Una imagen del emblemático Tío Sam señala al frente con la frase “Estados Unidos te necesita”. Más abajo, se agrega que el país “ha sido invadido por criminales y depredadores. Necesitamos que TÚ los saques”. En letras más pequeñas se aclara: “No necesitas un título universitario”.

Esta es la campaña de reclutamiento en el portal oficial del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), con la que la agencia elevó a cifras sin precedentes su personal, sumando 11.751 nuevos oficiales en cuatro meses.

De acuerdo con cifras del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), del que depende ICE, las nuevas contrataciones significan un incremento de 120% en la nómina y se producen luego de haber recibido 220.000 solicitudes, bien sea en línea o en las agresivas campañas de reclutamiento desarrolladas en ferias de empleo en todo el país.

La cifra de aspirantes podría no ser del todo exacta, porque en los formularios de aplicación había cuatro categorías de empleos posibles y varios candidatos se apuntaban a todas.

Funcionarios de ICE han dicho bajo anonimato a varios medios que creen que la cifra real es de 50.000 postulados, lo que significa que uno de cada cinco ha tenido éxito, una proporción que no refleja una selectividad muy estricta.

Ninguna fuerza, ni bajo Trump ni en gobiernos anteriores, ha crecido de la forma en que lo ha hecho ICE, en línea con los objetivos de la “mayor deportación masiva de la historia”: 3000 arrestos al día, un millón de expulsiones al año.

Son metas que marcan en gran medida la acción de los enmascarados del ICE, que solo en la operación Metro Surge de Minnesota dejó dos ciudadanos estadounidenses muertos, varios migrantes heridos de bala y escenas de agentes agrediendo a manifestantes o irrumpiendo en casas para sacar a detenidos sin abrigo en medio de la nieve invernal.

¿Cuál es el perfil de estos hombres? ¿Qué beneficios contractuales han apuntalado el éxito de la campaña de reclutamiento? ¿Con qué criterios se elige a los nuevos oficiales? ¿Cuál es el presupuesto de ICE?

Estos son algunos datos sobre la todopoderosa agencia que ha sido la punta de lanza en la ofensiva antinmigración de Donald Trump:

El perfil de los “buenos hombres”

Las campañas de reclutamiento han estado dirigidas a tres categorías de candidatos: nuevos hombres, sin formación de ningún tipo, oficiales de otras fuerzas de aplicación de la ley, como departamentos de Policía locales, y funcionarios jubilados que regresan con nuevas condiciones laborales, sin dejar de recibir los beneficios de su jubilación.

El llamado ha atraído a veteranos que quieren volver a sentir que sirven a su país, a hombres que buscan un nuevo propósito después de fracasos personales, pero también a jóvenes convocados simplemente por jugosas ofertas que incluyen un bono de contratación de hasta 50.000 dólares.

Jonathan Ross, el oficial responsable de la muerte de Renee Goods, pertenece a la primera categoría. Es un veterano condecorado que pasó un año destacado en Irak, donde se especializó como ametrallador en combate, y una vez de baja pasó a trabajar con la patrulla fronteriza (CBP), recopilando información sobre tráfico de drogas y personas.

Pero no es de los nuevos. Se unió a ICE hace más de 10 años, luego de un periodo como parte de la Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo del FBI.

Mucha de la fuerza de ICE incluye a oficiales latinos. Un estudio de la Universidad de Notre Dame durante la primera presidencia de Trump reveló que había dos latinos por cada afroamericano y cuatro por cada oficial de origen asiático trabajando en la agencia.

La investigación conducida por el profesor David Cortez incluyó encuestas sobre las motivaciones, y la mayoría de los consultados descartaron que se hubiesen unido a ICE porque renegaran de sus raíces o porque estuvieran movidos por un sentimiento antinmigrantes, sino simplemente porque buscaban estabilidad económica.

Se desconoce si esa proporción se mantiene luego de las campañas de reclutamiento que han duplicado el personal de la agencia en la segunda presidencia de Trump.

Una vara más baja para los recién llegados

Tres requisitos elementales forman el primer umbral para sumar nuevos hombres y mujeres: los candidatos se someten a un examen de orina para descartar el uso de drogas, pasan por una prueba de aptitud física y aceptan que sus antecedentes sean verificados.

Incluso ese filtro inicial podría tener fallas, como lo demostró la periodista del portal 'Slate', Laura Jedeed, quien lo puso a prueba al postularse en una feria de empleos en Texas.

Veterana con experiencia en Afganistán antes de dedicarse al periodismo, Jedeed no solo se las arregló para saltarse las tres verificaciones antes de una breve entrevista de seis minutos, sino que recibió una oferta de empleo.

Lo logró a pesar de su amplia presencia en línea exhibiendo posiciones contrarias a la Administración Trump, lo que ella interpretó como evidencia de la falta de controles sobre el historial de los candidatos.

Recientemente, dos funcionarios de ICE revelaron cómo varios reclutas sin formación fueron enviados a hacer trabajo de campo, como consecuencia del error de una herramienta de inteligencia artificial.

El dispositivo debía distinguir entre los resúmenes curriculares de aspirantes con experiencia policial previa y los de aquellos que no la tenían, para definir a los que debían pasar por cursos de formación más largos.

La falla fue posteriormente corregida, pero antes de eso hubo al menos 200 hombres participando en tareas para las que no tenían el adiestramiento adecuado.

Otros estándares se han relajado para cumplir con las metas de contratación. Por ejemplo, ya no se exige título universitario, no se fijan topes de edad para poder aspirar, ni se dictan cursos de persecución de vehículos, entre otras formaciones.

¿Quiénes acuden al llamado?

Los parámetros de contratación desatan preocupaciones que van más allá de la capacitación. Expertos han comenzado a preguntarse qué tipo de aspirantes están siendo atraídos con la propaganda del ICE para su expansión.

“Como alguien que lleva casi una década observando el movimiento nacionalista blanco y neonazi, la describiría como extrañamente muy familiar”, le dijo a la televisión pública canadiense CBC la analista Hannah Gais, especializada en el monitoreo de extremismo de derecha, refiriéndose a la campaña.

Heidi Beirich, cofundadora del Proyecto Global Contra el Odio y el Extremismo, identificó que en una de las piezas que animan los esfuerzos de reclutamiento del ICE se usó la canción ‘Volveremos a tener nuestro hogar’, que la experta advierte es “una canción conocida solo en círculos nacionalistas blancos".

"Lo más peligroso es que probablemente esto está atrayendo a supremacistas blancos y otros extremistas raciales para que quizá se unan a las filas de ICE. Y esa es una situación muy tóxica y muy peligrosa, si está ocurriendo", apunta Beirich.

Algunos legisladores han comenzado a movilizarse para tratar de caracterizar a los reclutas.

El representante demócrata Jamie Raskin dirigió una carta a la fiscal general Pam Bondi y a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, exigiendo acceso a la nómina ampliada de ICE y preguntándoles si saben "¿cuántos insurrectos indultados del 6 de enero (la toma del Capitolio) han sido contratados por sus respectivos departamentos?".

Una docena de representantes demócratas remitieron en julio una comunicación al inspector general del DHS, Joseph Cuffari, preguntando si las nuevas incorporaciones de ICE están siendo "contrastadas con listas de organizaciones terroristas domésticas, como (el grupo ultraderechista) los Proud Boys".

Expertos también muestran preocupación porque el bono de contratación puesto a disposición de los nuevos reclutas podría estar atrayendo al perfil equivocado de aspirantes, que estarían llegando atraídos por la oferta económica, más que por valores compartidos.

Premios para las nuevas tareas

De acuerdo con las tablas salariales del portal Federal Law Enforcement, que refleja las condiciones laborales en las agencias federales de aplicación de la ley, los oficiales de ICE pueden percibir entre 27.000 y 54.000 dólares anuales, dependiendo de su calificación.

La remuneración es superior a la de otros funcionarios en áreas de seguridad como los integrantes de la Guardia Costera, que reciben un promedio de 32.000 dólares, pero inferior, por ejemplo, a los del Servicio Secreto, que van de 48.000 a 90.000 dólares anuales, sin contar otros beneficios.

La diferencia a favor de ICE son precisamente los beneficios en esta nueva etapa de metas colosales.

El portal de la agencia indica que la Gran y Hermosa Ley, el plan de gastos del Gobierno de Trump, permite ofrecer un bono de firma de hasta 50.000 dólares, reembolsos de préstamos estudiantiles hasta 60.000 dólares y 25% de remuneración adicional para las horas trabajadas en horarios no habituales como los nocturnos, días feriados o fines de semana.

Para estar en capacidad de ofrecer semejantes incentivos, ICE fue la agencia que más aumento presupuestario recibió en la Gran y Hermosa Ley de Trump.

Operó con 10.000 millones de dólares en el último año de Joe Biden y para el primero del presidente republicano ha pasado a tener casi el triple: 29.000 millones. Según el plan de gastos, el control migratorio recibirá en total 170.000 millones en cinco años.

ICE y su agencia hermana, la patrulla fronteriza (CBP), se llevan el grueso de esos recursos, con 87.000 millones entre las dos.

La ampliación de los centros de detención de ICE recibirá 45.000 millones de dólares, en sintonía con los planes de Trump de que las personas susceptibles de remoción pasen confinados sus procesos.

De 39.000 detenidos cuando el magnate republicano regresó a la Casa Blanca, la cifra ha saltado a 70.000 y se espera que llegue a 100.000 este mismo año.

La campaña de reclutamiento de ICE está financiada con 29.850 millones y las nuevas contrataciones del CBP con 12.000 millones.

"Lo primero que me viene a la mente es que el gasto a este nivel suele hacerse en el ejército", le dijo a la agencia AP Kathleen Bush-Joseph, analista de políticas en el Migration Policy Institute. "Trump está militarizando la aplicación de la ley migratoria".

Una formación acelerada

Funcionarios del DHS y el ICE le dijeron al portal ‘The Atlantic’ que tomará unos seis meses completar la capacitación de los reclutas captados en la agresiva campaña de selección de 2025, de modo que puedan estar listos para salir a hacer trabajo de campo.

Se desconoce cuántas de las 12.000 nuevas incorporaciones están ya en las calles, porque el DHS se ha rehusado a proporcionar esa información, por “motivos de seguridad operativa”, pero fuentes de ICE confirmaron a ‘The Atlantic’ que algunos de los cursos de formación han tenido unas tasas de deserción cercanas al 50%.

Esa proporción se ha presentado fundamentalmente porque muchos de los nuevos hombres no cumplieron los requisitos de desempeño físico esperados, y ahora los directores de la agencia están consultando con sus departamentos legales sobre sus opciones de revocar algunas de las cartas de contratación emitidas.

No es el único examen sin completar. El contenido del curso para reclutas sin formación era originalmente de unos cinco meses, pero en el verano de 2025 fue reducido a solo 47 días, una cifra que según funcionarios con conocimiento de la decisión se debe a que Trump es el presidente número 47, y que luego fue cortada aún más a 42 días.

En esas jornadas queda comprimida la formación en técnicas de arresto, uso de armas de fuego, uso adecuado de la fuerza y resolución de conflictos y desescalada. Este último concepto solo tiene cuatro horas asignadas en el contenido programático.

Los nuevos hombres podrían estar afrontando misiones de campo antes de estar listos para ello, según una comunicación del DHS que reconoce que aplican los recién adquiridos conocimientos “a escenarios reales mientras están de servicio”.

Pero incluso aquellos que completaron su formación y tienen experiencia, como los jubilados que han regresado a la fuerza, están encontrándose con tareas para las que no están listos.

La necesidad de personal para cumplir con la meta de detenciones y deportaciones han obligado a que salgan a la calle funcionarios que en su primera etapa se ocupaban de labores de escritorio, y ahora deben perfilar, perseguir y detener sospechosos en agresivos operativos, enfrentados al rechazo de testigos que los graban y los cuestionan.

France24

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