A principios de la década de 1960, justo después de que el líder laborista Harold Wilson llegó al poder con la promesa de aprovechar la "productividad futura de la tecnología", el ingeniero británico Peter Jost —quien se había convertido en director de una planta siderúrgica y empresario— intuyó que había llegado su momento.
Jost, con experiencia en lubricantes y una amplia red de contactos en la industria, el mundo académico y la política, convenció al gobierno de que encargara un informe sobre el tipo de fallas en la maquinaria que afectaban a las plantas siderúrgicas de toda Europa. El informe Jost de 1966 defendió la lubricación, como era de esperarse, pero también sentó las bases para una nueva disciplina llamada tribología, la ciencia y la tecnología que estudia cómo las superficies se mueven unas contra otras, generando fricción y desgaste. Jost incluso consultó al editor del Diccionario de inglés de Oxford antes de decidirse por el nombre, basado en la palabra griega "tribo", que significa "frotar".
En términos generales, la tribología es la disciplina que, literalmente, mantiene en movimiento partes de la economía y, al igual que gran parte de la investigación centrada en la prevención, permanece en gran medida invisible. Y, sin embargo, 60 años después, uno de los mensajes clave del informe sigue siendo relevante: que la labor invisible de optimizar las interacciones entre superficies —como la de un neumático contra el asfalto— a escala industrial puede ahorrar enormes cantidades de energía y aumentar el producto interno bruto (PIB).
"Lo irónico es que la tribología afecta casi todo lo que usamos, pero la mayoría de la gente nunca ha oído esa palabra", dice Daniele Dini, profesor de tribología en el Imperial College de Londres, describiendo con precisión mi propia experiencia al descubrir el término la semana pasada en un artículo de Physics World. Sin la tribología, agrega Dini, "las máquinas se desgastarían rápidamente, los vehículos consumirían mucho más combustible, los procesos de fabricación serían menos eficientes y muchos dispositivos médicos simplemente no funcionarían de manera confiable".
Sustancias como la pasta dental, la crema de afeitar y los cosméticos son todos logros de la tribología, al igual que el gesto de deslizar el dedo por la pantalla de un teléfono. Nuestras vidas están llenas de contactos superficiales cuidadosamente calibrados para garantizar un equilibrio adecuado entre agarre, tacto, resistencia, textura y movimiento. Robert Wood, profesor de ingeniería de superficies y tribología en la Universidad de Southampton, describe la pasta dental como "una suspensión tribológica cuidadosamente diseñada" para eliminar los residuos de los dientes sin desgastar el esmalte ni dañar las encías.
En términos más generales, Wood caracteriza a la tribología como "una de las tecnologías habilitadoras que, de manera silenciosa, sustenta la productividad industrial" en sectores como la generación de energía eólica y nuclear, el automotriz, el ferroviario, el aeroespacial, los implantes biomédicos —incluyendo las prótesis articulares— y el procesamiento de alimentos. Puede abarcar el estudio de los rodamientos de bolas, los lubricantes, los recubrimientos y los aditivos en una planta industrial. Por otro lado, la tribología oral analiza la fricción entre las partículas de los alimentos y la lengua, el paladar y los dientes, para garantizar que el helado tenga una textura cremosa.
El consumo de energía es un factor fundamental. No todo el combustible de un auto, por ejemplo, se gasta en ir de A hacia B. Parte se gasta en superar la fricción entre el neumático y la superficie de la carretera, parte en contrarrestar las pérdidas aerodinámicas y parte en compensar las pérdidas por fricción dentro del motor y la transmisión.
"A pesar de su enorme impacto económico, la tribología sigue siendo menos visible que campos como la inteligencia artificial, la robótica, los semiconductores o la biotecnología", dice Wood. Esto podría deberse a que abarca diversas disciplinas existentes, entre ellas la ciencia de los materiales, la química y la informática.
La tribología es un tema central en el camino hacia las cero emisiones netas (Wood preside un comité que asesora al gobierno sobre estos temas). Las cajas de cambio de las turbinas eólicas suelen fallar antes de que termine su vida útil prevista, a veces porque las películas lubricantes en sus piezas móviles son propensas a desgarrarse por cizallamiento con los cambios en la velocidad y la dirección del viento. Los científicos también están explorando el "efecto triboeléctrico", en el que se aprovecha el roce entre superficies para generar electricidad.
Los objetivos futuros de la tribología incluyen predecir y prevenir el desgaste, en lugar de medirlo después de que ocurra, así como el desarrollo de lubricantes sostenibles. Avances como el grafeno y los materiales que son lisos a escala atómica también están generando esperanzas en torno a la "superlubricidad", en la que la fricción entre las piezas en movimiento se reduce casi a cero. Si se lograra a gran escala, eso revolucionaría la eficiencia energética.
Todo esto va más allá de Jost y, antes de él, Leonardo da Vinci, quien, según la profesora de ingeniería forense y tribóloga Sarah Hainsworth de la Universidad de Durham, anotó algunas observaciones sobre la fricción en su Codex Forster de 1493. Va aún más allá de los antiguos egipcios, quienes aplicaban aceite y grasas a los patines de los trineos utilizados para mover los bloques de piedra con los que construían las pirámides.
A lo largo de la historia, al parecer, el curso de la tribología siempre puede funcionar con mayor fluidez.
Anjana Ahuja. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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