Revisitando los caminos que la vida me ha regalado y en los que la curaduría me ha acompañado, no puedo evitar pensar en lo que decía Patrick Chamoiseau sobre la literatura, pues me ocurre algo similar con la curaduría cuando intento definir el método. Chamoiseau dice que la literatura, como todas las artes, es un misterio y ese misterio es el que atrae las creaciones que la cuestionan. Y afirma: "Hasta hoy, no sé lo que es la literatura. No sé definirla. Yo la busco. Cuando ella está ahí, yo la siento. Cuando ella no está allí, yo sé."
Es exactamente la resonancia con esto lo que me ayuda a seguir intentando tejer un camino paralelo de observación y entendimiento sobre el camino ya recorrido. Y es este misterio el que conduce mis caminos en, para, y con el sur. Mi brújula siempre me lleva allí, donde los milagros pasan.
Aquí vuelve el leitmotiv de mi vida: alianzas con los paisajes del sur, como acuerdos subterráneos antiguos sellados en el tiempo.

Años atrás, conversando con el crítico, curador y coleccionista de arte Sylvain Sankalé en su casa, en Dakar, hablamos de mi intención de profundizar mi investigación sobre artistas en Costa de Marfil. Él me recomendó visitar y hablar con el artista marfileño Pascal Konan, diciéndome: "Como curadora extranjera independiente, en Costa de Marfil necesitas una especie de 'protector(a)' en el mundo del arte, alguien que te respalde desde sus raíces locales."
Más tarde entendería mejor.
Costa de Marfil siempre ejerció un poder gravitacional en mí. Entonces, organicé mi agenda, mi maleta y mis apuntes y emprendí mi viaje.
Costa de Marfil se llama así debido a que en el siglo XV los navegantes portugueses decidieron nombrar el territorio "encontrado" Costa de Marfil, debido a la abundancia de dientes de elefante que había en sus costas. Los portugueses hicieron comercio de ellos, además de oro y esclavos, claro. El territorio en cuestión era casa de los reinos Kong y Akan.
A mediados del siglo XIX Francia estableció un protectorado en las costas de esta tierra, el cual se tornaría colonia oficial en 1893, luego del violento sometimiento de Samori Touré (autoproclamado líder religioso y político) de la resistencia armada contra el colonialismo francés.
Posteriormente, en 1960, entre acuerdos diplomáticos graduales, Costa de Marfil, a través del médico y productor de cacao Félix Houphouët-Boigny, negoció su independencia de Francia. No obstante, quedó comprometida financieramente con París en un tipo de "impuesto colonial indirecto", con las empresas francesas teniendo acceso preferencial, al igual que un monopolio de los recursos estratégicos del país (cacao, café e infraestructura portuaria), además de acuerdos que daban libertad de transferencia. Es decir, las ganancias de las compañías francesas en Costa de Marfil eran repatriadas a Francia con un pago de impuestos casi nulo en Costa de Marfil.
¿Suena familiar? Mismo modus operandi modernista: extracción, "independencia", extracción. El proceso continúa y solo en 2025 los franceses sacaron sus tropas del país. Durante el inicio del año 2000 el conflicto interno entre milicias urbanas y rurales desató un clima de inestabilidad, violencia y crimen armado en el país. Para sellar la paz en 2011 se organizó un programa de entrega de armas y reinserción de jóvenes a la sociedad. Una sociedad con experiencias de altibajos y heridas diversas. Y ahí, el arte dando oxígeno.
Cuando llegué a Abiyán, la percibí abundante, tropical, verde, muy verde, cosmopolita, sofisticada e intrigante. Al día siguiente fui a encontrar a Pascal.
Nos vimos en una heladería en la zona de Marcory, cerca de una de las galerías que representaba su obra. Hablamos, conspiramos, nos alineamos y antes de acabar nuestros helados ya habíamos solucionado los problemas de los mundos en África y América Latina. Al día siguiente, después de un viaje en carro con él manejando, atravesando cultivos de plátano, cacao e historias personales y nacionales, llegamos a su estudio en el campo: verde, frondoso y extenso.
Pascal Konan nació en Abiyán, la capital de Costa de Marfil. Estudió arte en la École Nationale des Beaux-Arts (Escuela Nacional de Bellas Artes), donde es profesor hace más de 20 años, en paralelo a su carrera como artista internacional de extensa movilidad.
En su obra, Pascal disecta la imagen de la memoria urbana, con la emoción de alguien que se observa en relación al mundo. Tránsitos entre mundos, el interno y el externo, son su fuente. Su obra une esferas a través de una expresión delicada pero punzante, como gesto de la existencia en la ciudad africana. En sus pinturas incorpora elementos de computadores (microchips) como una traducción material de esa nostalgia por un pasado más tradicional ante el látigo castigador de la modernidad y su producto: una humanidad en desconexión.
Desde el inicio de mis conversaciones y reuniones con Pascal, siempre existió una corriente o fuerza mayor: su compromiso con la idea del arte como instrumento pedagógico, como detonador de redireccionamientos, como provocador.
Así pues, comenzamos delineando mis visitas de investigación curatorial en la École Nationale des Beaux-Arts. Los alumnos y exalumnos llegaban al salón de clases, se presentaban, me hablaban de su trabajo y yo del mío… un ejercicio desde la colectividad, pues todos conocían muy bien el trabajo entre ellos y todos teníamos mucha curiosidad.
Cada encuentro ramificaba a otros encuentros y más intercambios enriquecedores. Entendí que la base de la enseñanza y de la creación en ese mundo que Pascal construyó para sí y sus alumnos era el respeto, la reverencia, la solidaridad y el compromiso con la propia producción artística y la del otro.
Así como Sylvain Sankalé me había dicho que como curadora e investigadora extranjera e independiente necesitaría de un aliado en mi camino, en Abiyán cada artista tiene dos "hermanos mayores", es decir, dos artistas con más experiencia que acompañan el caminar; un grupo de tres artistas de diferentes edades en proximidad, como mentores y cómplices camaradas del arte.
Me encantó ese método de apoyo, abrigo e interlocución. Discípulos comprometidos a acompañarse durante la escuela y después. Fue así que mis visitas desplegaron una red/hermandad de artistas, posibilidades enormes del hacer arte y vida en Abiyán. Para mí, un paraíso de la experiencia y el aprendizaje.
Estas visitas a Abiyán eran sorpresas disfrazadas de trabajo, experiencias de vida donde aprendí que el vínculo curador-artista es reverenciado como una parte de la hermandad del arte. Además de la sorpresa, lo insólito también tenía su espacio en mis visitas… como un continuum de experiencias que podía ir desde tener el chofer de un artista recogiéndome en el hotel donde me hospedaba para llevarme a visitar el taller, donde el artista me esperaba con sus obras, cajas de chocolate y champagne a las 10 de la mañana para recibir mi visita, y mostrarme además de sus obras, sus pavos, su jardín y toda su familia que llegó a mi encuentro.
También visité talleres extremadamente sencillos, artistas sin chofer que acumulaban y llenaban su casa de restos de celular como parte de su obra y me daban un tour del barrio y me mostraban dónde encontraban su materia prima. Cada visita era un evento y una ventana a una realidad humana poderosamente amable y estimulante.
Cabe mencionar que entre lo insólito en Abiyán se atravesó en mi existencia el diseño de otro proyecto de exhibición en las amplias y acogedoras salas de espera de un aeropuerto para jets privados… solo en Abiyán. Lo vivimos, lo trajinamos con varios artistas exalumnos de la universidad, les dimos muchas gracias, aprendimos de la experiencia y nos fuimos pues, irremediablemente, con la llegada de la pandemia, asuntos como este quedaron como affairs interrumpidos.
Abiyán, centro de operaciones curatoriales en acción constante, un portal a muchos mundos, una escuela y uno de los misterios más inspiradores para mí. Su corriente sigue viva dentro de mis prácticas y mis teorías.
Por esto me gusta mirar hacia el sur más que al norte. Por ahí me lleva el camino.
¿Y a usted hacia dónde lo lleva?
Referencias
Chamoiseau, P. (noviembre de 2025). Entrevista. Quatro Cinco Um, nº 12, São Paulo, Brasil.
Anouma, R. P. (2025). Côte d’Ivoire: Naissance et devenir d’une nation, 1893 à nos jours. Abidjan: Éditions locales.
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