La República Dominicana tiene la posibilidad de ser autosuficiente en energía, a un menor costo del que hasta ahora ha venido pagando.
Estamos en el corazón del Caribe antillano. Los rayos del Sol se mantienen prácticamente todo el año. Contamos con vientos suficientes para parques eólicos, tenemos ríos en prácticamente todas las regiones del país y, por si fuera poco, tenemos mar.
Estas riquezas naturales pueden convertirse en excelentes fuentes de generación de energías limpias, mucho menos costosas que los combustibles derivados del petróleo.
Mientras tanto, continuamos soportando la pesada factura petrolera: cada vez más cara, más volátil. Por demás, el uso de combustibles fósiles tiene un impacto ambiental muy negativo.
En general, el costo del petróleo y sus derivados está sujeto a eventualidades que no controlamos y que nos drenan las divisas.
Es hora de tomarnos en serio la transformación de la matriz energética, impulsando el desarrollo de generadoras de energías limpias.
En 2024 y 2025, el país destinó más de 4.000 millones de dólares solo a importar petróleo y derivados para generar electricidad.
Ese es el precio de nuestra dependencia. Y no es sostenible. No es inteligente.
Es hora de tomarnos en serio la transformación de la matriz energética, impulsando el desarrollo de generadoras de energías limpias.
Un kilovatio-hora solar en República Dominicana cuesta hoy menos de la mitad que uno generado con combustibles fósiles e incluso que uno generado con carbón.
Cada parque solar y cada parque eólico pueden reducir de manera directa el subsidio eléctrico, que nos cuesta a todos más de mil millones de dólares al año.
La estabilidad del sistema eléctrico se alcanzaría de forma más expedita con la creación de generadoras de energías limpias. Esa estabilidad reduciría los apagones y sus efectos negativos sobre la economía familiar y sobre las pequeñas y grandes empresas. Por consiguiente, contribuiría a la seguridad laboral y al crecimiento económico.
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