El primer ministro de Albania, Edi Rama, descartó este jueves abandonar el cargo pese a las protestas estudiantiles que sacuden Tirana por tercer día consecutivo y que derivaron en enfrentamientos con la policía, incendios y destrozos en edificios públicos y entidades bancarias. Las movilizaciones, impulsadas por el deterioro de las condiciones universitarias, el coste de los estudios y las denuncias de corrupción, reclaman la dimisión del jefe de Gobierno, que defiende su continuidad y se niega a equiparar las protestas con un cambio de poder.
La policía utilizó gases lacrimógenos, gas pimienta y cañones de agua para dispersar a los manifestantes que se concentraron frente al Ministerio de Educación. Algunos grupos lanzaron piedras y dañaron el mobiliario urbano, mientras que decenas de personas fueron detenidas durante la jornada, según medios locales citados por EFE. El Parlamento suspendió la sesión prevista para este jueves. El Ministerio de Sanidad informó que unas 90 personas recibieron atención hospitalaria tras los disturbios del miércoles, entre ellas 61 policías.
Rama aseguró que está dispuesto a escuchar las demandas de los estudiantes y discutir el encarecimiento de la educación, pero rechazó que la violencia pueda justificar la salida de su Gobierno. El dirigente socialista, que obtuvo un cuarto mandato en las elecciones del año pasado, sostuvo que su continuidad responde al resultado de las urnas y defendió que su prioridad es avanzar en las negociaciones para el ingreso de Albania en la Unión Europea.

La corrupción y el coste de estudiar, en el centro de las protestas
Las organizaciones estudiantiles denuncian las malas condiciones de las universidades, la falta de ayudas económicas y las dificultades para encontrar empleo después de graduarse. Las movilizaciones se extendieron también a otras ciudades del país, entre ellas Durrës, Elbasan, Korçë y Shkodër, mientras numerosos estudiantes optaron por boicotear las clases.
La indignación no se limita al sistema educativo. Las protestas se suman a meses de movilizaciones contra un proyecto de complejo turístico de lujo en la costa sur de Albania, vinculado a inversores relacionados con Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. El desarrollo ha generado controversia por el uso de terrenos en una zona ambientalmente sensible y por las disputas sobre la propiedad de parte de las tierras.
Vecinos de la zona denunciaron que sus terrenos fueron vendidos de forma irregular para permitir la construcción. Reuters informó en junio que algunos propietarios sostenían tener documentos que respaldaban sus reclamaciones. La agencia, sin embargo, no encontró pruebas de irregularidades por parte de Kushner, que no está directamente implicado en la disputa sobre la titularidad de esos terrenos.
Rama responsabilizó a la oposición conservadora de alimentar los disturbios y acusó a sus adversarios de intentar obstaculizar el camino europeo del país. Los manifestantes, por su parte, sostienen que sus reivindicaciones no se limitan a las universidades y cuestionan la gestión del Gobierno.
Leer también¿Qué está pasando en Albania y por qué se radicalizaron las protestas estudiantiles?
La adhesión a la UE, bajo presión
Albania aspira a incorporarse a la Unión Europea en 2028 y, junto con Montenegro, encabeza el proceso de adhesión entre los países de los Balcanes occidentales. La lucha contra la corrupción, la independencia de las instituciones y el funcionamiento del Estado de derecho son cuestiones centrales para avanzar en las negociaciones con Bruselas.
El Gobierno presenta la integración europea como uno de sus principales objetivos y sostiene que los avances en la lucha contra la corrupción son mayores que en etapas anteriores. Sin embargo, los escándalos que han afectado a responsables políticos y las denuncias sobre redes criminales que utilizan el país para blanquear dinero procedente del tráfico de drogas y armas siguen pesando sobre su imagen.
La escalada de las protestas plantea así un desafío para Rama en un momento decisivo de su agenda europea. El primer ministro se muestra dispuesto a negociar sobre educación, pero descarta dimitir y rechaza que la presión en las calles sustituya al mandato electoral. La evolución de las movilizaciones y la respuesta de las autoridades determinarán si el conflicto puede volver a una vía de diálogo o si se profundiza la crisis política.
Con información de Reuters y EFE.
Compartir esta nota
