La delegación diplomática iraní, encabezada por el ministro de Exteriores de la República Islámica, Abbas Araqchi, llega a Ginebra, Suiza, entre la expectativa y el temor. El jueves, la tercera ronda de diálogos nucleares indirectos con Estados Unidos, mediados por Omán, podría ser la última. Bien con un acuerdo bajo el brazo, o bien a las puertas de un posible ataque militar estadounidense sobre el país persa. Los dos ciclos previos de diálogos fueron “productivos”, según las partes, pero no desembocaron en nada concreto.
En la víspera, el presidente Donald Trump, bajo la atenta mirada del Congreso estadounidense y todas las cámaras de televisión, afirmó en su discurso sobre el estado de la Unión que nunca dejará a Irán fabricar una bomba atómica. No obstante, habló de la diplomacia como primera opción:
“Mi preferencia es resolver este problema por la vía diplomática. Pero una cosa es segura: nunca permitiré que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo —que lo es, con mucha diferencia— tenga un arma nuclear. Eso no puede ocurrir”, dijo el republicano.
Entre la palabra y la amenaza, el presidente de Estados Unidos repitió en el Capitolio que los ataques con bombarderos B-2 del pasado 22 de junio de 2025 contra tres plantas nucleares iraníes -Fordow, Natanz e Isfahán- “aniquilaron” el programa nuclear del régimen de los clérigos chiítas. Entonces, ¿por qué Trump baraja un nuevo ataque militar y despliega el mayor arsenal cerca a las costas de Irán en varias décadas?
Los enviados especiales de la Administración estadounidense para explorar la vía diplomática son los empresarios Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump.
Sobre la mesa, las supuestas armas nucleares que Teherán tiene capacidad de fabricar en poco tiempo dado el uranio enriquecido al 60% de pureza que posee, según las instituciones internacionales de energía atómica, como el OIEA. Algo que desde Irán niegan reiteradamente, señalando que sus aspiraciones nucleares únicamente tienen fines civiles y pacíficos.
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También Estados Unidos buscaría minimizar el programa de misiles iraníes, una aspiración compartida -o liderada- con su aliado israelí Benjamin Netanyahu. Y un tercer punto sería la financiación que Irán aporta a los grupos hostiles con Tel Aviv y Washington, como Hezbolá en Líbano. Desde Irán, subrayan que la negociación debe versar únicamente sobre el plano nuclear.
Antes de la esperada alocución nacional de Donald Trump, el ministro de Exteriores iraní, Araqchi, publicó varios posts en la red social X abordando los diálogos en curso: “Un acuerdo está al alcance de la mano, pero solo si se da prioridad a la diplomacia” remarcó el titular iraní, que añadió: “Irán reanudará las conversaciones con Estados Unidos en Ginebra con la determinación de alcanzar un acuerdo justo y equitativo en el menor tiempo posible”.
1/4 Pillared on the understandings forged in the previous round, Iran will resume talks with the U.S. in Geneva with a determination to achieve a fair and equitable deal—in the shortest possible time.
— Seyed Abbas Araghchi (@araghchi) 24 de febrero de 2026
El tono posterior a las palabras del presidente republicano, no obstante, varió dentro del Ejecutivo de Teherán. Por una parte, el portavoz de Exteriores calificó las afirmaciones de Trump de “mentiras” y comparó su discurso con la propaganda nazi.
“Los mentirosos profesionales son expertos en crear la ilusión de la verdad. ‘Repite una mentira con suficiente frecuencia y se convierte en verdad’, es una ley de propaganda acuñada por el nazi Joseph Goebbels. Esta ley es utilizada sistemáticamente por el Gobierno estadounidense y los especuladores de guerra que rodean a los EE. UU., en particular el régimen israelí genocida, para impulsar su siniestra campaña de desinformación contra la nación iraní”, señaló Esmaeil Baqaei en redes sociales este miércoles.
El martes, también Trump sostuvo que durante las reprimidas protestas antigubernamentales de enero, consideradas las más violentas desde la Revolución Iraní de 1979, el régimen mató a 32.000 manifestantes, un dato que según las estimaciones de organizaciones de Derechos Humanos es exagerado, aunque la cifra ascienda a aproximadamente unas 7.000 ejecuciones.
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Sin embargo, el presidente del país persa, Masoud Pezeshkian, moderó su retórica tras los comentarios de Trump y dijo este miércoles a medios estatales que “en lo que respecta a las conversaciones, vislumbramos perspectivas favorables” y “bajo la dirección del líder supremo, Alí Jamenei, nos esforzamos por gestionar este proceso para salir del bloqueo del ‘ni guerra ni paz’”, afirmó.
Del otro lado, el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, en entrevista con ‘Fox News’ volvió a reiterar que la búsqueda está en encontrar un “acuerdo razonable para que Irán no tenga un arma nuclear”. “Hemos sido absolutamente claros y tenemos la esperanza de poder llegar a una buena resolución sin recurrir al uso de la fuerza militar, pero si tenemos que usarla, el presidente, por supuesto, también tiene ese derecho”, describió Vance.
En paralelo, la presión abarca otros flancos. Antes de lo que ocurra en Suiza, y posterior al discurso de Trump, este miércoles el Departamento del Tesoro impuso nuevas sanciones contra individuos, varias entidades y buques petroleros iraníes.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro (OFAC) sancionó a más de 30 personas, entidades y embarcaciones que habrían facilitado ventas ilícitas de petróleo iraní y la producción de misiles balísticos y armamento convencional avanzado. Asimismo, se impusieron sanciones económicas a otras redes que permitirían a la Guardia Revolucionaria Iraní y al Ministerio de Defensa de Teherán adquirir insumos para la fabricación de misiles balísticos.
El ‘Grupo de los 8’, informado sobre Irán
Horas antes del discurso del Estado de la Unión, el secretario de Estado, Marco Rubio, lideró una reunión informativa con el llamado ‘Grupo de los 8’ (‘Gang of 8’) para abordar la situación con Irán. En el grupo se encontraban líderes bipartidistas del más alto rango legislativo y las cabezas del Comité de Inteligencia del Congreso. Según medios estadounidenses, el jefe de la CIA, John Ratcliffe, también estuvo presente.
Tras las discusiones, Chuck Schumer, titular de la minoría demócrata en el Senado, remarcó de manera escueta a la prensa, sin dar más detalles: “Esto es serio. La Administración debe exponer sus argumentos ante el pueblo estadounidense”.
En frente, el grupo de los senadores republicanos, posteó un breve comunicado en X tras la reunión: “Los líderes de Irán conocen las consecuencias de perseguir las armas nucleares. No deberían repetir errores del pasado”.
Este ‘Grupo de los 8’ no fue informado previamente en junio tras los ataques estadounidenses contra las plantas nucleares iraníes, pero sí fue convocado el pasado 5 de enero, posterior a la captura y detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro, tras una operación militar de las fuerzas especiales estadounidenses en Caracas el 3 de enero.
Como dato curioso, el expresidente demócrata Barack Obama llamó al ‘Grupo de los 8’ en 2011 antes de los ataques en Abbottabad, Pakistán, que condujeron al asesinato del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.
Entre los legisladores, especialmente los demócratas, hay temores de que Donald Trump, ante un eventual ataque, se salte los Poderes de la Guerra que emanan del Congreso, el poder del Estado que tiene la facultad exclusiva de declarar la guerra a otro país.
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Despliegue militar masivo de EE. UU. en Medio Oriente
Al margen de la supuesta apuesta por la diplomacia liderada por Donald Trump y de las reuniones a puerta cerrada entre los líderes de la política estadounidense, en terreno el tono también se eleva.
La “armada” que el republicano presume que ha desplegado frente a las costas iraníes se robustece día tras día, protagonizada por dos portaaviones: el USS Abraham Lincoln y el más grande del mundo, el USS Gerald Ford, que se ha trasladado desde las costas del Caribe hasta el Medio Oriente.
Según un funcionario de la Marina estadounidense, que habló bajo condición de anonimato con la agencia de noticias ‘Associated Press’ (AP), al menos 16 buques de guerra serán desplegados adicionalmente. Y de acuerdo con otro funcionario, 12 cazas furtivos F-22 se trasladaron a una base en Israel como posible refuerzo.
En tanto, imágenes satelitales de ‘Planet Labs PBC’ analizadas por AP parecen confirmar que buques estadounidenses que en una situación regular estarían atracados en Bahréin, sede de la Quinta Flota de la Marina de EE. UU., se encontraban todos en alta mar. Algo que no ha confirmado el Ejército de Washington.
El arsenal militar estadounidense en la región del Medio Oriente está a niveles previos a la invasión a Irak en 2003, según fuentes del ‘Washington Post’, y por encima del despliegue realizado previamente a los ataques de junio pasado. Asimismo, expertos consultados por el medio, sugerirían una campaña de ataques de varios días, sin una invasión terrestre.
Desde el pasado lunes, relata asimismo la investigación del ‘Post’, más aeronaves de guerra ya están a bordo del USS Gerald Ford, que habría sido visto a inicios de semana frente a la costa de Creta, la isla griega.
Otros analistas sugieren que la magnitud del despleigue se podría comparar a la Operación Zorro del Desierto de 1998, cuando Estados Unidos y Reino Unido bombardearon Irak durante cuatro días después de que Saddam Hussein se negara a cumplir las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre la inspección de armas.
En medio de la amenaza, el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, confirmaba el pasado fin de semana que el presidente Trump estaba, de alguna manera, frustrado de que Irán no hubiera “claudicado” a los deseos del magnate pese a toda la escalada y traslado de armamento militar. Desde Teherán, señalaron que “la palabra claudicar no se encuentra en el vocabulario iraní”. De hecho, han llevado a cabo maniobras militares con fuego real en el estrecho de Ormuz, un enclave estratégico para el comercio de petróleo y gas a escala mundial que controla parcialmente Teherán, y han alertado que cualquier base estadounidense en Medio Oriente será objetivo militar en caso de agresión.
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Crecen los temores de la guerra
La dualidad de Donald Trump respecto a Irán no es nueva. En 2015, Irán, Estados Unidos y países europeos firmaron un acuerdo nuclear que redujo significativamente el programa iraní, permitía inspecciones reguladas a las plantas nucleares y garantizaba un enriquecimiento de uranio por debajo del 5% de pureza. En 2018, durante su primer mandato, el presidente republicano hizo saltar por los aires el acuerdo y se retiró unilateralmente del pacto. Ahora, buscaría algo semejante a lo que dijo “no” hace ocho años.
Asimismo, entre abril y junio de 2025, el mismo equipo diplomático de lado y lado, con la misma mediación de Omán, sostuvo hasta cinco rondas de diálogo para intentar alcanzar dicho acuerdo. Y en el marco de la llamada ‘Guerra de los 12 días’ entre Israel e Irán, Trump dinamitó el ejercicio diplomático con ataques al programa nuclear de la República Islámica.
Por eso, la desconfianza y los temores de un conflicto bélico aumentan entre la población civil iraní, muchos de ellos golpeados por las sanciones económicas, la represión del régimen y los rescoldos de la reciente campaña militar en el país que dejó miles de muertos y afectaciones. Temen que una guerra con Estados Unidos supere al sangriento conflicto con Irak en los años 80 que, no obstante, despertó una ola patriótica. Algo que desde Washington no sería deseable.
Ahora el contexto es diferente y el país está fracturado entre quienes defienden el régimen de los ayatolás y quienes sienten que la Revolución del 79 ya no existe y burlan la censura, los cortes de internet y el bloqueo económico como pueden.
“Recuerdo muchas situaciones malas, pero ni siquiera durante la guerra Irán-Irak era así”, dijo Hassan Mirzaei, un taxista de 68 años a la agencia AP. “Estoy en shock, sin ninguna esperanza, especialmente cuando se habla de guerra”. Y añadió: “Tengo dos nietos huérfanos y necesito trabajar para darles de comer”.
“Luchamos contra Irak durante ocho años, pero era un país de nuestro mismo nivel. Ir a la guerra contra Estados Unidos, Israel y la OTAN tendría consecuencias muy horribles e imprevisibles”. “¿Qué podemos hacer?”, concluyó. “No podemos abandonar nuestro país”.
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*Con información de AP, Reuters, medios estadounidenses e iraníes
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