Pocas tortas de cumpleaños han podido saber tan dulces como la que disfrutó Luiz Inácio Lula da Silva al cumplir 81 años dos días después de su reelección como presidente de Brasil.

Antes de la segunda vuelta electoral el 24 de octubre en Brasil, las encuestas de opinión le daban pocas probabilidades, y a Lula le costaba ocultar su desprecio por Flávio Bolsonaro, su oponente de 45 años. «Mentir es la especialidad de la familia Bolsonaro», afirmó durante el debate final. Si todas las carreras políticas terminan en fracaso, la de Lula parecía que iba a cerrarse de una manera especialmente amarga.

En cambio, protagonizó uno de los grandes resurgimientos de la política democrática moderna, al imponerse con el 52 por ciento de los votos frente al 48 por ciento de su contrincante. En la primera vuelta, celebrada a principios de octubre, Lula se encontraba 2,2 millones de votos por detrás de Bolsonaro —aliado del presidente estadounidense Donald Trump—; en la segunda y última vuelta, Lula ganó con una ventaja de 4,4 millones de votos.

El resultado consolidó la posición del exlíder sindical como un ícono global de la izquierda e impulsó a los oponentes de la derecha populista. Asimismo, ha colocado un obstáculo —del tamaño de Brasil— en el camino de la ambición de Trump por lograr el predominio en América Latina.

De cara a las elecciones de mitad de mandato en EE. UU. el 3 de noviembre, algunos observadores consideraban que la victoria de Lula anunciaría un cambio a nivel global. «El trumpismo podría estar perdiendo influencia en el mundo», señaló Anthony Pereira, profesor de estudios latinoamericanos en la Universidad de Tulane.

El año pasado, Lula reconoció que no tenía teléfono móvil; sin embargo, el giro electoral se vio impulsado, en parte, por el éxito en un entorno digital que, en los últimos años, ha estado dominado por la extrema derecha. Un legislador que tiene la mitad de su edad, André Janones, creó un canal de WhatsApp llamado «El ejército de Lula», fomentando tanto la participación como la asistencia a mítines multitudinarios.

Gracias a la energía incisiva de Janones y a los vídeos tipo selfi del candidato, la cuenta logró reunir cerca de 11 millones de seguidores, o sea, casi el 7 por ciento del electorado. Tras haber iniciado su trayectoria política organizando a trabajadores a las puertas de las fábricas en São Paulo, Lula concluyó su última campaña convirtiéndose en un creador de contenido viral para redes sociales.

Andre Pagliarini, autor de una biografía de Lula, afirma que un líder forjado en la política del siglo XX ha aprendido, en las últimas semanas, a adoptar las tácticas del siglo XXI. «Esta elección es su mayor triunfo», señala.

Lula también ha tenido la fortuna de ver cómo su rival socavó su propia posición política. Bajo investigación por lavado de dinero, Bolsonaro partió hacia EE. UU. en un avión privado el día después de las elecciones.

Desde Miami, difundió una carta extraordinaria en la que afirmaba, sin prueba alguna, que las elecciones habían sido robadas, y se comparó con el francés Charles de Gaulle, quien estableció un gobierno paralelo desde el exilio en Londres durante la guerra. (La primera versión de la carta se refería a «Brazil» utilizando la grafía inglesa en lugar de «Brasil», como se escribe en portugués, un detalle que desmiente su pretensión de ser nacionalista).

Al describirse a sí mismo como «el verdadero presidente electo», Bolsonaro hizo resurgir el fantasma de su padre, Jair, encarcelado el año pasado por conspirar para dar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula. Ni siquiera sus aliados más cercanos quisieron respaldarlo. «Flávio se está desahogando», señaló Rogério Marinho, el senador que dirigió la campaña de Bolsonaro.

La última semana no es más que un capítulo en una extraordinaria historia de vida que ha llevado a Lula desde la pobreza extrema en el árido noreste —y un trabajo infantil como limpiabotas— hasta ocupar la presidencia de Brasil durante cuatro mandatos.

En un error garrafal durante el debate final, Bolsonaro recordó a la audiencia los orígenes humildes de Lula al llamarlo «nueve dedos», una alusión insensible a un accidente sufrido en una fábrica metalúrgica cuando era adolescente. «O trabajaba o no comía», replicó Lula.

Pagliarini, un profesor en Louisiana State University, señala que el intercambio ayudó a la campaña a «dejar de tratar la historia de Lula como un monumento y convertirla en una narrativa con la que la gente se puede identificar».

Si la historia personal de Lula parece una película de Hollywood, su gestión en el poder resulta más compleja. Sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, constituyeron uno de los periodos más exitosos de la historia moderna de Brasil, con una economía impulsada por el auge de las materias primas. Lula amplió los programas sociales, sacando a millones de personas de la pobreza.

No obstante, las políticas que adoptó hacia el final —y que fueron continuadas por su sucesora elegida, Dilma Rousseff— contribuyeron a provocar una de las recesiones más profundas de las que se tiene registro.

Al mismo tiempo, el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula se vio en el centro de un escándalo de corrupción multimillonario que implicaba el pago de sobornos en empresas estatales. A partir de 2018, Lula pasó 580 días en prisión por corrupción, aunque la condena fue posteriormente anulada por el Tribunal Supremo.

En su fiesta de cumpleaños, Lula aprovechó la ocasión para burlarse de Bolsonaro por haber huido del país. «Decidí entregarme a la Policía Federal porque quería desenmascarar a mis acusadores y demostrar mi inocencia», afirmó.

Al regresar al cargo en 2023, su tercer mandato trajo sólidos aumentos en los ingresos y una baja tasa de desempleo, a costa de elevados déficits y niveles de deuda crecientes.

Tras su sorprendente cuarta victoria, las acciones brasileñas cayeron un 14 por ciento al día siguiente, una advertencia sobre una posible crisis de confianza en los mercados.

En el plano político, su victoria le brinda una oportunidad. Con Bolsonaro aislado, Lula tiene la posibilidad de dividir a la derecha. Pero para ello necesitará usar toda la destreza que ha acumulado a lo largo de más de cinco décadas de vida pública. Los partidarios más leales de Bolsonaro buscarán venganza desesperadamente. Y es posible que la Administración Trump tenga interés en desacreditar las credenciales democráticas de Brasil.

«Tras el gran entusiasmo, el bando de Lula no debería hacerse ilusiones», señala Pagliarini. «El cuarto mandato será una lucha».

Geoff Dyer y Michael Pooler. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.

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