Venezuela fue sacudida dos veces el 24 de junio. Colombia fue golpeada por un terremoto que dejó muertos, heridos y comunidades enteras sin nada el 10 de agosto. La región no está enviando señales abstractas: está recordándonos, con hechos, que vivimos en un territorio sísmicamente activo, donde la pregunta no es si ocurrirá un evento de gran magnitud, sino cuándo.
La República Dominicana comparte esa realidad geológica. La isla de La Hispaniola descansa sobre una de las zonas de mayor actividad sísmica del Caribe, y su historia lo confirma. A eso se suman amenazas como tsunamis e inundaciones severas: poco frecuentes, pero de consecuencias potencialmente catastróficas cuando ocurren sin preparación previa.
Por eso hoy, martes 8 de septiembre, a partir de las 10 de la mañana, el país realizará un Simulacro Nacional de Evacuación. Y la pregunta que cada dominicana y dominicano deberá hacerse es simple: ¿Sé qué hacer cuando escuche la alerta en el teléfono celular?
Un simulacro no es un ensayo. Es una prueba real de los protocolos, los tiempos de respuesta, la coordinación entre instituciones y, sobre todo, del comportamiento de la población ante una emergencia. Se ejecuta en el terreno, con personas moviéndose, tomando decisiones y ocupando los espacios físicos donde vivirían una evacuación verdadera.
La diferencia entre una comunidad que ha practicado y una que no puede medirse en minutos. Y en desastres de alta intensidad, los minutos deciden quién sobrevive.
Participar hoy es, en términos concretos, aprender a salvar la propia vida y la de quienes están al lado.
¿Qué se debe hacer?
- Salir. Cuando suene la señal, evacuar el edificio, la oficina, la escuela, el comercio. No esperes a ver qué hacen los demás. Hay que seguir las instrucciones del personal de seguridad o de los brigadistas designados en tu lugar.
- Identifica la ruta de evacuación antes de las 10 am. Si trabajas o estudias en un edificio, pregunta hoy temprano cuál es la salida de emergencia y dónde está el punto de encuentro. Esa información no debería ser una sorpresa durante el ejercicio.
- Lleva a tus hijos, a tus adultos mayores, a quien necesite asistencia. El simulacro es también el momento para identificar quiénes en tu entorno requerirán ayuda especial en una emergencia real.
- No tomarlo como un recreo. La actitud con la que se participa en el ejercicio es la actitud con la que reaccionarás cuando no sea un ejercicio.
Ahora bien, un simulacro sin evaluación rigurosa es un gasto de energía colectiva sin retorno. Las autoridades responsables, el COE, la Defensa Civil, ONESVIE, y cada institución participante, tienen la obligación de ir más allá del operativo visible.
Tras el simulacro, el país requiere de una evaluación sistematizada, rápida y articulada con las entidades, con tres condiciones mínimas: qué dicen los observadores sobre los tiempos, flujos y fallas. Resultados públicos en menos de 72 horas: Esto es sumamente importante, ya no es tiempo de un informe técnico guardado en un cajón institucional. Pero además, una plenaria interinstitucional con lecciones aprendidas, que incluya a municipios, hospitales, escuelas, empresas privadas y organizaciones comunitarias. Las fallas de coordinación que aparezcan mañana deben convertirse en protocolos corregidos antes del próximo ejercicio, no en simples referencias.
Es muy necesario recordar que los países que mejor responden a los desastres no son necesariamente los que tienen menos riesgos geológicos. Son los que invirtieron, con constancia y seriedad, en la cultura de la prevención. Japón, Chile, Costa Rica: todos tienen historias de tragedias que los obligaron a construir sistemas de respuesta robustos. La República Dominicana tiene la misma capacidad, y los mismos incentivos, para hacerlo.
El doblete sísmico de Venezuela y el terremoto de Colombia no son noticias lejanas. Son la referencia inmediata en la que este país decide, hoy a las 10 de la mañana, si toma en serio su propia seguridad.
Aunque el simulacro es en la mañana, en horario escolar y laboral, habría que tomar en cuenta que los terremotos ocurren en horas inesperadas. A las 3 de la madrugada, a las 6 de la mañana, o a las 3 de la tarde. El simulacro es para probar nuestra capacidad de actuar, con resiliencia e inteligencia, ante una tragedia de grandes dimensiones.
Como ciudadanos y ciudadanas se debe participar, y movilizar a todos y a todas. Exigir resultados. Y recordar siempre que la próxima vez puede no ser un simulacro.
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