Los resultados educativos de España cayeron a su nivel más bajo desde que comenzó a publicarse el informe PISA, la evaluación internacional organizada por la OCDE para medir las competencias de estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias.
En la edición 2025, España obtuvo 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias, cifras inferiores al promedio general de los países de la OCDE, que se situó en 461, 463 y 482 puntos, respectivamente.
La caída se produce respecto a la evaluación de 2022, cuando el país ya había registrado malos resultados. En comparación con esa edición, España perdió 23 puntos en comprensión lectora, 16 en matemáticas y 8 en ciencias.
De acuerdo con la OCDE, una diferencia de aproximadamente 20 puntos equivale, de forma estimada, a un curso escolar, lo que refleja la magnitud del retroceso en algunas competencias.
Una caída por debajo del promedio de la OCDE
El informe PISA 2025 evaluó a más de 760,000 estudiantes de 15 años en 91 países y economías, en una medición que también confirma un deterioro más amplio del rendimiento académico en los países desarrollados.
La OCDE advirtió que los resultados promedio en lectura y matemáticas han descendido de forma sostenida durante la última década. Entre 2015 y 2025, la puntuación media en lectura cayó 28 puntos en los países miembros, mientras que matemáticas bajó 22 puntos.
Aunque la tendencia es global, el descenso español figura entre los más pronunciados del entorno desarrollado. En lectura, España queda 10 puntos por debajo del promedio de la OCDE; en matemáticas, 6 puntos por debajo, y en ciencias, 5 puntos por debajo.
Más estudiantes por debajo del nivel mínimo
Uno de los datos que más preocupa es el aumento de alumnos que no alcanzan el nivel mínimo de competencia en lectura y matemáticas.
En España, cerca de un tercio del alumnado evaluado no llega al nivel básico en esas áreas. En matemáticas, el porcentaje subió de 27 % en 2022 a 33 % en 2025, mientras que en lectura pasó de 24 % a 32 %.
Esto significa que una parte importante de los estudiantes presenta dificultades para resolver problemas matemáticos sencillos, interpretar información básica o identificar la idea principal de un texto de complejidad moderada.
También es baja la proporción de alumnos con resultados excelentes. En lectura, apenas 2 % de los estudiantes españoles alcanza los niveles más altos, frente al 6 % del promedio de la OCDE. En matemáticas, la proporción es de 4 %, frente al 8 % de la OCDE.
Japón, Corea y Estonia se mantienen arriba
A pesar del retroceso general, los sistemas educativos asiáticos y algunos europeos continúan ocupando los primeros lugares.
A nivel global, Singapur sigue entre los mejores desempeños del informe, mientras que Japón y Corea se mantienen en posiciones destacadas dentro de la OCDE. Estonia e Irlanda también figuran entre los países europeos con mejores resultados, según la competencia evaluada.
Sin embargo, incluso algunos de los países tradicionalmente fuertes en PISA registraron descensos en esta edición, lo que refuerza la alerta de la OCDE sobre una baja sostenida en habilidades básicas.
Pantallas, concentración y disciplina
Entre los factores señalados por los análisis del informe figuran la reducción del hábito de lectura por disfrute, las dificultades para mantener la concentración, el deterioro de la disciplina en las aulas y el impacto del uso intensivo de pantallas en estudiantes que crecieron rodeados de teléfonos inteligentes.
También se menciona el aumento de la diversidad en los centros educativos sin los recursos suficientes para atenderla adecuadamente, así como la necesidad de reforzar personal docente y de apoyo.
En el caso español, el Gobierno había anunciado tras los resultados de 2022 un plan de refuerzo en lectura y matemáticas, pero su aplicación se vio limitada por dificultades presupuestarias y por tensiones con comunidades autónomas, que tienen competencias educativas.
Los nuevos resultados vuelven a colocar el debate educativo en el centro de la agenda pública, en un momento en que los países desarrollados enfrentan el desafío de recuperar competencias básicas en una generación marcada por cambios tecnológicos, sociales y de hábitos de aprendizaje.
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