El sistema actual para el cobro del impuesto de circulación, el marbete, en República Dominicana es injusto y anacrónico.
Hoy, la autoridad fiscal cobra lo mismo a todos los vehículos según su año de fabricación. Paga igual el propietario de un pequeño vehículo del 2019, que sirve para llevar a los niños a la escuela, que el dueño de una camioneta del mismo año que usa para acarrear materiales en su trabajo, y que el propietario de vehículo de lujo o de alta gama, como se dice ahora, solo porque todos son del mismo año.
Un vehículo utilitario que transporta a una familia o que es herramienta de trabajo no es lo mismo que un vehículo de gran lujo, de alto cilindraje, de alto consumo de combustible y de ostentación (y no criticamos que quien posea dinero en abundancia se compre el vehículo que más le guste. Es su derecho).
El primero es una necesidad. El segundo es un privilegio, un gusto. Tratarlos igual es castigar al que menos tiene.
Lo justo, lo progresivo y lo moderno es que el marbete sea proporcional al valor del vehículo. Que pague por el costo, no solo por el año.
La fórmula es simple y ya se aplica en casi toda América Latina: un porcentaje sobre el valor de tasación del vehículo. Quien tiene un vehículo de 800 mil pesos, paga X. Quien tiene uno de 8 millones, paga 10 veces más. Es el principio elemental de la justicia tributaria: quien más tiene, que más pague.
Esta reforma traería tres beneficios inmediatos:
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Equidad: Aliviaría la carga de la clase media y de los trabajadores que dependen de su vehículo para producir. No es lo mismo sacar RD$3,000 para una familia que gana RD$40,000, que para quien puede pagar un vehículo de lujo.
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Recaudación más eficiente: El Estado recaudaría más sin necesidad de aumentar la tarifa base a todos. Los vehículos de lujo, que cada año son más en nuestras calles, aportarían lo que realmente les corresponde.
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Racionalidad ambiental: Un impuesto proporcional al valor desincentiva indirectamente la importación de vehículos de altísimo consumo y altas emisiones, que además presionan la factura petrolera y la congestión vial.
La DGII ya tiene la base de datos. Tiene el valor de importación de cada vehículo, tiene la tabla de depreciación y tiene la experiencia del impuesto al patrimonio. No hay que inventar nada. Solo voluntad política para cambiar una tabla fija por una tabla progresiva.
Que nadie tema por los vehículos de trabajo. Una camioneta de doble cabina para el campo o para una ferretería tiene un valor de mercado muy inferior a una yipeta de lujo del mismo año.
Con el sistema proporcional, el trabajador pagaría menos o igual, y el que tiene la posibilidad de comprarse un vehículo de lujo pagaría más.
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