Vienen las elecciones "intermedias" en noviembre en las que se juega nada más y nada menos que la mayoría del Senado y de la Cámara de Representantes. Con una mayoría demócrata en ambas cámaras podemos estar en vísperas de un posible juicio político contra el Presidente.

Muchas casas encuestadoras presentan un panorama poco favorable para el Presidente Trump y para el Partido Republicano: una encuesta de Reuters/Ipsos (25 de agosto) ubicó su aprobación en 33%, la más baja de todo su segundo mandato y una caída de 14 puntos desde el 47% con que arrancó en enero de 2025; otras encuestas más recientes, como Emerson College y Marquette University Law School, la sitúan algo más arriba, en 40%, pero igual de lejos de la aprobación mayoritaria. Muchos votantes indecisos se están decantando por un voto "anti Trump" más que por un voto demócrata.

Se eligen 35 de 100 senadores, y los 435 representantes de la Cámara. Realmente unos pocos casos "hipercompetitivos" deciden la balanza. Hablamos de 10-12 elecciones clave de senadores y un máximo de 45-50 elecciones clave de representantes. En estas elecciones se centra todo: reciben mucho más financiamiento local y nacional, mucha más atención de medios locales y nacionales, e incluso captan voluntarios de todo el país.

Mucho está en juego: la continuidad o no de la guerra, la continuidad o no de la política arancelaria con la que Trump "negocia" con otros países, el financiamiento del gobierno, el aumento de la deuda, la posibilidad de nominar jueces, entre muchos otros temas vitales.

Es más que posible que un Trump en minoría intente "saltarse" el Congreso en todo lo que pueda. Aun así, consciente de su relevancia emocional para sus seguidores, les advierte que "vienen por él". Un Trump en minoría también genera un escenario nuevo para los demócratas: si tienen la mayoría del Congreso, deben resolver el dilema de frenarlo sin obstruirlo todo.

En este contexto, la ortodoxia electoral indicaría que, con los números de opinión pública del Presidente en declive, la mejor estrategia para muchos candidatos a senadores y representantes sería "localizar" sus elecciones, es decir, intentar que no giren únicamente en torno a Trump, de tal manera de afianzar un "tú a tú" entre cada candidato y su oponente con discusiones locales/estatales y no solo nacionales.

Ese escenario no existe en la galaxia MAGA. Por eso, con Trump a la cabeza, se hizo la primera convención republicana pensada específicamente para elecciones intermedias —tradicionalmente reservadas a años presidenciales—. La convención de ayer sirvió para unificar la estrategia y el mensaje: defender a capa y espada los logros del Presidente y, muy especialmente, presentar a los demócratas como una amenaza radical para América: socialistas, comunistas y un largo etcétera.

La convención tuvo varios momentos memorables, incluida la aparición sorpresa —en video— del senador demócrata John Fetterman, de Pensilvania, quien se definió como "demócrata de sentido común" que "rechaza los extremos y el socialismo" y presentó a su colega republicano, el senador Dave McCormick, como "un gran amigo". El gesto no tuvo impacto electoral directo —la banca de McCormick no se disputa hasta 2030— pero funcionó como munición simbólica perfecta para la convención: la prueba viviente, según los republicanos, de que hasta los propios demócratas están preocupados por la radicalización de su partido. El Presidente también tuvo su gran momento al criticar y burlarse de algunos candidatos demócratas, con especial énfasis en Talarico, de Texas, a quien le dedicó varios minutos intentando posicionarlo como un candidato "anti carne" en un estado famoso por su cultura y devoción por la carne asada.

Pero la cereza del pastel fue la oferta del Presidente de que, si ganan los republicanos ambas cámaras, le daría US$ 5.000 a cada ciudadano adulto —el "dividendo Trump", como él mismo lo bautizó, comparándolo con una empresa que reparte ganancias entre sus accionistas—. El costo estimado de la medida ronda el billón de dólares (un trillion, en inglés), y no sería la primera promesa de este tipo que se queda en el papel: en 2025 Trump ya había prometido un "dividendo DOGE" de US$5.000 con los ahorros del recorte de gasto público, y también un reembolso arancelario de US$2.000, ninguno de los cuales llegó a pagarse.

Nadie se va a acordar de nada más de la convención. Los medios y las redes no pueden dejar de hablar de esto, en un nuevo episodio de "Trump define la agenda". ¿Es posible? ¿Es viable? ¿Es responsable financieramente? Cuando los demócratas regalan cosas son socialistas; cuando Trump lo hace, es porque tenemos una economía fantástica que lo permite.

El 3 de noviembre veremos si la propuesta fue un as bajo la manga, una genialidad estratégica, o un signo de desesperación que los votantes no creyeron.

Ricardo Amado Castillo

Consultor político

Profesor de la Maestría de Comunicación Política y Gobernanza Estratégica de The George Washington University (2012-2024). Profesor invitado de universidades en España, Argentina y México en campañas electorales y comunicación de gobierno. Consultor y asesor de estrategia y comunicación política con 20 años de experiencia, asesorando candidatos, partidos y gobiernos en Bolivia, Colombia, Ecuador, México, Panamá, Portugal, Puerto Rico, y República Dominicana. Dirige la firma AUTENTICIDAD, un equipo de + de 15 consultores especializados en Comunicación Política y Asuntos Públicos.

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