La temporada ciclónica del Atlántico 2026, comprendida entre el 1 de junio y el 30 de noviembre, estará condicionada por la influencia del fenómeno climático El Niño, lo que podría generar una actividad ligeramente menor al promedio histórico.
Según proyecciones de la Universidad Estatal de Colorado, durante la temporada se formarían 13 tormentas con nombre, de las cuales seis podrían convertirse en huracanes y dos alcanzar categorías mayores, entre 3 y 5 en la escala Saffir-Simpson.
Oliver Roosevelt, comunicador especializado en meteorología y sismología, explica que El Niño suele reducir la formación de ciclones tropicales en el Atlántico debido a los fuertes vientos cortantes que dificultan el desarrollo de estos sistemas.
No obstante, otros factores como el aumento de las temperaturas oceánicas podrían alterar ese comportamiento, como ocurrió en 2023, cuando el calor del agua neutralizó parcialmente el efecto del fenómeno climático.
A pesar de que se prevé una temporada menos activa en términos numéricos, expertos advierten que el riesgo no desaparece, ya que un solo huracán puede provocar grandes daños.
Como ejemplo citan los casos del huracán San Zenón y el huracán Andrew, que ocurrieron en temporadas de baja actividad general.
Los sistemas tropicales se clasifican según la velocidad de sus vientos sostenidos: depresiones tropicales cuando registran menos de 63 kilómetros por hora, tormentas tropicales entre 63 y 118 kilómetros por hora, y huracanes cuando superan los 119 kilómetros por hora.
Una vez alcanzan intensidad de huracán, se utiliza la Escala Saffir-Simpson para medir su potencial destructivo en cinco categorías.
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