A un día de San Valentín 2026 y la presión por el romance perfecto aumenta. Sin embargo, existe un momento en toda relación —a veces a los dos años, en ocasiones antes— en que uno de los dos se despierta, mira a su pareja y piensa con pánico: "Ya no siento lo mismo".
Bajo la narrativa de Hollywood, esto sería el inicio del fin. Se asume que si la emoción se apaga, el amor murió. Sin embargo, psicólogos clínicos y pensadores contemporáneos coinciden en una verdad menos romántica, pero mucho más sólida: lo que se acabó no es el amor, es la dopamina.
Y es justo ahí, cuando desaparece la "magia" involuntaria, donde comienza el verdadero amor como decisión racional.
Enamorarse no es amar
Para entender la diferencia entre el impulso biológico y la decisión consciente, es vital recurrir al psiquiatra M. Scott Peck, autor de la obra La nueva psicología del amor.
Peck es tajante: "Enamorarse no es amar". Él describe la fase inicial no como amor real, sino como un "colapso temporal de los límites del ego". Durante el enamoramiento, sentimos que nos fusionamos con el otro y que somos perfectos juntos. Es una ilusión biológica.
El problema surge cuando los límites del ego inevitablemente regresan a su lugar. Ahí aparecen los defectos, las diferencias y la fricción. Según Peck, el amor verdadero comienza solo cuando termina el enamoramiento. Define el amor como "la voluntad de extender el propio yo para nutrir el crecimiento espiritual propio y el de otra persona". Es decir, es un acto de voluntad (trabajo), no un sentimiento de euforia (magia).
El "peligro" del Romanticismo
Si sentimos que el amor debe ser fácil, la culpa es de la historia. El filósofo contemporáneo Alain de Botton argumenta que el movimiento cultural del Romanticismo (siglo XVIII) nos hizo un daño terrible al convencernos de que el amor es pura intuición.
La idea de que "si tienes que trabajarlo, no es amor real" es un mito moderno. De Botton propone volver a una visión "clásica" del amor, donde se entiende que:
- El amor es una habilidad que se aprende, no un entusiasmo que se siente.
- Nuestra pareja no es un ser divino que debe adivinarnos el pensamiento, sino otro ser humano imperfecto y a veces irritante.
Para De Botton, madurar es reconocer que el amor es un negocio constante, donde decidimos tolerar las locuras del otro a cambio de que toleren las nuestras.
El amor es un arte, no un accidente
Hace más de 60 años, el filósofo Erich Fromm publicó El arte de amar, un libro que sigue siendo referencia absoluta. Su tesis es devastadora para el romántico ingenuo:
"El amor no es solo un sentimiento fuerte, es una decisión, es un juicio, es una promesa. Si el amor fuera solo un sentimiento, no habría base para la promesa de amarse eternamente. Un sentimiento viene y se va. ¿Cómo puedo juzgar que se quedará para siempre si mi acto no implica juicio y decisión?"
Fromm argumenta que amar es una acción (un verbo), no una pasión (algo que padeces). Es algo que haces, no algo que te pasa. Amar requiere disciplina, concentración y paciencia, igual que aprender a tocar un instrumento o dominar un idioma. Nadie espera tocar piano virtuosamente solo por "inspiración"; requiere práctica diaria. El amor también.
La teoría de las "Microdecisiones"
El doctor John Gottman, quien puede predecir el divorcio con un 90 % de precisión tras observar a una pareja por 15 minutos, lleva el concepto de "decisión" al terreno práctico.
El amor no se decide una sola vez en el altar. Se decide en lo que él llama "Bids for connection" (Ofertas de conexión).
- Tu pareja hace un comentario sobre un pájaro en la ventana.
- Tú tienes una microdecisión: seguir mirando el celular (ignorar) o levantar la vista y responder (conectar).
Las parejas exitosas no son las que tienen más dinero o viajan más, son las que deciden responder positivamente a estas pequeñas ofertas miles de veces al día, incluso cuando están cansados o estresados. Eso es un acto de voluntad, no de emoción.
El alivio de elegir
Ver el amor como una decisión no es "frío"; es liberador. Si el amor fuera solo un sentimiento, seríamos esclavos de nuestros caprichos emocionales. Un mal día, una fluctuación hormonal o una etapa de estrés podrían acabar con nuestra familia.
Al entenderlo como una decisión, recuperas el control. Puedes decidir amar a tu pareja hoy, aunque no sientas "mariposas", sabiendo que estás construyendo algo más profundo: una lealtad y un compañerismo que ninguna inyección de dopamina puede igualar.
Como dicen los terapeutas de pareja: "El amor es lo que queda cuando se acaba el enamoramiento. Y es ahí donde empieza el verdadero trabajo."
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