En los últimos días ha vuelto a circular esta antigua fotografía sin una autoría clara, esta vez con una leyenda falsa ("la mejor del concurso de National Geographic") que ayuda a mantenerla como tendencia viral.
Se trata de un acierto fotográfico real que esconde algo mucho más fascinante que cualquier premio: el instante exacto en que dos insectos negocian, con alas desplegadas y ojos de fuego, quién vive y quién retrocede.
Dos criaturas se enfrentan sobre una rama delgada como un hilo. Las alas abiertas, los cuerpos erguidos, los ojos —esos ojos que no son ojos— encendidos como brasas. A primera vista parece una coreografía. Un baile, un ballet. Algo casi humano. No lo es. Es una advertencia.
La imagen muestra en realidad uno de los rituales más sofisticados del reino animal: el despliegue de amenaza de la Pseudocreobotra wahlbergii, conocida como mantis de flores espinosas, una especie originaria de África subsahariana que ha deslumbrado a entomólogos y fotógrafos por igual.
En este teatro de supervivencia, lo que parece un paso de baile es, en términos biológicos, un duelo de señales. Cuando dos mantis de esta especie se encuentran —ya sea por competencia territorial, por un encuentro previo al apareamiento o simplemente por el azar de compartir una rama— despliegan sus alas anteriores para revelar los llamados ocelos: manchas circulares de colores intensos, amarillo, naranja y negro, que imitan la apariencia de grandes ojos depredadores.
El mensaje: "soy más grande de lo que parezco. Soy peligroso. Retrocede. "Es una forma de comunicación visual que ha evolucionado durante millones de años", explicaría cualquier entomólogo, y cualquier analista de geopolítica vería aquí una serie de ejemplos de cómo si la puesta en escena es lo suficientemente convincente, el adversario preferirá retirarse antes que arriesgarse a comprobarlo.
El despliegue de ocelos es una estrategia de mimetismo intimidatorio que funciona en dos direcciones: disuade a los depredadores que las atacan desde arriba, y establece jerarquías entre individuos de la misma especie sin necesidad de un combate físico que podría resultar costoso para ambos.
La mantis, en definitiva, prefiere parecer que ser. La geometría del instante Lo que hace extraordinaria a la fotografía —independientemente de quién la haya tomado y de los premios que nunca ganó— es la precisión del momento capturado. Las dos mantis están en perfecta simetría, como si un director de escena las hubiera colocado ahí.
Sus cuerpos forman un arco. Sus alas, abiertas en ángulo idéntico, crean una figura que el ojo humano lee instintivamente como intencional, como artística. Esa es la trampa y también la maravilla.
La naturaleza no compone para nosotros. Pero a veces, por un instante de milisegundos, sus geometrías coinciden con las nuestras. Un fotógrafo —con paciencia, con una lente macro y con la suerte de estar en el lugar correcto— puede atrapar ese instante. Y cuando lo hace, el resultado parece demasiado perfecto para ser real.
La desinformación que opaca lo verdadero
La imagen lleva años circulando, pero es con posterioridad que se le atribuye a un concurso de National Geographic. No hay ningún registro verificable de que eso sea cierto. La organización no ha reclamado la foto como parte de ninguna competencia oficial, y los rastreos de búsqueda inversa ubican su primera circulación masiva en foros de fotografía de naturaleza —Reddit, Imgur, 500px— sin atribución institucional alguna.
Es un patrón conocido: una imagen genuinamente impresionante necesita, en la economía de la atención digital, un sello de autoridad para ser compartida. "National Geographic" funciona como ese sello. Le da a la foto un contexto que la hace más compartible, más creíble, más digna de asombro colectivo.
El problema es que la foto no necesitaba ese sello. Ya era extraordinaria por sí sola. La desinformación, en este caso, no es maliciosa. Es, paradójicamente, un síntoma de admiración mal encauzada. Pero tiene un costo real: borra al fotógrafo, distorsiona el origen, y convierte una obra de observación paciente en un meme sin autor.
Dos mantis sobre una rama con las alas abiertas y los ojos falsos mirando al vacío. El espectáculo más antiguo del planeta, y nadie lo organizó.
Otras fotografías de demostraciones humanas de poder y ostentación. ¿Ejemplos? Miles, millones, entre estos Vasa, un barco de guerra extraordinariamente decorado (más de 700 esculturas talladas y pintadas).
Hubo advertencias sobre su inestabilidad: el almirante Klas Fleming hizo una prueba donde 30 hombres corrieron de lado a lado y el barco se bamboleó tanto que tuvieron que parar. Nadie se atrevió a detener el proyecto por miedo al rey. Se hundió el 10 de agosto de 1628 en su viaje inaugural, frente al puerto de Estocolmo.
Hoy está expuesto en el Museo Vasa de la capital sueca. El agua fría y poco salada del Báltico preservó el 95% de la madera original. Es prácticamente el único barco de guerra del siglo XVII que existe completo en el mundo.
El paralelismo en geopolítica contemporánea se sostiene con ejemplos como:
- Las demostraciones navales y aéreas en el estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional.
- Los ataques cibernéticos y operaciones de influencia atribuidos entre potencias, generalmente sin reconocimiento oficial.
- Las campañas de interferencia electrónica (GPS y navegación) denunciadas en el mar Báltico y Europa oriental.
- Los ataques de EEUU e Israel contra Gaza, Irán, Líbano y Siria, acompañados de una intensa guerra de mensajes, amenazas y disuasión.
- La continuidad de la guerra en Ucrania, donde los ataques con drones, las operaciones de sabotaje y la guerra electrónica han adquirido tanto peso como las ofensivas convencionales.
- El uso de sanciones, controles tecnológicos y restricciones comerciales como instrumentos de presión estratégica entre Estados Unidos, China, Rusia y sus aliados.
La imagen viral de dos mantis expone la contradicción entre la narrativa pacifista y la geopolítica contemporánea: mentras la diplomacia mundial multiplica los discursos de cooperación, los conflictos armados, el rearme y las disputas estratégicas revelan una realidad que desmiente la retórica de la convivencia.
Dos mantis de flores enfrentadas que sirve para ilustrar una paradoja mucho más amplia que trasciende el mundo natural: la creciente distancia entre la imagen que proyecta la comunidad internacional y las dinámicas reales de poder que dominan el escenario global. Mientras los discursos oficiales insisten en la paz, la cooperación y la defensa del orden internacional, la competencia militar, económica y tecnológica continúa intensificándose.
La naturaleza no finge; las potencias sí construyen relatos
Lejos de representar un baile o un gesto amistoso, la imagen captura un mecanismo evolutivo de intimidación destinado a evitar un enfrentamiento físico. En el reino animal, el mensaje es transparente: aparentar fortaleza puede impedir un combate cuyo costo sería elevado para ambas partes.
La política internacional reproduce una lógica similar, aunque con consecuencias mucho más profundas. Las grandes potencias despliegan ejercicios militares, exhiben arsenales, anuncian nuevas alianzas estratégicas y mantienen discursos conciliadores que, en numerosas ocasiones, conviven con una creciente competencia por recursos naturales, influencia regional, tecnología
Los símbolos de paz conviven con el rearme y el ataque
Tal como ocurre con las mantis, buena parte del poder contemporáneo reside en convencer al adversario de que el costo del enfrentamiento será demasiado elevado, aunque se ha entrado en una espiral donde el costo cada vez importa menos.
Uno de los ejemplos más visibles de esta contradicción aparece en la política exterior de Israel, según analistas e instancias multilaterales: tras los terremotos que recientemente devastaron parte de Venezuela, Israel envió una delegación del Comando del Frente Interno para colaborar en la evaluación de daños y elaborar un plan de reconstrucción de infraestructura crítica, una misión solidaria presentada por ambos gobiernos como un símbolo del restablecimiento de las relaciones bilaterales después de casi dos décadas de ruptura diplomática.
Esa imagen de cooperación humanitaria contrasta con el escenario simultáneo en Oriente Medio. La ofensiva israelí sobre Gaza, los ataques contra posiciones de Hezbolá en Líbano y similares en Siria, y las operaciones militares dirigidas contra objetivos en Irán han provocado una intensa condena internacional y alimentado un debate jurídico y político sobre los límites del derecho internacional humanitario.
Diversos gobiernos, organizaciones de derechos humanos y expertos de Naciones Unidas han calificado la campaña en Gaza, por ejemplo, como un posible genocidio o han pedido investigar si se configura ese crimen, mientras Israel rechaza categóricamente esas acusaciones y sostiene que actúa en ejercicio de su derecho a la legítima defensa frente a Hamás y otras organizaciones armadas, y adicionalmente es un Estado solidario con Venezuela.
Como en la fotografía de las mantis, la imagen pública y la realidad estratégica no siempre cuentan la misma historia. La política internacional, más que sustituir una por otra, suele administrarlas de manera simultánea.
En el plano nacional, el Gobierno continúa promoviendo reformas institucionales, consultas nacionales y medidas de fortalecimiento de la transparencia administrativa, mientras la oposición multiplica sus señalamientos contra todo ello, en especial sobre la eficacia de las políticas, las prioridades presupuestarias y los desafíos estructurales del Estado.
La fotografía de las mantis termina siendo menos una historia sobre insectos que sobre nosotros mismos.
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