Durante décadas, la competencia bancaria se ha analizado observando a otros bancos: nuevas sucursales, mejoras en tasas, más cajeros automáticos o, en el mejor de los casos, plataformas digitales un poco más amigables. Hoy esa lógica quedó obsoleta. La nueva competencia financiera ya no entra por la puerta de una sucursal ni por la web institucional; entra por el bolsillo del usuario, a través de una aplicación móvil que combina cuenta, pagos, transferencias, tarjeta y disponibilidad inmediata de fondos. En ese nuevo escenario, Pana se perfila como un competidor directo no solo para la banca dominicana, sino para sistemas bancarios completos en América Latina y el Caribe.
Lo verdaderamente disruptivo del modelo Pana no es una función aislada, sino la integración de varios mundos que históricamente operaban de forma separada. Por un lado, el negocio tradicional de remesas, concebido durante años como un evento puntual: alguien envía dinero, alguien recibe dinero, con intermediarios, tiempos de espera y comisiones. Por otro, el sistema bancario formal, con cuentas, tarjetas y procesos regulados, y más recientemente, el ecosistema de criptoactivos, caracterizado por velocidad y alcance global, pero con limitaciones para el uso cotidiano. Pana une estos tres universos en una sola experiencia funcional para el usuario final.
El cambio de paradigma es claro: ya no se trata de “enviar remesas”, sino de “tener dinero disponible”. El usuario mantiene un saldo global usualmente en dólares que puede moverse casi en tiempo real entre países, muchas veces en segundos o pocos minutos, bajo esquemas de cuenta a cuenta. Desde la perspectiva del cliente, el dinero no cruza fronteras; simplemente está ahí, listo para usarse. Este matiz, aparentemente sutil, tiene un impacto enorme sobre la industria financiera, porque redefine las expectativas de velocidad, disponibilidad y fricción aceptable.
Uno de los elementos más relevantes del modelo es su capacidad de conectar el mundo cripto con el dinero utilizable en la vida real. En la práctica, el usuario puede convertir valor digital en saldo disponible en cuestión de segundos y, casi de inmediato, disponer de una tarjeta digital de débito que puede utilizar desde su teléfono móvil. Durante años, la principal debilidad del ecosistema cripto fue precisamente la salida hacia el consumo cotidiano. Modelos como Pana están cerrando esa brecha, permitiendo que el valor digital se convierta rápidamente en poder de pago real, sin que el usuario tenga que entender la complejidad tecnológica detrás del proceso.
Desde el punto de vista competitivo, Pana no compite con un solo producto bancario, sino con varios a la vez. Compite con las transferencias internacionales minoristas al reducir tiempos y costos; compite con la captación funcional en dólares, porque el usuario puede “parquear” valor fuera del sistema bancario local; compite en el negocio de pagos, al canalizar consumo a través de tarjetas digitales y billeteras móviles; y compite en experiencia de cliente, estableciendo una nueva vara de comparación donde la pregunta ya no es “qué banco es mejor”, sino “qué app me permite usar mi dinero más rápido y sin fricciones”.
Este fenómeno no es exclusivo de República Dominicana. El mismo modelo presiona a bancos en Centroamérica, el Caribe y otros mercados emergentes, especialmente aquellos con alta dependencia de remesas y diásporas activas. Cuando el dinero se mueve como si fuera local, aunque sea global, el banco local pierde parte de su ventaja histórica. El usuario deja de percibir la cuenta bancaria tradicional como el único punto de entrada al sistema financiero y empieza a verla como una opción más dentro de un ecosistema más amplio.
En materia regulatoria, el reto es complejo pero inevitable. Pana se presenta como una empresa tecnológica, no como un banco, y opera apoyándose en socios licenciados y emisores bancarios regulados para tarjetas y flujos en Estados Unidos. Esto demuestra que el modelo puede coexistir con regulación si se estructura correctamente.
Para las autoridades monetarias y financieras dominicanas Banco Central, Junta Monetaria y Superintendencia el desafío no es prohibir ni ignorar, sino entender técnicamente cómo estos modelos impactan los rieles de pago, los flujos transfronterizos, la protección al usuario y la estabilidad del sistema.
La historia reciente muestra que subestimar estas señales suele ser costoso. Las fintech de pagos, las billeteras electrónicas y los neobancos no surgieron como amenazas explícitas, sino como soluciones prácticas a problemas concretos del usuario. Pana sigue ese mismo patrón, pero con un alcance mayor, porque combina velocidad global, experiencia digital y capacidad de uso inmediato del dinero.
En definitiva, Pana representa un competidor sistémico silencioso. No busca reemplazar a la banca de la noche a la mañana, pero sí erosionar segmentos clave del negocio financiero tradicional. Su fortaleza no está solo en la tecnología, sino en la experiencia integrada que ofrece: dinero global, disponible casi al instante y utilizable desde el celular.
Para la banca dominicana y los reguladores, el mensaje es claro: este modelo no se observa desde lejos, se estudia con lupa. Porque quien entienda primero esta convergencia entre banca, pagos y cripto no solo se protege del cambio; se posiciona para liderarlo.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram
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