Es un momento curioso para la guerra comercial de Trump. Atrás quedaron los frenéticos días en que los tuits furiosos, amenazando con imponer enormes aranceles a los aliados de EE. UU., ocupaban las portadas de los periódicos. Ahora esas amenazas se lanzan con menos frecuencia y, en su mayoría, solo provocan resignados encogimientos de hombros.
La pérdida de la capacidad de Trump para usar sus poderes arancelarios de "emergencia" es uno de los factores que influyen en eso, después de que la Corte Suprema de EE. UU. le impuso restricciones en febrero. Otro factor es la actual atmósfera en EE. UU. El Gobierno está avanzando tambaleantemente hacia las elecciones de mitad de período, aún en medio de una costosa guerra con Irán que ha elevado los precios del petróleo, impulsando la inflación en toda la economía estadounidense y, quizás lo más devastador, en las gasolineras. La combinación de esos dos factores ha cambiado el enfoque de Washington.
En los últimos meses, los asesores de Trump le han estado advirtiendo que no haga nada que pueda provocar choques como los de los primeros días de su guerra comercial, cuando sus elevados aranceles desencadenaron una caída de los mercados bursátiles mundiales y una pronunciada venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense.
Desde entonces, hemos visto diversas exenciones, excepciones y ajustes generales. También hemos visto algunas investigaciones por motivos de "seguridad nacional" que, a pesar de que se anticipaba que condujeran a la imposición de aranceles, han concluido solo con recomendaciones de continuar las conversaciones. Estas traen a la mente las investigaciones bajo la Sección 232 sobre minerales críticos y piezas de aviones.
Trump no va a renunciar a los aranceles. Y todavía no le ha perdonado a la Corte Suprema por haber derribado su muro de gravámenes original: hace apenas unas semanas publicó en su plataforma Truth Social un mensaje despotricando contra los magistrados por haberle costado a EE. UU. "BILLONES Y BILLONES DE DÓLARES". La realidad es que un tenaz juez de la Corte de Comercio Internacional (CIT, por sus siglas en inglés) ha presionado a los funcionarios de aduanas para que, hasta la fecha, se hayan reembolsado más de 100 000 millones de dólares de esos aranceles.
Pero es justo decir que la guerra comercial ha pasado a manos de los profesionales. Ahora, basándose en un mosaico de oscuras leyes, los funcionarios estadounidenses han puesto en marcha una serie de nuevas investigaciones e indagaciones que podrían conducir a un nuevo régimen de aranceles.
Estas medidas han comenzado a dar sus frutos. EE. UU. impuso aranceles que oscilan entre el 10 % y el 12,5 % a 60 socios comerciales tras una investigación sobre el "trabajo forzado", llevada a cabo bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, justo cuando los aranceles globales anteriores del 10 % —impuestos bajo la Sección 122 de la misma ley— habían expirado.
Además, los funcionarios iniciaron una investigación independiente —también llevada a cabo bajo la Sección 301— sobre el exceso de capacidad de fabricación. Esta investigación abarca a la Unión Europea (UE), China, Singapur, Suiza, Noruega, Indonesia, Malasia, Camboya, Tailandia, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, Bangladés, México, Japón e India.
Pero ¿qué pasa con los acuerdos comerciales anteriores que Trump firmó con socios a quienes les prometió tasas arancelarias específicas? En privado, los funcionarios comerciales estadounidenses les están diciendo a muchos aliados que sus acuerdos se mantendrán. Pero una nueva ola de investigaciones arancelarias ha generado preocupación entre los diplomáticos de que los acuerdos sean anulados por una combinación de nuevos gravámenes.
Tomemos como ejemplo a la UE. Incluyendo la tasa de nación más favorecida, el bloque ahora enfrenta un arancel adicional estadounidense del 10 % como resultado de la reciente investigación sobre "trabajo forzado". Pero, según el acuerdo comercial de 2025 del bloque firmado en Turnberry, se le impuso un arancel del 15 % sobre la mayoría de los bienes. Eso significa que, si la próxima investigación sobre el exceso de capacidad estructural concluye con un arancel sobre los bienes de la UE superior al 5 %, el acuerdo de Turnberry quedará sin efecto. A muchos diplomáticos les preocupa que la tasa sea aún más alta.
Una medida que podría tomar la administración Trump si quisiera tanto lanzar amenazas contundentes como cumplir con lo acordado en tratados anteriores sería llevar a cabo sus investigaciones diligentemente y recomendar la imposición de aranceles elevados a sus socios comerciales, pero suspender su aplicación a la espera de negociaciones adicionales.
Dan Mullaney, exnegociador comercial de EE. UU., señaló que, en 2018, la primera administración Trump había amenazado con imponer aranceles bajo la Sección 301 como represalia por los impuestos sobre los servicios digitales de la UE, pero suspendió su aplicación para permitir que se llevaran a cabo negociaciones internacionales en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Adoptar este enfoque sería una forma de darles mayor urgencia a las conversaciones con algunos de los socios de EE. UU. que se están volviendo eternas. El caso de India, por ejemplo, sigue representando un lento y difícil proceso para los negociadores estadounidenses que están intentando avanzar en un acuerdo comercial.
EE. UU. también ha estado enviando cartas agresivas a la UE para recordarle a Bruselas las exigencias y quejas de la Casa Blanca sobre las barreras no arancelarias. El representante comercial de Trump, Jamieson Greer, ha criticado abiertamente la lentitud del bloque en implementar tanto recortes arancelarios como reducciones de normas y regulaciones.
Más recientemente, las multas impuestas por la UE a compañías tecnológicas estadounidenses como Apple, Amazon y Meta han llamado la atención de Trump, lo que ha desencadenado la amenaza de nuevos aranceles. Estos también tendrían que imponerse luego de una investigación, la cual los funcionarios de Trump ya han amenazado con iniciar.
Vale la pena hacer aquí un breve paréntesis en relación con Canadá, que parece ser objeto de un nuevo experimento por parte de Washington para poner a prueba un novedoso uso de la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una facultad que nunca se había utilizado para imponer aranceles a un socio comercial. Específicamente, las autoridades estadounidenses están tratando de imponer aranceles a su vecino del norte sobre bienes por un valor aproximado de 20 000 millones de dólares como represalia por el trato injusto aplicado a los automóviles, el alcohol y el queso estadounidenses.
Sin embargo, como siempre, estos aranceles se han suspendido temporalmente para permitir que las difíciles negociaciones comerciales entre Trump y el equipo del primer ministro canadiense, Mark Carney, den fruto. Habrá que estar atentos para ver si esos aranceles realmente entran en vigor, lo cual está previsto que ocurra en menos de dos semanas.
En líneas generales, sin duda existen mecanismos para volver a intensificar la presión sobre los socios comerciales de EE. UU., aunque los asesores de Trump estén preocupados por la economía estadounidense de cara a las elecciones de mitad de período. Por ahora, Washington está manteniendo abiertas todas las opciones.
Aime Williams. Copyright The Financial Times Limited 2026 © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web.
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