El Banco Central informó este fin de semana que las remesas sumaron US$ 9,489.8 millones entre enero y septiembre de 2026, US$ 577 millones más que en igual período de 2025 (6.5 %). Septiembre aportó US$ 1,057.1 millones, el séptimo mes consecutivo por encima de US$ 1,000 millones. Para el año, la institución proyecta unos US$ 12,600 millones, más que el turismo (más de US$ 12,200 millones) y cerca de la cuarta parte de los US$ 50,700 millones en divisas que espera recibir la economía.
Es la fuente de divisas más estable del país y una de las menos aprovechadas por la banca. Quienes seguimos la banca dominicana por dentro sabemos que buena parte de ese dinero entra por una ventanilla y sale por otra en efectivo, sin dejar ahorro, historial ni relación con el cliente. Un estudio privado de Mastercard y CrossTech, divulgado en mayo, estimó que más del 60 % de los receptores retira el dinero poco después de recibirlo, aunque llegue a una cuenta o billetera.
El informe del Banco Central explica bien el origen: en septiembre, el 80.9 % de los flujos formales vino de Estados Unidos y el 6.2 % de España. La geografía debe leerse con cuidado: el Distrito Nacional aparece con el 51.2 %, Santiago con 9.5 % y Santo Domingo con 6.6 %, una concentración que parece reflejar dónde se registra el pago más que dónde vive la familia. Lo que el informe no dice es cómo se paga: cuánto se entrega en efectivo, cuánto se acredita en una cuenta o billetera, y cuánto se liquida en pesos o en dólares. Sin ese dato, nadie puede medir cuánto de este flujo se convierte en inclusión financiera.
Hay un costo visible. Según la base Remittance Prices Worldwide del Banco Mundial, enviar US$ 200 desde Estados Unidos costaba en promedio 5.11 % en el tercer trimestre de 2025, última medición publicada para este corredor; la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es bajar de 3 %. Como orden de magnitud, cada punto porcentual sobre US$ 12,600 millones equivale a unos US$ 126 millones al año que no llegan a los hogares.
Desde el 1 de enero de 2026, Estados Unidos cobra un impuesto de 1 % a las remesas enviadas con efectivo, giros o cheques de caja, y exime las fondeadas desde una cuenta o con tarjeta (sección 4475 de su Código de Rentas Internas). El Banco Central anticipó un impacto limitado sobre los flujos; pero el impuesto empuja al remitente hacia el canal bancario.
La otra ventana está en casa: el Sistema de Gestión de Pagos Instantáneos que el Banco Central prevé poner en marcha en el primer semestre de 2027, con acreditación en segundos y alias como el número de celular, incluye los pagos transfronterizos en fases posteriores. Si el remitente paga desde una cuenta y el receptor recibe al instante en la suya, el efectivo deja de ser lo más cómodo.
Con 65 % de los adultos con cuenta, según el Global Findex 2025 del Banco Mundial, el obstáculo ya no es la falta de cuentas, sino que la cuenta no le ofrece al receptor nada que el efectivo no le dé.
Algunas recomendaciones prácticas:
Primero, al Banco Central: publicar las remesas por canal de pago, por moneda de liquidación y por provincia del beneficiario; lo que no se mide no se puede supervisar. Segundo, a las entidades bancarias: tratar la remesa como una relación y no como una transacción, con acreditación sin costo en cuentas del receptor, metas de permanencia de saldos y modelos que reconozcan doce meses de remesas recibidas como evidencia de capacidad de pago, dentro de los criterios del Reglamento de Evaluación de Activos. Tercero, a la Superintendencia de Bancos: usar el enfoque basado en riesgo de la Ley 155-17 para permitir una debida diligencia simplificada en cuentas de bajo monto alimentadas por remesas, sin relajar la supervisión de los agentes de remesas y cambio. Cuarto, a las áreas de riesgos: medir la exposición de carteras y depósitos a hogares dependientes de remesas y estresarla con escenarios de deterioro del empleo en Estados Unidos, origen de ocho de cada diez dólares.
Las remesas son el salario que la diáspora comparte con sus familias, y su récord es una buena noticia para las reservas. Pero un sistema financiero que no retiene el ingreso más estable de los hogares no tiene un problema de liquidez, sino de propuesta de valor. La verdadera noticia será el día en que una parte creciente de esos dólares amanezca en una cuenta y no en un bolsillo.
La columna “La Banca Dominicana por Dentro”, es desarrollada por Jesús Geraldo Martínez, en el interés de aportar al fortalecimiento del Sistema Financiero Dominicano desde una perspectiva analítica y práctica orientada a la formación de conocimientos y divulgación de informaciones exclusivas de dicho sector. Para contactar con el autor. Email jesusgeraldomartinez@icloud.com, o seguir a @Jesusgeraldomartinez en Instagram.
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