europa oriental, rompió con la URSS después de las críticas de Kruschov a los crímenes de Stalin, alineándose con la China maoísta, y desde 1978, denunciando el “revisionismo” de las políticas de Deng Xiaoping, también rompió con China. Dentro del llamado “campo socialista”, fue más aislado aún que la Corea del Norte de los Kim. Durante casi 20 años estuvo aislada de todo el “campo socialista”, habiendo también roto con la Yugoslavia del mariscal Tito desde 1948, con la URSS posextalinista de Kruschov y Brézhnev en 1960-61 y, finalmente, con la China de Deng en 1978.
En la descomposición de los partidos comunistas, la figura de Enver Hoxa, el dictador absoluto de Albania hasta su muerte, algunos partidos anteriormente maoístas tomaron el camino de convertirse en “proalbaneses”, una exégesis de la degeneración y el absurdo estalinista y maoísta. En América Latina hubo muchas corrientes maoístas que se convirtieron en “proalbanesas”, como en nuestro país la llamada Línea Roja del 14 de Junio; posteriormente, PTD y Patria para Todos; los llamados grupos Bandera Roja y Bandera Proletaria y algunos grupos del desmembrado MPD. En otras palabras, las tendencias proalbanesas en la izquierda maoísta dominicana fueron abundantes. Otra locura de la degeneración del estalinismo fue la corriente “polpotista”, por el líder sanguinario de la Camboya jemer, como lo fue el sangriento y enloquecido grupo peruano Sendero Luminoso.
Hoy Albania es el país europeo más pobre, donde campea la mafia internacional y que vive de las dádivas de la Unión Europea y la OTAN. Un sector del antiguo Partido del Trabajo (Comunista) de Albania se transformó en Partido Socialista de Albania (socialdemócrata) y es el que gobierna ese país desde 2013 hasta la fecha mediante el primer ministro o presidente del Consejo de Ministros, Edi Rama.
Al encapricharse la señora Trump y el señor Kushner con la isla de los Flamencos, para un desarrollo turístico multimillonario, el entreguista gobierno albanés firmó un acuerdo con la empresa de Kushner-Trump, “Affinity Partners”, que obtuvo un contrato de desarrollo del área protegida de la isla. El mismo Kushner aseguró al diario inglés The Guardian que “Estamos creando un producto de lujo de altísima gama” en la isla, aseguró Kushner en 2025. El efecto de esta entrega de un área protegida al insaciable afán de lucro de los Kushner-Trump desarrolló un movimiento masivo de rechazo en la población albanesa, teniendo como consecuencia enormes manifestaciones de cientos de miles de manifestantes exigiendo la anulación del contrato con Affinity Partners y el proyecto de destruir la isla de los Flamencos.
La crisis política que generó fue de tal magnitud que el gobierno de Edi Rama “pospuso el proyecto”, pero eso hizo que el combustible fuera mayor al proyecto de los Kushner-Trump. Finalmente, ellos mismos, ante la realidad generada, anunciaron el retiro del proyecto de Sazan. ¿Qué lecciones deja esto a nuestro país en su afán de atraer cada vez más inversión en turismo, incluyendo áreas protegidas? Un caso muy emblemático es el proyecto de Cabo Rojo, Pedernales y la bahía de las Águilas. El Estado dominicano está empeñado en que la inversión se haga a todo costo, incluso violando leyes de protección ambiental, como el caso de la barrera de corales en el puerto de cruceros de Cabo Rojo. Hasta ahora, la movilización popular en nuestro país ha sido más masiva en rechazar los proyectos mineros como el de San Juan de la Maguana o el de Pueblo Viejo Barrick. El gobierno se vio compelido a retirar la empresa de San Juan. ¿Pero no podría generarse un movimiento masivo contra las destrucciones de los proyectos turísticos ilegales? La movilización de Albania nos deja una lección: no jueguen con los pueblos que hacen conciencia de los daños de proyectos mineros o de proyectos turísticos a la naturaleza y al medioambiente. La anestesia del pueblo dominicano no es eterna y los casos de los proyectos mineros y el rechazo que generan son una advertencia: no jueguen con candela, que se puede perder lo más por la avaricia
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