No debe pasar desapercibido. La democracia es nuestro sistema político establecido en la Constitución de la República y hasta ahora, es y debería seguir siendo, el sistema político del desarrollo, la equidad, la justicia y la solidaridad de los dominicanos.

Nuestro país pasó por numerosas dictaduras, la más extensa y la más cruenta fue la de 1930 a 1961, con Rafael L. Trujillo Molina. Nuestra democracia es realmente joven, ha tenido progresos, y ha sido limitada en eliminar las grandes trabas del desarrollo, como la educación con calidad, la atención en salud, la eliminación de la pobreza, salarios justos y que permitan vivir con dignidad a los dominicanos.

Conocimos la dictadura, la sufrimos y sabemos lo que representa: Negación de libertad, eliminación de las decisiones fundamentales por una mayoría, apego incondicional a la voluntad dictada por un político que se eterniza en el poder, quien tiene la decisión de decidir quien vive, quien muere, que se exilia o quien va a la cárcel. También con Joaquín Balaguer, el miserablemente llamado padre de la democracia dominicana, nos hizo sufrir 12 años de terror y abuso, aparte de los fraudes electorales que impuso, bajo el concepto bastante extendido de que “mientras Balaguer respire que nadie aspire”.

Todo esto viene en razón de que el Latinobarómetro 2026, que acaba de ser lanzado con los resultados de estudios políticos en 17 países, registran un retroceso en la preferencia de los dominicanos por la democracia.

Ante la pregunta si la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, los dominicanos bajaron de 55 % favorable en 2024 hasta un 47 % en 2026. Esto es que más de la mitad de la población dominicana ya no considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.

No significa que las otras formas de gobierno sean únicamente la dictadura y el totalitarismo. Habría que analizar en detalles las opiniones de ese 53 % que prefiere otro régimen diferente a la democracia.

En los últimos años se ha extendido el favor hacia los dictadores. No creemos que haya aumentado la simpatía por el socialismo. Cuba, Venezuela, Nicaragua son ejemplos que indican que las opciones revolucionarias no están en boga hoy día.

Sí están en boga los candidatos y gobernantes que no prefieren la democracia, como José Antonio Kast en Chile, como Najib Bukele en El Salvador, como Javier Milei en Argentina, como Abelardo de la Espriella en Colombia, como Jair o Flavio Bolsonaro en Brasil, o como Donald Trump en los Estados Unidos, entre muchos otros.

El sistema democrático no está bien considerado en estos tiempos. La división de los poderes del Estado no es ni representa simpatía entre gobernantes autoritarios. Los medios de comunicación ya carecen de espacio y de respeto en muchos países. Todo eso es parte de una democracia que va en franco debilitamiento.

Y es cierto que la democracia tiene o comete errores, y no resuelve todos los problemas de los países o del mundo. La intolerancia, el irrespeto, la política sinverguenza y de la manipulación se impone hoy día. Las redes sociales banalizan el quehacer político. Todo se presenta como fácil de solucionar con vagabundos que encuentran resonancia en los nuevos medios sociales, y que prometen actuar con mano dura. Pasa en Brasil, en Colombia, en Chile, y en República Dominicana.

Nos encaminamos hacia un descenso del sistema político. Los partidos políticos, los gobernantes, empresarios, sociedad civil, intelectuales deben analizar esta cuestión. Hace falta poner en contexto lo que está ocurriendo.

Hay empresarios, políticos, periodistas, intelectuales que simpatizan y hacen causas común con los nuevos influencers, que se alimentan de la democracia y que la desacreditan todos los días. Con eso no debe andarse zigzagueos. La democracia es un sistema que tiene debilidades, pero que resulta más confiable y transparente que cualquier otro sistema. Ya veremos.