En agosto de 2023 la República Dominicana celebró lo que muchos calificaron como un hito histórico para el mercado de capitales: la primera oferta pública de acciones de una empresa dominicana en la Bolsa de Valores. La empresa César Iglesias colocó 38,721,220 acciones ordinarias, equivalentes aproximadamente al 30 % de su capital social, a un precio de RD$ 128.84 por acción. La operación buscaba recaudar cerca de RD$ 5,000 millones y fue presentada como un paso trascendental para profundizar el mercado accionario dominicano. El entusiasmo fue tal que rápidamente se agotó la oferta, pero lo que muchos ciudadanos no conocían en ese momento era que los principales compradores no fueron inversionistas individuales ni fondos internacionales, sino los fondos de pensiones de los trabajadores dominicanos.
De acuerdo con informaciones oficiales divulgadas por la Superintendencia de Pensiones, las AFP Reservas, AFP Crecer y AFP Siembra adquirieron aproximadamente el 70 % de las acciones emitidas, lo que representó una inversión cercana a RD$ 3,492 millones provenientes del ahorro previsional de millones de trabajadores. Es decir, más de tres millones de dominicanos se convirtieron indirectamente en accionistas de una empresa privada sin necesariamente ser plenamente conscientes de los riesgos que implica invertir en renta variable.
El problema no es la empresa. César Iglesias es una compañía sólida, con más de un siglo de historia, presencia en múltiples categorías de consumo masivo y una marca profundamente posicionada en el mercado dominicano. El problema es la naturaleza del instrumento financiero. Las acciones son activos de renta variable, lo que significa que su precio depende de las expectativas del mercado, la liquidez del instrumento y el desempeño futuro de la empresa. En otras palabras, su valor puede subir… pero también puede bajar.
Eso fue precisamente lo que advertimos en su momento en esta columna con el título “Los riesgos de invertir en acciones de empresas los fondos de pensiones”, publicada el 21 de agosto del 2023, cuando se discutía la colocación de estas acciones. En ese análisis señalábamos que el entusiasmo por desarrollar el mercado accionario dominicano no podía llevar a ignorar un principio básico de prudencia financiera: los fondos de pensiones no son capital de riesgo; son el ahorro previsional de los trabajadores dominicanos. Por lo tanto, cualquier decisión de inversión debe evaluarse con criterios extremadamente rigurosos de diversificación, liquidez y protección del capital.
Los hechos posteriores han confirmado que esa advertencia no era infundada. Después del entusiasmo inicial que llevó la acción incluso a cotizar cerca de RD$ 170 en las primeras semanas, el precio comenzó un proceso gradual de corrección. Para 2026 la acción se negocia alrededor de RD$ 90 por título, lo que representa una caída aproximada de 30 % respecto al precio de emisión. Cuando se traduce esa caída al monto invertido por las AFP, el resultado es significativo: una inversión inicial cercana a RD$ 3,492 millones hoy tendría un valor aproximado de RD$ 2,439 millones, lo que implica una minusvalía potencial superior a los RD$ 1,050 millones.
Es cierto que desde el punto de vista financiero esta pérdida es no realizada, porque las acciones no se han vendido y el precio podría recuperarse en el futuro. También es cierto que la empresa ha distribuido dividendos que compensan parcialmente el rendimiento total de la inversión. Pero el punto central del debate no es el desempeño puntual de una acción, sino la filosofía de inversión detrás de los fondos de pensiones.
En mercados de capitales desarrollados, los fondos de pensiones invierten en renta variable dentro de portafolios altamente diversificados que incluyen cientos o miles de empresas en distintos países y sectores. Esa diversificación reduce el impacto que puede tener el mal desempeño de una empresa en particular. En cambio, en un mercado accionario pequeño como el dominicano, donde apenas comienzan a listarse empresas y la liquidez es limitada, la concentración del riesgo puede ser considerablemente mayor.
Por eso la discusión que debe darse en el país no es si el mercado accionario debe desarrollarse porque claramente debe hacerlo sino si es prudente que el ahorro previsional de millones de trabajadores sea utilizado como el principal motor de ese desarrollo. Convertir a los fondos de pensiones en los grandes compradores de las primeras emisiones puede generar liquidez inicial para el mercado, pero también implica trasladar a los trabajadores riesgos que deberían ser asumidos principalmente por inversionistas dispuestos a asumir volatilidad.
El desarrollo del mercado de capitales dominicano es una meta legítima y necesaria. Pero ese desarrollo debe construirse sobre un principio fundamental: la prudencia en la administración del ahorro previsional. Cuando se gestionan recursos que pertenecen al retiro de millones de trabajadores, la pregunta que siempre debe hacerse no es cuánto entusiasmo genera una inversión, sino cuánto riesgo estamos dispuestos a trasladar al futuro de las pensiones dominicanas. Porque cuando las pensiones comienzan a depender de los vaivenes del mercado accionario, el país debe preguntarse si está construyendo un sistema financiero más sofisticado… o simplemente convirtiendo el ahorro de los trabajadores en apuestas bursátiles.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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