Una de las preguntas más frecuentes que nos hacen nuestros seguidores de nuestra columna Tu Consultorio Financiero es la siguiente: ¿Cuál es el nivel de endeudamiento máximo que una familia debería tener respecto a sus ingresos? Es una inquietud sumamente importante, porque muchas familias toman préstamos, usan tarjetas de crédito o financian bienes sin tener claro hasta dónde una deuda puede ser saludable y en qué momento comienza a convertirse en una amenaza para la estabilidad del hogar.
El principal indicador para medir esto es la relación deuda-ingreso. En términos simples, consiste en comparar cuánto paga una familia cada mes en compromisos financieros frente a cuánto gana mensualmente. Si una familia recibe ingresos netos por RD$ 100,000 y paga RD$ 25,000 entre préstamo hipotecario, vehículo, tarjeta y otros compromisos, su nivel de endeudamiento es de 25%. Esa cifra luce razonable. Pero si paga RD$ 55,000, ya la situación cambia drásticamente.
Como regla general prudente, una familia debería procurar que el total de sus deudas mensuales no supere entre 30% y 35% de sus ingresos netos. En hogares con ingresos muy estables, sin dependientes y con buen fondo de emergencia, podría tolerarse hasta 40%. Superar ese nivel de forma sostenida comienza a generar estrés financiero, limita el ahorro y deja a la familia vulnerable ante cualquier imprevisto, como enfermedad, desempleo o reducción de ingresos.
Veamos un ejemplo práctico. Una pareja gana en conjunto RD$ 150,000 mensuales. Bajo un esquema conservador, el máximo recomendable de cuotas sería entre RD$ 45,000 y RD$ 52,500. Si ya pagan RD$ 30,000 de hipoteca y RD$ 12,000 de vehículo, solo deberían asumir compromisos menores adicionales. Pero si además cargan RD$ 18,000 en tarjetas y préstamos de consumo, estarían sobrepasando el rango sano, aun cuando todavía “puedan pagar”. Poder pagar hoy no siempre significa sostenibilidad mañana.
Aquí conviene distinguir entre tipos de deuda. No es lo mismo una hipoteca para vivienda principal, que suele construir patrimonio, que una tarjeta de crédito usada para cubrir gastos corrientes o un préstamo de consumo tomado para vacaciones. Las deudas productivas o patrimoniales pueden tener más sentido estratégico. Las deudas para consumo repetitivo suelen deteriorar rápidamente las finanzas familiares, especialmente cuando tienen tasas altas.
Las deudas no son buenas ni malas en sí mismas. Un préstamo hipotecario que permite acceder a una vivienda propia, un crédito educativo que abre las puertas a un mejor empleo o un financiamiento para emprender un negocio son herramientas legítimas de progreso. El problema no es endeudarse, sino hacerlo por encima de la capacidad real de pago. La llamada capacidad de endeudamiento, en términos sencillos, es el porcentaje de los ingresos netos mensuales que un hogar puede destinar al servicio de sus deudas sin comprometer la alimentación, la salud, la educación de los hijos, los servicios básicos y, muy importante, el ahorro. No es un capricho académico; es la frontera entre tener el control de las finanzas y vivir bajo el estrés permanente de las cuotas
También influye el nivel de ingreso. Las familias con ingresos bajos deben ser aún más prudentes. Un hogar que gana RD$ 45,000 al mes y dedica RD$ 18,000 a deudas queda con poco margen para alimentación, transporte, educación y salud. En cambio, un hogar con ingresos altos puede absorber mejor ciertos compromisos, aunque tampoco está exento de sobreendeudarse si su estilo de vida crece sin control.
Un error común es calcular solo la cuota bancaria y olvidar gastos asociados. Comprar un vehículo no implica únicamente la mensualidad: hay seguro, combustible, mantenimiento y marbete. Comprar vivienda incluye mantenimiento, impuestos, condominio y reparaciones. Muchas familias colapsan no por la deuda visible, sino por los costos ocultos que acompañan la decisión.
Entonces, ¿Cuáles señales indican que una familia ya cruzó la línea roja? Primera: usa tarjeta para comprar alimentos o pagar servicios básicos cada mes. Segunda: toma un préstamo para pagar otro. Tercera: no puede ahorrar nada. Cuarta: vive al límite esperando el próximo salario. Quinta: cualquier gasto inesperado obliga a endeudarse más. Si una o varias de estas señales aparecen, es momento de reorganizarse urgentemente.
Mi recomendación práctica es aplicar una fórmula simple: 50% para gastos esenciales, 20% para ahorro e inversión y hasta 30% para deudas, procurando que ese 30% baje con el tiempo, no que aumente. La meta financiera de una familia sana no debe ser vivir endeudada permanentemente, sino usar el crédito como herramienta temporal para construir patrimonio y luego liberar flujo de caja.
En nuestro país, donde muchas familias enfrentan inflación, costos educativos crecientes y presión social de consumo, esta conversación es más relevante que nunca. El verdadero progreso no es aparentar con bienes financiados, sino tener estabilidad, ahorro y capacidad de dormir tranquilo.
El nivel máximo recomendable de endeudamiento familiar debería ubicarse idealmente entre 30% y 35% de los ingresos netos mensuales. Más allá de 40%, la zona empieza a ser riesgosa. El crédito puede ayudar a crecer, pero cuando se vuelve costumbre para sobrevivir, deja de ser solución y se convierte en problema. La mejor deuda siempre será la que usted puede pagar sin sacrificar su paz financiera.
Tu Consultorio Financiero es una columna desarrollada por Jesús Geraldo Martínez sobre finanzas personales, para orientar a las personas con conocimientos básicos en finanzas y economía a mejorar su entendimiento. Para consultar con el autor puede escribir al correo abogadojesus@icloud.com, o en Instagram @Jesusgeraldomartinez.
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