El expresidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, una de las figuras más influyentes en la economía moderna de Estados Unidos, murió este lunes a los 100 años.

Apodado el "Oráculo" o el "Maestro", dirigió la institución a cargo de la política monetaria de Estados Unidos por más de 18 años, entre 1987 y 2006, aunque su reputación se vio afectada por la crisis financiera de 2008.

"Bajo su liderazgo, la Reserva Federal logró una era sostenida de estabilidad de precios que respaldó el crecimiento económico y ayudó a afianzar la confianza del público en la institución", afirmó la Fed en un comunicado.

Nacido en Nueva York, Greenspan era un niño sobresaliente en matemáticas y estudió música antes de dedicarse a la economía. Pasó décadas en los círculos más cercanos del poder en Washington, y acabó dirigiendo la Fed bajo presidentes republicanos y demócratas.

Inició su carrera pública a finales de la década de los años 1960, como consejero del republicano Richard Nixon, que llegó a la Casa Blanca en 1969.

Tras la dimisión de Nixon en 1974, ocupó el cargo de responsable de la política económica del nuevo presidente, Gerald Ford.

En 1987 otro presidente republicano, Ronald Reagan, lo nombró presidente de la Reserva Federal, cargo que ostentó bajo los mandatos de Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush.

La esposa de Greenspan, Andrea Mitchell, una veterana corresponsal de NBC News, afirmó en un comunicado que falleció a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson.

"Fue un hombre extraordinario que ayudó a dar forma a la economía estadounidense durante décadas bajo mandatos de presidentes de ambos partidos, pero siempre fue honesto a la hora de reconocer sus errores", añadió.

La Fed expresó el lunes su "profunda tristeza" por el fallecimiento de Greenspan, elogiando sus contribuciones a "la política monetaria y el pensamiento económico", según un comunicado.

"Exuberancia irracional"

Tras asumir la Fed en 1987, Greenspan llevaba solo unas semanas en el cargo cuando debió enfrentar uno de los mayores desplomes bursátiles de la historia, el "lunes negro" del 19 de octubre.

Gracias a su rápida intervención, con la inyección por parte de la Fed de enormes cantidades de liquidez en el sistema financiero, salió victorioso de este bautismo de fuego.

Posteriormente, sus breves declaraciones a menudo agitaban los mercados financieros. Como cuando acuñó la expresión "exuberancia irracional" en 1996, en pleno ascenso de la burbuja de internet, para describir el entusiasmo de los inversores y el optimismo económico que pueden impulsar los precios de los activos por encima de su valor.

Años más tarde, cuando ya había dejado la presidencia de la Fed, estalló la crisis financiera de 2008. Muchos le reprochan haber fomentado la desregulación y mantenido los tipos de interés bajos a pesar del crecimiento de la burbuja inmobiliaria alimentada por los préstamos de alto riesgo.

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