Donald Trump quiso tomar este 20 de enero el escenario para defender su primer año de gestión en el regreso a la Casa Blanca. Aunque se esperaba que el balance estuviera a cargo de la secretaria de Prensa Karoline Leavitt, fue el presidente quien apareció sorpresivamente ante los medios para cumplir la tarea.
En medio de una enumeración caótica, mezcló logros matemáticamente imposibles, como la reducción de 600% en los precios de los medicamentos, con otros conseguidos a medias, al decir que “los han liberado a casi todos”, refiriéndose a los considerados presos políticos en Venezuela, pese a que las organizaciones de derechos humanos hablan de poco más de 10%.
Repitió sus habituales congratulaciones por la reducción de una inflación récord, que en realidad ni era inédita ni ha mermado, por el veto a “los hombres en el deporte femenino” (refiriéndose a las atletas trans) y por el blindaje de las fronteras, con sus consignas regulares sobre países que “vaciaron sus instituciones mentales” para infiltrar a Estados Unidos con “lo peor de lo peor”.
Pero también matizó, al decir que ahora (desde la captura del presidente Nicolás Maduro en una audaz operación el 3 de enero) está “amando a Venezuela” y señalar que “no estamos buscando a la gente que trabaja en cocinas y hoteles, estamos sacando a los criminales”, aunque la realidad es que las redadas antinmigración siguen sin discriminar entre unos y otros.
Trump defendió su decisión de “recortar a los burócratas de la nómina federal”, afirmando que durante la Administración de Joe Biden uno de cada empleos “no eran trabajos reales”, sino puestos artificialmente mantenidos dentro de las agencias federales.
“Heredamos un desastre, un país que estaba roto, y ahora el cuadro es hermoso”, sostuvo durante un monólogo de 80 minutos en el que saltó de un tema a otro, antes de permitir una ronda de preguntas.
¿Groenlandia “por las buenas”?
Trump volvió también a su ‘leit motiv’ de los últimos días: el hecho de no haber recibido el Premio Nobel de la Paz, a pesar de haber “terminado ocho guerras”.
Advirtió a un periodista que “no dejes que nadie te diga que Noruega no controla” el otorgamiento, cuando se le recordó que éste está a cargo de un comité independiente.
No evadió el tema de sus apetencias por la anexión de Groenlandia, pero esta vez se refirió al respecto con un discurso “domesticado”.
Por una parte, prometió que sus ciudadanos “estarán encantados” de ser parte de Estados Unidos cuando hable con ellos.
Por otra, anticipó “muchas reuniones” al respecto en el marco de su participación en el Foro Económico de Davos, aunque repitió que no tiene intenciones de participar en la cumbre del G7 convocada por el presidente francés Emmanuel Macron.
Y lo más importante: aseguró que encontrará una solución sobre el territorio ártico de soberanía danesa que dejará “contenta a la OTAN, ya lo verán”, aunque reiteró la “necesidad” de poseer la isla “para la seguridad nacional e incluso para la seguridad mundial”.
La promesa incluyó la posibilidad de introducir un camino diferente al de la presión arancelaria, en caso de que la Corte Suprema decida limitar sus cartas en la guerra comercial. "Tendremos que usar otra cosa, echaría un vistazo a la palabra licencias, miraría otras cosas", anticipó.
Petróleo sí, Maduro no, Machado tal vez
Consultado sobre el papel de la ganadora del Premio Nobel de la Paz, la lideresa venezolana María Corina Machado, en una eventual transición, el magnate republicano mostró su disposición a “involucrarla de alguna manera”.
Sin embargo, reconoció que la interlocución con las autoridades a cargo en Venezuela ha marchado bien, y que la presidenta encargada Delcy Rodríguez y sus funcionarios “han estado colaborando con nosotros de maravilla, ha sido un placer”.
Informó que su administración ha “sacado 50 millones de barriles de petróleo de Venezuela en los primeros cuatro días” para venderlo “en el mercado abierto”.
“Nos quedan millones de barriles de petróleo. Estamos bajando los precios del petróleo", celebró.
A la pregunta de un periodista sobre si estaría interesado en reunirse con Maduro para indagar más sobre las denuncias de una presunta participación de Venezuela en el “robo” de las elecciones estadounidenses de 2020, Trump respondió que “no creo que lo haga”, agregando que “mis abogados estarían muy descontentos”.
Igualmente evasivo fue al responder a otras consultas sobre temas de influencia internacional de Estados Unidos, al apelar al “potencial de la ONU” para la integración de la “Junta de Paz” que regiría Gaza como parte de su plan de paz, que, por su parte, ha incluido por igual invitaciones a Vladimir Putin, Volodímir Zelenski y hasta a Benjamin Netanyahu.
O, por ejemplo, al responder vagamente que “me caen bien los kurdos y estamos intentando protegerlos”, cuando se le preguntó sobre la situación de esa minoría en Siria.
Con Reuters y medios locales
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