La crónica firmada por la periodista Mery Ann Escolástico es muy elocuente, y refleja una postura inquebrantable de la mayoría de las familias de las víctimas de la tragedia del Jet Set: No cree en el poder judicial, descarta su independencia y reclama, nuevamente, que sea variado el calificativo que le dio el Ministerio Público a ese hecho, como homicidio involuntario, en el que fallecieron por lo menos 236 personas y casi 100 más resultaron heridas.
La periodista de Acento describió lo ocurrido este domingo 17 de mayo:
Bajo un sol intenso y entre pancartas levantadas al cielo, el Movimiento Justicia Jet Set tomó las calles este domingo para exigir respuestas por la tragedia ocurrida el pasado 8 de abril de 2025.
Desde temprano, familiares de víctimas, sobrevivientes y ciudadanos comenzaron a reunirse en el Parque Independencia, cargando consigo fotografías, nombres y el peso de una herida que aún permanece abierta.
A las 12:55 de la tarde empezaron a llegar los manifestantes. Poco a poco, el histórico parque se fue llenando de personas vestidas de negro, con gorras, sombrillas y carteles donde se leía una misma consigna: justicia.
Será difícil que las familias de las víctimas cedan en sus peticiones. Con el agravante de que el Ministerio Público todavía no ha presentado la acusación formal contra los propietarios del establecimiento, en la medida que se van develando nuevas evidencias de que hubo negligencia, falta de atención a los reclamos de los empleados y a los datos de que las piedras y pedazos de techos caían en las mesas en las que se sentaban los clientes que iban al Jet Set a pasar un buen rato en fiestas y celebraciones.
La gobernadora de Monte Cristi, Nelsy Cruz, fallecida en la tragedia, ha comenzado a sonar nuevamente, ahora con la presencia directa de sus familiares, incluyendo a su hermano el ex grandes ligas Nelson Cruz, que piden justicia, que reclaman un nuevo calificativo del Ministerio Público para los responsables de la tragedia. Están convencidos de que la caída del techo no ocurrió de forma inadvertida. Se caía día a día, cada noche dejaba pruebas de que se iba corroyendo y cayendo, y los empleados y el personal advertía a los dueños, pero nada se hizo. La negligencia es más que sonora.
Y por eso hay tanta indignación, hay rabia, hay dolor, hay trauma, hay sospechas de que las autoridades no actúan con rigor en la calificación de la tragedia. Por eso se movilizan con tanta frecuencia. Por eso van a los tribunales cada día que hay audiencia, y gritan e insultan para hacerse notar.
Reconocen que el tribunal ya escuchó a algunos de los familiares, pero sospechan que no hay mucha claridad sobre lo que desea el Ministerio Público para una tragedia de esta dimensión, probablemente la más grande ocurrida de esta forma en toda la historia dominicana.
Este tema no debe quedar sólo como un asunto responsabilidad de un tribunal de primera instancia. Este asunto corresponde que sea abordado como parte de una política del Estado para que jamás vuelva a ocurrir y para que toda persona responsable de lugares con asistencia de público tenga aforo, tenga seguridad, sea revisado, y tenga las garantías suficientes para que nadie se muera en un caso parecido. Más de 300 vidas truncadas no es algo que debe pasar como fortuito, en un tribunal, para que sea decidido sin atender a una política del Estado, que sea preventiva y que represente todas las consecuencias posibles para los responsables. Hacen bien las familias en manifestarse.
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