El calor supera los 26 grados Celsius y la carretera parece perderse entre extensos cultivos de caña y plátanos. Miles de turistas recorren cada año el Sur dominicano con la mirada puesta en destinos como Bahía de las Águilas, el río San Rafael o el Palmar de Ocoa. 

Sin embargo, antes de llegar a esas postales turísticas, muchos se encuentran con otra imagen que define la identidad de la región: los puestos de venta de uvas a la orilla de la carretera.

Detenerse en el cruce de Vicente Noble es ver vendedores ambulantes ofreciendo la tradicional uva criolla. Los vehículos disminuyen la velocidad, las ventanas se bajan y, casi de inmediato, aparece una voz preguntando al turista qué llevará para degustar.

Detrás de cada racimo hay una historia de trabajo, tradición y sustento familiar que ha pasado de generación en generación.

Uno de esos rostros es el de Taury Matos, un comerciante de Barahona que desde hace 13 años atiende un puesto en la zona. Aunque para él el negocio comenzó hace poco más de una década, la historia del establecimiento se remonta a más de 20 años, cuando pertenecía a su esposa, Johanna. Hoy ambos continúan la tradición familiar, ofreciendo a los visitantes no solo uvas, sino también vinos artesanales, dulces, manzanas, semillas de cajuil y plátanos.

“Hay que vender de todo”, comenta Matos, consciente de que la diversidad de productos es clave para mantener vivo el negocio.

Las uvas que comercializa llegan desde Boquerón, en Barahona, y forman parte de una producción que distingue a la región. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Uva (Inuva), cada año se producen al menos 7,000 quintales de variedades como criolla negra, french colombard, red globe y black magic.

En otro de los puestos, Ociry Encarnación recibe a clientes todos los días de la semana. Sobre las mesas se exhiben racimos de uvas, botellas de vino artesanal, frascos de miel de abeja, melaza y dulces típicos elaborados en la zona. Las uvas se venden a RD$ 250 la libra, mientras que los dulces oscilan entre RD$ 300 y RD$ 400, dependiendo de su tamaño.

Las ventas, sin embargo, no son iguales todos los días. Encarnación explica que durante la semana los ingresos pueden rondar entre RD$ 20,000 y RD$ 30,000 diarios, pero los fines de semana el panorama cambia. Los domingos, impulsados por el flujo de visitantes que viajan hacia los principales atractivos turísticos del Sur, las ventas pueden alcanzar hasta RD$ 100,000.

El auge de estos productos coincide con el crecimiento del mercado mundial del vino. Datos de Statista estiman que el mercado vinícola podría alcanzar los US$ 13,000 millones en este 2026.

Pero en Vicente Noble, más allá de las cifras globales, el vino y la uva representan algo más sencillo y cercano: la posibilidad de que decenas de familias encuentren en la tierra y en la carretera el sustento para salir adelante.

Porque en el Sur dominicano, cada racimo vendido cuenta una historia. Y cada parada en la carretera es una oportunidad para descubrirla.

EN ESTA NOTA

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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