Seguramente pensarás que este tema es para las personas adictas, es importante que comprendas que todos tenemos hábitos o conductas que ejercen cierto poder sobre nosotros; algunas veces llegan a convertirse en verdaderas adicciones.
Todos sabemos que se puede perder la libertad por el alcohol, tabaco o algunas drogas, pero existen otras adicciones que tal vez nos estén afectando y no estemos reconociendo.
Es posible que, aunque hagas planes importantes, alguna conducta o hábito te impida realizarlos. Es muy recomendable que pienses un momento sobre eso que te impide hacer lo que quisieras hacer.
Es común que inicialmente se presente una fase en la que no se reconozca la adicción, en esa etapa a menudo son los demás que advierten sobre esa situación. Podría comenzarse negándolo y tratando de explicar que realmente no es una adicción, hasta que llegue a ser algo muy evidente, cuando se tiende a ocultarla.
Nada tiene el poder absoluto de convertirnos en adictos…a no ser que se lo permitamos. Aunque en determinadas circunstancias nos resulta muy difícil evitarlo.
El cerebro presenta mecanismos poderosos encargados de impulsarnos a hacer las acciones necesarias para la vida, como: comer, beber, descansar, tener sexo, aprender, explorar, etc. Para esos fines, cuando hacemos algo necesario, nos premia mediante neurotransmisores, por ejemplo, dopamina. El sentirnos bien aumenta las probabilidades de que repitamos esa acción.
Lamentablemente, disponemos de recursos modernos capaces de hacer que nuestro cerebro se incentive a buscar determinados estímulos, sin distinguir si son beneficiosos o dañinos.
La adicción es un fenómeno de aprendizaje y memoria, no solo de voluntad. En este proceso intervienen los circuitos de recompensa, especialmente aquellos que involucran el núcleo accumbens, la corteza prefrontal y la amígdala cerebral.
Hoy sabemos que la dopamina participa más en la motivación, la anticipación y el aprendizaje que en la experiencia directa del placer. Reduce ansiedad, produce alivio, distrae del dolor, genera excitación o aporta validación, todo esto estimula la repetición y el fortalecimiento de determinados circuitos cerebrales.
Una vez que un hábito se hace automático, lo hacemos sin pensar, por ejemplo: comer sin hambre, revisar innecesariamente el celular, comprar impulsivamente o dependencias sociales poco convenientes.
Entre las adicciones frecuentes podemos señalar: alcohol, tabaco, drogas, videojuegos, apuestas, pornografía, redes sociales, relaciones tóxicas, trabajo, comida y compras compulsivas.
Las adicciones tienden a producir el fenómeno de tolerancia, mediante el cual, llega un momento en que ya no producen la satisfacción que producían, pero resulta difícil apartarse. Ya no se busca placer, sino: aliviar ansiedad, escapar del vacío, evitar malestar y calmar abstinencia.
Como vimos, muchas conductas adictivas terminan manifestándose de forma automática, incluso cuando la persona ya no disfrute realmente de ellas. No buscan felicidad sino anestesia. Es importante descubrir cuál es el dolor que busca ser calmado.
La adicción no es cuestión de sustancias, sino de una necesidad de encontrar un atajo que haga salir de estados anímicos desagradables.
Algunas señales de que eres adicto: cuando lo que te ata te hace daño, pero no puedes dejar de buscarlo; cuando te quita tu libertad, cuando te impide desarrollar tu plan de vida y cuando tu impulso es más fuerte que tu voluntad. Cuando eso sucede, ya no eres libre, pero todavía podrías recuperar tu libertad. No es fácil, pero posible.
Algunos elementos aumentan tu vulnerabilidad, como: estrés, aburrimiento, rechazo, ansiedad, soledad o presiones sociales.
Apelar a la fuerza de voluntad en ocasiones es casi imposible, siendo la inteligencia un mejor recurso. Para poder elaborar una buena estrategia de acción, conviene no minimizar la adicción, pretendiendo que sea sencillo dominarla. El exceso de confianza suele preceder a las recaídas.
Lo primero es reconocer el problema y entenderlo lo mejor posible, las cadenas invisibles son difíciles de romper y las desconocidas son casi irrompibles.
Una vida sana nos ayuda a evitar las adicciones: alimentación adecuada, buena hidratación, dormir bien, ejercitarse, estudiar, trabajar y meditar.
Relaciones sociales adecuadas. En ocasiones es imprescindible cambiar de grupos sociales. La soledad en estos casos nos debilita y las buenas relaciones nos fortalecen. Las conexiones humanas ayudan muchísimo a reorganizar el cerebro emocional, así como los grupos de apoyo.
Buscar asistencia profesional puede ser decisivo para recuperar la libertad y reconstruir satisfactoriamente la propia vida.
La libertad no consiste en hacer todo lo que se nos antoje, sino en dejar de ser esclavos de lo que sabemos que nos destruye. La verdadera recuperación comienza cuando dejas de preguntarte ¿cómo dejo esto? Y empiezas a preguntarte ¿qué vacío estoy intentando llenar?
Parte de nuestras fortalezas es saber reconocer nuestras debilidades a tiempo.
Referencias:
Castellanos, N. (2025). El puente donde habitan las mariposas: Biosofía de la respiración. Siruela.
Echeburúa, E., & Corral, P. de. (2010). Adicción a las nuevas tecnologías y a las redes sociales en jóvenes: Un nuevo reto. Adicciones, 22(2), 91-96.
Volkow, N. D., Koob, G. F., & McLellan, A. T. (2016). Neurobiologic advances from the brain disease model of addiction. The New England Journal of Medicine, 374(4), 363-371. https://doi.org/10.1056/NEJMra1511480
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