El mundo en que vivimos se desmorona, y somos testigos de que caen sus cimientos sin que haya surgido otro sistema basado en la legalidad, en la democracia, la búsqueda de justicia, el respeto a los derechos humanos o sustentado en los sueños de libertad, redención, desarrollo del que surgió el esquema que ahora se sustituye, luego de dos guerras mundiales. Estados Unidos como gran triunfador, con Unión Soviética en segundo lugar. Y guerra fría.
Pasan de 80 mil los muertos sacrificados injustamente por Israel en Gaza. Y quien moldea ese nuevo mundo propone utilizar las costas de Palestina como cimiento para un turismo exitoso donde antes vivieron millones de personas Nada que decir del drama humano y del criminal exterminio en marcha, que aún no se detiene.
Ese nuevo mundo propone sustituir a las Naciones Unidas por un Consejo de Paz universal a la imagen y semejanza de la voluntad del presidente de los Estados Unidos. Y El año 2026 comienza con la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, acusado de dictador y narcotraficante; de haberse robado las elecciones de ese país (cosa cierta), pero aún no se le juzga y se reconoce el gobierno que ha quedado, dirigido por los mismos compañeros del presidente apresado y enjaulado en una cárcel en Nueva York.
Un nuevo mundo que aprisiona a Cuba, a la totalidad de los cubanos, con la asfixia de los combustibles y de los alimentos, y con la presión y las amenazas de los países que intenten apoyo humanitario al régimen cubano. Un nuevo mundo que aplasta a la Organización de Estados Americanos y que convoca reuniones de los países y presidentes ideológicamente afines a la simpatía y el gusto del presidente de los Estados Unidos.
Un mundo que desconoce al congreso de la potencia más poderosa, y que desconoce al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y junto a Israel desata una guerra preventiva, supuestamente, y mata con bombardeos a cientos de personas de Irán, incluyendo víctimas colaterales, cerca de 100 personas, incluyendo cerca de 160 niños y niñas en una escuela, para poner fin a la vida del líder religioso más importante de Irán.
Nos jodimos, porque los presidentes que estaban presentes ni siquiera se quejaron de la pesada “broma”, solo sonrieron complacientes. El Gran Hermano no puede ser molestado y hay que celebrar sus arrebatos.
Un mundo que observa y permite, sin mayores consecuencias, la destrucción de un país como Ucrania, por parte de una potencia poseedora de bombas atómicas, porque ese país intentaba entrar en la OTAN y eso representaba un riesgo para los dirigentes encabezados por Vladimir Putin.
Un mundo en que los países de mayor desarrollo y tradición democrática ceden su espacio y compromiso para satisfacer los deseos y reclamos del líder universal, Donald Trump, como gran jefe que impone su voluntad a todos los países, todas las regiones, y que establece escudos protectores de su propio patio trasero con políticas dictadas exclusivamente por el presidente de los Estados Unidos.
Ursula von der Leyen, la presidenta de la Unión Europea, lo ha dicho con claridad, que aceptan el nuevo sistema, que no tienen razones para quejarse, incluso de las imposiciones que han recibido, de comprar el 5% de sus ingresos en armas a los Estados Unidos.
"Necesitamos un sistema de gobernanza mundial basado en normas. Por supuesto, el sistema de las Naciones Unidas también debe ser replanteado. Y cuando los formatos tradicionales resultan inoperantes, nos corresponde encontrar formas creativas de resolver las crisis más graves de nuestro tiempo". Se desconoce que es lo que ella considera “la crisis más grave de nuestro tiempo”.
Eso sí, dijo que: "Europa ya no puede ser la guardiana del orden del viejo mundo, de un mundo que ha desaparecido y que no volverá" y, pese a que la UE "siempre" defenderá "el sistema basado en normas", agregando que Europa ya no puede ceñirse sólo a esa estructura para defender sus intereses. ¿Hacia dónde va Europa?, nadie, ni la señora von der Leyen lo sabe.
El mundo como lo conocimos se ha desmoronado. Estamos viviendo, a nivel global, la gran tragedia que relata la novela 1984, de George Orwell, con un Gran Hermano o Hermano Mayor, que es quien dicta su voluntad, y a quienes no se adaptan a sus gustos son cremados, luego de pasar por las investigaciones de la Policía del Pensamiento.
Y todos los escenarios van adoptando a sus personajes. Se firman acuerdos de protección, dictados en sus contenidos por el Hermano Mayor o Gran Hermano, se decide quien es favorecido y quien no, dependiendo del nivel de obediencia y complacencia de la voluntad del protagonista… Los que hablamos en español no hay posibilidad de que podamos salvarnos, y no es solo por los disgustos que la política española de paz pudo haberle provocado, sino porque nuestro idioma, herencia de una colonización violenta y abusiva, es maldito y aborrecible por el imperio.
Nos jodimos, porque los presidentes que estaban presentes ni siquiera se quejaron de la pesada “broma”, solo sonrieron complacientes. El Gran Hermano no puede ser molestado y hay que celebrar sus arrebatos.
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