Hay una hora en la que los teatros todavía huelen a ensayo. A partitura abierta sobre el atril, a café frío en vasos de plástico, a nervios que se disfrazan de concentración. Es la hora en que cuarenta músicos de una orquesta sinfónica afinan por última vez antes de que las luces de la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito se apaguen y comience algo que no es solo un concierto: es la resurrección de un sueño que un compositor de Nagua trabajó durante un cuarto de siglo.
El Caminante de Nazaret regresa este sábado 28 y domingo 29 de marzo a Santo Domingo. La primera ópera sacra dominicana —así catalogada por el director de orquesta e investigador Jorge Lockward— narra musicalmente la semana de la pasión de Jesús, desde la entrada triunfal a Jerusalén hasta la resurrección y la ascensión. Su autor, Rafael Danilo Grullón (1933-2016), no alcanzó a verla en el más alto escenario de su país. Pero otros la llevan por él, con la terquedad de quien cree que la belleza y la fe pueden abrirse paso en medio del ruido.
Su productor es un abogado que estos días ha dejado los expedientes sobre el escritorio para ocuparse de boletería, patrocinios y movimiento escénico. Un hombre que conoció a Grullón en el trabajo de construcción, que lo vio componer, que estuvo con él en Puerto Rico, en Morelia, en Nueva York. Un cristiano que dice ser "un abogado cristiano, o un cristiano abogado", y que esta semana habla con la urgencia de quien todavía está luchando —en gerundio, como él mismo precisa— por cubrir los costos de una producción que el mercado dominicano no termina de entender.
Lo que sigue es una conversación al calor del Whatsapp con él, Moisés Almonte, sobre fe, arte, mangulina, merengue pambiche y la obstinada convicción de que una ópera nacida en el Caribe puede pararse de igual a igual en cualquier escenario del mundo.
¿Qué le habría dicho el compositor de la ópera si estuviese ahora en los aprestos de las funciones? Conocí en la intimidad a Rafael Danilo Grullón y se que, como ocurre con cada artista, su deseo ferviente era dar a conocer su obra. En alguna medida cada artista es el primer espectador de su propia creación, y presentarla al público constituye una validación de esa primera impresión que tienen en el momento creativo. Grullón no era la excepción. Me consta que anheló ver en escena su obra cumbre en el más alto escenario de su país. Si hubiera estado ahora entre nosotros en los aprestos de las funciones, hubiera estado lleno de una expectante felicidad.
¿A qué atribuye que la primera ópera dominicana esté dedicada a Jesús? Toda ópera cuenta una historia, ya sea real o ficticia con personajes principales y secundarios. Podría ser debatible afirmar que El Caminante de Nazaret sea la primera ópera dominicana, porque en 1992 se estrenó en Santo Domingo la ópera 1492, una epopeya lírica de América, del compositor italiano (naturalizado dominicano) Antonio Braga, contando en italiano el descubrimiento del nuevo mundo como él entendía sucedió en esta isla. Al margen de esto, sí podemos afirmar que El Caminante de Nazaret es la primera ópera sacra y, sin dudas, “una de las primeras” en sentido general. Siendo Grullón un cristiano devoto, y un gran conocedor de la Biblia, era natural que su obra cumbre contara la historia del personaje principal de la Biblia Jesús de Nazaret. También incidió la identificación general del dominicano con la historia de la cristiandad.
¿Qué papel ha jugado la cultura dominicana en la construcción de esta ópera y cómo se refleja en la obra? Grullón tenía un gran dominio de los ritmos folklóricos dominicanos, y un decidido compromiso con un movimiento latinoamericano surgido en los años 60, de incluir el folklore en la liturgia de las iglesias protestantes. En El Caminante de Nazaret se refleja claramente dibujando los momentos de júbilo haciendo uso de ritmos nuestros como la mangulina (el Hosanna de la entrada triunfal) y el merengue pambiche (la celebración de la resurrección). Por igual la criolla como género musical del romanticismo del siglo 19, halla espacio en momentos apropiados en que Jesús manifiesta ternura en el trato a sus discípulos.
¿Cuáles eran las creencias del autor? Desde su juventud en Nagua, había experimentado una conversión al cristianismo, que fue creciendo en devoción y compromiso. Llegó a ser un pastor laico en la Iglesia Metodista y uno de los fundadores de la Universidad Nacional Evangélica (UNEV) de la cual fue rector. Era un cristiano de profundas convicciones.
¿Cómo la fe ayudó al autor a mantener firmeza y crear durante más de dos décadas esta ópera? Lo entendía como una misión de vida. Contar y cantar el evangelio, principalmente a través de la música coral, era para él un estilo de vida. Ya en la postrimería de su vida, retirado de la labor académica, entendió que debía convertir en ópera su cantata sagrada “Camino de Sangre y de Victoria”. Desde la primera composición hasta considerar la ópera terminada, él invirtió unos 25 años no consecutivos. En los últimos años su trabajo fue más intenso por la enorme labor que supone su orquestación.
¿Cuál ha sido la reacción de la comunidad artística internacional frente a esta propuesta dominicana? De absoluto alborozo. Donde quiera que se ha interpretado ha sido acogida con entusiasmo y admiración. Estuve en Puerto Rico en el 2011 y en Morelia, México en el 2022. También he estado en Nueva York en ocasiones en que se ha presentado. En todas las ocasiones, sin excepción, el público ha salido lleno de placer estético, pero principalmente inspirado espiritualmente por el triunfo de la resurrección de Jesús y por todo el arco emocional que se recorre a través de todos sus personajes.
¿De qué manera esta ópera ha cambiado la percepción de personas no creyentes? Los no creyentes aprecian el arte contenido en ella en el plano estético, y son usualmente respetuosos de la fe que inspiró al compositor, y de las motivaciones de la audiencia creyente. Pero también he escuchado testimonios de conversiones. Quizá intencionalmente el compositor tenía una velada intención evangelizadora, que se manifiesta en personajes como Tomás, inicialmente incrédulo, y en María Magdalena, quien confiesa haber sido transformada interiormente de una vida desordenada por el mensaje de Jesús. Ese mensaje transformador está vigente hoy, y corresponde a cada uno decidir qué hacer con él.
¿En quiénes ha obrado el milagro, en aquellas personas que no siendo creyentes han visto la ópera o en los anunciantes y patrocinadores? En ambos. En los no creyentes queda sembrada una semilla del mensaje de redención mientras aprecian la belleza de la música. En algunos patrocinadores, más tímidamente, acceden a colaborar ya sea por convicción o por generosidad.
¿Ha sido fácil presentar una propuesta operística en medio del ruido actual? Ha sido particularmente difícil. Nuestra propuesta del 2024 costó menos esfuerzo y se cubrieron los costos. En este año todavía estamos luchando por alcanzarlo.
¿De qué manera ha congeniado su labor de abogado con la producción operística? Soy un abogado cristiano. O un cristiano abogado. Sin abandonar la oficina y los casos, en las últimas semanas la labor profesional ha tenido que ceder tiempo a la producción de este espectáculo, y esos compromisos se retomarán con toda energía a partir del próximo lunes.
¿Qué desafíos enfrentó en la financiación y producción de una ópera de esta magnitud en el país? Todavía los estamos enfrentando (en gerundio). Para cubrir los costos se requiere combinar llenar el aforo en las dos fechas, con el patrocinio público y privado. En ambas tareas todavía seguimos luchando con valor y fe. En cuanto a la producción, en esta ocasión hemos dado un paso adelante respecto de la versión del 2024, pues a pesar de que sigue siendo una versión concierto, en esta ocasión los solistas incluyen cierto movimiento escénico. Que una ópera sea plenamente dramatizada con decorados, vestuario de época y demás elementos operísticos, requiere recursos cuantiosos y esperamos sinceramente que el Estado dominicano la considere digna para apoyar una producción como fue concebida por el compositor. Creemos que evidenciaría aún más que la obra es exportable, y que sería una digna exponente del arte dominicano donde quiera que fuere presentada más allá de nuestra isla.
¿Cómo espera que esta ópera influya en las futuras generaciones de músicos y compositores dominicanos? Grullón comenzó su labor como compositor siendo saxofonista de una banda de música de un pueblo del interior. Entre nuestros jóvenes y niños que estudian música están los próximos compositores de música académica. Solo hay que creer en ellos, estimularlos, apoyarlos y abrirles oportunidades para formarse. Que exista una ópera sacra dominicana abre un trecho que otros pueden caminar con más facilidad.
¿Qué mensaje central desea que el público se lleve después de experimentar esta obra en escena? Dos mensajes: Que Jesús está vivo, y que independientemente del credo de cada uno, esta obra musical es digna de ser vista y oída. Lo otro vendrá por añadidura.
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