Minutos después de que Carlos III se despidiera de Donald Trump en la Casa Blanca, el presidente, fiel a su estilo, anunció vía Truth Social que, “en honor” a los reyes, eliminaba los aranceles y restricciones al whisky, la industria escocesa por excelencia y fundamental para la economía británica, cuyas exportaciones a Estados Unidos bajaron un 15% desde que el propio Trump les impusiera tarifas.
“¡El rey y la reina consiguieron que hiciera algo que nadie más había podido hacer, casi sin pedírmelo! Un gran honor tenerlos a ambos en Estados Unidos”, resaltó Trump en su cuenta de Truth Social.
Y sin duda, es un regalo para la economía británica. Estados Unidos es el principal cliente del whisky escocés, con un valor de 1.200 millones de dólares al año.
El rey celebró con “sincera gratitud” este “cálido gesto que hará una importante diferencia para la industria británica”
El “gesto” de Trump, tras la pompa, el lujoso banquete y el protocolo de la visita oficial del rey Carlos III y su esposa, Camila, a Estados Unidos, parece haber logrado su objetivo o por lo menos, de manera temporal: limar asperezas entre Londres y Washington.
Este fue, sin duda, por la sensibilidad e importancia, uno de los compromisos más significativos que ha tenido Carlos III en su reinado de casi cuatro años.
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"Todo un éxito"
“La visita fue todo un éxito”, afirma Tim Oliver, director del Institute for Diplomacy and International Affairs de la Loughborough University London.
“El rey y la reina recordaron a los líderes estadounidenses, especialmente al Congreso y al presidente, no solo los beneficios de la relación con el Reino Unido, sino también la importancia de las relaciones con el resto del mundo democrático y la necesidad de defender los valores compartidos. El rey lo hizo con una compostura que suele estar ausente en la política estadounidense”, sostiene Oliver a France 24.
La experta en monarquía Laura Pérez Cisneros coincide en que esta visita fue un triunfo para los británicos.
“Carlos dio una cátedra magistral de cómo el llamado “soft power” -a veces desdeñado por algunos-, puede tener la capacidad de limar y descongelar relaciones como fue el caso, sobre todo porque el monarca supo aplicarlo con un presidente como Trump, que no escucha, que no negocia y que está acostumbrado solo a mandar”, resalta Pérez Cisneros.
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’Los royals', el verdadero as bajo la manga
La visita arrancó con el temor por la seguridad del monarca, luego del tiroteo en la cena de corresponsales en Washington del sábado 25 de abril.
Mientras la capital estaba blindada con extremas medidas de seguridad, el rey muy sutilmente se encargaba de poner sobre la mesa los intereses británicos que estaban en juego con la tensión bilateral.
Y es que casi sin que se notara, el efecto de la familia real, que es el más poderoso y más influyente activo del Gobierno británico, especialmente si se trata de la relación con Donald Trump, empezó a dar frutos.

Un Trump sonriente, evidentemente emocionado, contó, incluso, que su mamá “estaba enamorada de él (Carlos)”.
Más allá de las anécdotas, el rey, con el encanto natural de liderar la monarquía más famosa del mundo y con una historia familiar de más de mil años, logró lo que los políticos no han podido: acercar a Trump a los intereses británicos, por lo menos temporalmente.
El rey no solo ‘conquistó’ al presidente sino a empresarios, claves en los planes del primer ministro, Keir Starmer, para reactivar la economía, y a personalidades en los Estados Unidos.
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¿Un discurso muy político?
El rey, en esencia, no tiene opiniones políticas, por lo menos públicas, y debe evitar asuntos controversiales para evitar polémicas. Su figura es sinónimo de unidad más que de división.

Sin embargo, comentaristas y expertos en monarquía coincidieron en que el discurso ante el Congreso de Estados Unidos, por el que fue ovacionado por lo menos en doce oportunidades, fue el más político de su reinado.
Además, Carlos eligió dar su discurso más político en un escenario fundamental que, aunque tenía como público principal los congresistas y el público de Estados Unidos, terminó convirtiéndose en un mensaje de resonancia global.
En esta intervención, calificada como “histórica”, habló claramente sobre la importancia de defender la OTAN, en momentos en que Trump justamente arremete contra sus aliados al otro lado del Atlántico por no unirse a la guerra en Medio Oriente.
También resaltó la importancia que tiene el apoyo de Estados Unidos para que Ucrania salga victoriosa de la guerra contra Rusia.
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Otro punto que es considerado como una crítica vedada a Trump, Carlos, un naturalista y defensor del medio ambiente por años, también utilizó su influencia para hablar de la importancia de proteger el medio ambiente.
“Al mirar hacia los próximos 250 años, también debemos reflexionar sobre nuestra responsabilidad compartida de salvaguardar la naturaleza, nuestro bien más preciado e irremplazable", afirmó el rey.
“El rey supo deslizar la invasión a Ucrania y recordó que no se puede dejar sola a esa nación. Calló la boca indirectamente al presidente Trump al defender a la OTAN, recordar que el organismo internacional estuvo para EE. UU. en los atentados del 11-S y, sin ser parte oficialmente de la UE (tras el Brexit), Reino Unido hizo equipo con sus aliados europeos”, afirma Pérez Cisneros.
El monarca también destacó la importancia de mantener la relación transatlántica estrecha y consolidada en el pasado, presente y futuro.
“Ante cualquier diferencia, cualquier desacuerdo, permanecemos unidos en nuestro compromiso de defender la democracia, proteger a todos nuestros ciudadanos y rendir homenaje a la valentía de quienes arriesgan sus vidas a diario al servicio de nuestros países”, resaltó el monarca.
De esa faceta más política de Carlos, que se empezó a develar en Washington, el presidente Trump, sin perder su estilo, contó en el banquete de Estado ofrecido a los reyes que el monarca, “incluso más que él mismo”, creía que Irán no debería poder desarrollar armas nucleares.
Horas después, ante lo controversial del comentario, voceros del Palacio de Buckingham matizaron la revelación del presidente asegurando que “el rey, naturalmente, tiene presente la postura de larga data y bien conocida de su gobierno sobre la prevención de la proliferación nuclear”.
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El encanto de Carlos III para Trump
“Era predecible, por supuesto, que Trump se deshiciera en halagos sobre las buenas relaciones, no solo porque es lo que suele ocurrir en cualquier visita de Estado, sino porque le gusta la realeza en todas sus formas y, especialmente, la Casa de Windsor. Sin embargo, no olvidemos que es probable que en pocos días se haya olvidado por completo de la visita y no le importe lanzar quejas e insultos contra el Reino Unido o Keir Starmer”, sostiene Oliver.
En el medio está la "relación especial" entre el Reino Unido y Estados Unidos, una alianza histórica y profunda, forjada desde la Segunda Guerra Mundial y consolidada por la cooperación.
Aunque el rey logró bajar los ánimos tensos entre Washington y Londres, no hay certeza de que las causas de las molestias, esencialmente ideológicas, hayan desaparecido de manera definitiva, ni que Donald Trump priorice las relaciones bilaterales cuando estas sean un palo en la rueda para sus intereses.
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