Ir a la guerra con Irán no fue una decisión popular en Estados Unidos. Pero en Israel el conflicto concita un apoyo abrumador: más del 80 por ciento de la población respalda la decisión de atacar. Nadie ha hecho más por defender la tesis de que Irán representa una amenaza existencial para Israel que el primer ministro Benjamín Netanyahu. Al día siguiente de los ataques aéreos iniciales sobre Teherán, se regocijó diciendo que la actual «combinación de fuerzas» —léase, la participación de EE. UU.— «nos permite hacer lo que he esperado hacer durante 40 años».
Pero la realidad es que la tan anhelada guerra de Netanyahu contra Irán no ha hecho más seguro a su país. De hecho, está poniendo en peligro la seguridad de Israel a largo plazo.
Hay dos razones principales para ello. La primera es que, durante décadas, la mayor garantía de la seguridad israelí ha sido un sólido apoyo bipartidista en Estados Unidos. Pero las acciones del Gobierno de Netanyahu —primero en Gaza y ahora en Irán— están erosionando ese respaldo.
La segunda razón es que la guerra contra Irán muestra todos los indicios de estar saliendo mal. La victoria rápida y decisiva de la que hablaron tanto Trump como Netanyahu no se ha materializado. En cambio, la guerra ha escalado de maneras que ni EE. UU. ni Israel anticiparon, con Irán cerrando de facto el estrecho de Ormuz.
Una guerra prolongada supone una amenaza directa para los soldados y civiles israelíes, como lo evidencian los misiles iraníes que impactaron en una localidad del sur de Israel durante el fin de semana. También dañará aún más la alianza crucial de Israel con Estados Unidos.
Los partidarios de Netanyahu argumentan que Irán representaba un riesgo existencial tan grave para Israel que el primer ministro no tenía más opción que ignorar otras cuestiones y actuar. Pero algunos de los principales analistas israelíes especializados en Irán cuestionan la idea de que el programa nuclear de la república islámica constituyera una amenaza inminente.
Danny Citrinowicz, exjefe de investigación sobre Irán de la agencia de inteligencia de defensa de Israel, sostiene que el anterior liderazgo iraní, ahora en gran parte muerto, estaba compuesto por actores «cautelosos y calculadores». Según se informó, habían señalado en las negociaciones que Irán estaba dispuesto a diluir significativamente sus reservas de uranio enriquecido, un componente crítico en el desarrollo de armas nucleares. En su opinión, «los negociadores estadounidenses parecían tener dificultades para comprender plenamente las implicaciones técnicas y estratégicas de esta oferta».
Analistas como Citrinowicz creen que la mayor amenaza estratégica a largo plazo para Israel no es Irán, sino la posible pérdida del apoyo estadounidense del que depende. La erosión de ese respaldo ya está en marcha.
Más estadounidenses con los palestinos que con los israelíes
El 27 de febrero, el día antes de que comenzara la guerra contra Irán, una encuesta mostró que, por primera vez desde que Gallup empezó a formular la pregunta, más estadounidenses simpatizaban con los palestinos que con los israelíes.
La brutal campaña de Israel en Gaza tras los ataques de Hamás de octubre de 2023 —que costó la vida a miles de civiles palestinos— ha impulsado ese cambio de opinión. Un candidato convencionalmente proisraelí tendrá ahora dificultades para ganar la nominación del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 2028. Gavin Newsom, ampliamente considerado como el favorito, se ha referido a Israel como un «Estado de apartheid».
Netanyahu se ha aliado desde hace tiempo principalmente con los republicanos. Pero un virulento sentimiento antiisraelí —que roza el antisemitismo declarado— se ha extendido ahora dentro del movimiento MAGA de Trump. Esos sentimientos se han visto potenciados por la guerra contra Irán y la renuncia de Joe Kent, jefe de contraterrorismo de la Administración Trump, quien acusó a Israel de manipular a Estados Unidos para involucrarlo en el conflicto.
Esa versión de los hechos es, en realidad, demasiado benévola con Trump. Es perfectamente posible que un presidente de EE. UU. rechace el llamado de un primer ministro israelí a la guerra con Irán. Barack Obama y Joe Biden hicieron exactamente eso. Trump cayó en la trampa. Una victoria rápida sobre Irán podría haber preservado o incluso reforzado la alianza entre EE. UU. e Israel. Pero si Estados Unidos se ve arrastrado a un atolladero que cuesta vidas estadounidenses y hunde la economía, la reacción contra Israel solo se intensificará.
Como resultado, ahora es perfectamente concebible que en la campaña presidencial de 2028 tanto el candidato demócrata como el republicano aboguen por recortar el apoyo a Israel. Eso sería un desastre estratégico para los israelíes, que durante mucho tiempo han dependido en gran medida del respaldo político y militar de Estados Unidos.
Desde el ataque de Hamás contra Israel, EE. UU. ha proporcionado a Israel más de 16 000 millones de dólares en ayuda militar directa, incluidas bombas, municiones y los interceptores de misiles que son cruciales para repeler los ataques iraníes.
La formidable maquinaria militar de Israel también le ha permitido a Netanyahu promover un mito peligroso: que la única vía hacia una seguridad duradera reside en la guerra.
Pero las victorias militares que Netanyahu presentó al público israelí como decisivas han resultado no serlo en absoluto. Hamás sigue atrincherado en Gaza. El asesinato de la cúpula de Hezbolá en 2024 no puso fin a la amenaza del grupo militante libanés, e Israel ha vuelto a librar una guerra de gran envergadura en el Líbano. Tras los ataques al programa nuclear iraní en junio pasado, Netanyahu proclamó una «victoria histórica» que «perduraría por generaciones». Y sin embargo, aquí estamos.
Netanyahu denuncia habitualmente a quienes han abogado por el diálogo con Irán y los palestinos como ingenuos incautos. En realidad, las vías políticas y diplomáticas son los únicos caminos viables a largo plazo para la seguridad de Israel.
El camino de Netanyahu es una receta para la guerra perpetua contra un telón de fondo de apoyo internacional a Israel en rápido declive, incluido el de Estados Unidos. Esa es una fórmula para el desastre.
(Gideon Rachman. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. Todos los derechos reservados. Por favor, no copie ni pegue artículos del FT ni los redistribuya por correo electrónico o publicación en la web).
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