El economista y politólogo Steven Levitsky sostuvo que el desarrollo económico continúa siendo uno de los factores más determinantes para la estabilidad democrática, al crear ciudadanos más autónomos, fortalecer el sector privado y reducir la dependencia de la población respecto al Estado.
Durante la conferencia magistral “El Estado de la Democracia en el Mundo y las Implicaciones para la Economía Global”, pronunciada en el lanzamiento de la Cátedra de Economía Manuel José Cabral Tavares de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), el académico de la Universidad de Harvard cuestionó la visión predominante de que el mundo atraviesa una nueva ola autoritaria.
Aunque reconoció que existen retrocesos democráticos en algunos países como Venezuela y Nicaragua, argumentó que las democracias surgidas durante la denominada “tercera ola democrática” han mostrado una capacidad de resistencia mayor a la esperada.
La democracia enfrenta un entorno internacional menos favorable
Levitsky explicó que la expansión democrática de las décadas de 1990 y 2000 estuvo favorecida por un contexto geopolítico excepcional, marcado por la hegemonía de Estados Unidos y Europa tras la caída de la Unión Soviética.
Según señaló, durante ese período las potencias occidentales promovieron activamente procesos democráticos en diversas regiones, incluyendo América Latina.
Sin embargo, afirmó que el ascenso económico y político de China, junto con el resurgimiento de Rusia como potencia global, modificó sustancialmente ese escenario.
“Hoy es mucho más fácil ser autócrata que hace treinta años”, afirmó, al indicar que los gobiernos con tendencias autoritarias cuentan con nuevos aliados internacionales y enfrentan menos presiones externas para respetar estándares democráticos.

Desarrollo económico y democracia: una relación que sigue vigente
Pese a ese panorama, Levitsky destacó que la relación entre prosperidad económica y estabilidad democrática sigue siendo sólida.
Indicó que, excluyendo a los grandes Estados petroleros, 52 de los 53 países clasificados actualmente por el Banco Mundial como economías de altos ingresos son democracias.
A su juicio, la clave no radica únicamente en el aumento de la riqueza, sino en cómo el crecimiento económico distribuye poder fuera del aparato estatal.
“La concentración de recursos en manos del Estado es la receta perfecta para el autoritarismo”, advirtió.
Explicó que cuando los ciudadanos dependen del Gobierno para obtener empleo, vivienda, financiamiento o acceso a servicios esenciales, resulta más difícil construir una oposición política independiente y sostenible.
Por el contrario, economías con sectores privados robustos, clases medias amplias y mayores niveles de urbanización generan lo que definió como un “poder social de contrapeso”, capaz de equilibrar la influencia estatal.
Un sector privado fuerte dificulta la consolidación del autoritarismo
Levitsky sostuvo que el crecimiento económico fortalece la democracia porque amplía las fuentes independientes de financiamiento, organización y movilización ciudadana.
Según explicó, un sector privado dinámico puede apoyar medios de comunicación independientes, organizaciones de la sociedad civil y partidos políticos de oposición, mientras que ciudadanos económicamente autónomos son menos vulnerables al clientelismo.
“Los ciudadanos que no dependen del Estado para su sustento tienen más capacidad para organizarse, protestar y participar en la vida pública”, afirmó.
En ese sentido, señaló que el desarrollo económico no garantiza automáticamente la democracia, pero sí eleva significativamente los costos políticos de instaurar o consolidar regímenes autoritarios.
Más países ricos y democráticos que hace medio siglo
El académico destacó que el número de economías de altos ingresos se ha más que duplicado en las últimas décadas, pasando de 25 países en los años ochenta a 53 en la actualidad.
Además, subrayó que 21 naciones lograron simultáneamente convertirse en democracias estables y alcanzar altos niveles de ingreso durante los últimos cincuenta años, entre ellas España, Portugal, Corea del Sur, Chile, Uruguay, Polonia y Panamá.
Para Levitsky, este fenómeno ayuda a explicar por qué el número de democracias en el mundo se mantiene relativamente estable, pese al deterioro institucional observado en algunos países.
“Hay más democracias en el mundo hoy que en el año 2000 y muchas más que en los años noventa”, afirmó.
Los desafíos institucionales de las democracias del siglo XXI
Levitsky también advirtió sobre el progresivo debilitamiento de los partidos políticos tradicionales y la necesidad de adaptar las instituciones democráticas a las nuevas formas de participación ciudadana.
Aunque valoró la relativa fortaleza del sistema de partidos dominicano frente a otros países de América Latina, consideró que las democracias actuales siguen operando con estructuras diseñadas para las realidades políticas del siglo XX.
“Estamos viviendo con democracias basadas en instituciones del siglo XX y del siglo XIX. El desafío es construir instituciones que respondan mejor a las demandas de los ciudadanos del siglo XXI”, señaló.
A su juicio, la creciente sensación de falta de representación política obliga a repensar los mecanismos de participación y rendición de cuentas para preservar la legitimidad de los sistemas democráticos en las próximas décadas.
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